«Entre promesas, presupuestos que se evaporan y la eterna sombra de Murcia, la ciudad portuaria sigue esperando el telón que nunca sube»

Fechas para olvidar
La política y la cultura siguen reñidas en la Trimilenaria. Cartagena no tiene alcalde, y otros “López”, miras tú por dónde, dirigen y controlan su Alcaldía y su cultura desde el «otro lado de los Puertos».
Cine Central de Cartagena
9 de diciembre de 2016
La AutonoSuya de Murcia lo compra por 600.000 €, y la entonces consejera de Cultura, Noelia Arroyo, declara que lo hace para revitalizar la Plaza del Lago y el centro de Cartagena, superando la oferta de compra que había hecho la Alcaldía.
Año 2020
Se aprueba el proyecto de arquitectura, que contempla un gran teatro con 1.300 plazas de aforo y un edificio anexo destinado a espacio multiusos para todas las áreas de cultura de Cartagena, con una superficie total de 1.300 m².
Han pasado cuatro años… y el Central sigue cerrado.
17 de octubre de 2024
Se adjudica el proyecto de obra por 247.709,71 €, y la Comunidad Autónoma de Murcia dota un presupuesto de 5.600.000 € para su ejecución, con una duración prevista de 30 meses.
Han pasado ocho años, y sigue cerrado. Ni un ladrillo.
19 de octubre de 2025
El dinero debió perderse por el camino: aún no han empezado las obras.
Nueve años desde la compra… hasta la nada.
Y si le sumamos los 30 meses previstos, en trece años quizá TENEMUS teatro, si la AutonoSuya murciana da el visto bueno y llegan los euros prometidos. Pero, como son promesas políticas… lo dudo.

Teatro Circo de Cartagena
Un teatro que en 2022 funcionaba —mal, pero funcionaba— lo compra el Ayuntamiento por 1.200.000 €.
La cuna de Isidoro Máiquez necesitaba un teatro.
En 2023 se cierra sine die: “no es apto” para representaciones teatrales. ¿Cómo?
17 de septiembre de 2025
El Ayuntamiento adjudica el proyecto de reforma por 416.956 €, con un coste estimado de 9.000.000 €.
El aforo: 899 personas; los metros cuadrados, más o menos los mismos que el Cine Central.
Pero, como el Ayuntamiento no tiene ese dinero —y la Comunidad murciana no parece dispuesta a dárselo, por razones que ellos sabrán y que yo me temo que también—, habrá que esperar.
En el mejor de los casos, otros nueve años; en el peor, aquello de sine die.
Para todas estas empresas culturales tenemos a Noelia Arroyo como protagonista necesaria.
Entre el 3 de julio de 2015 y el 5 de mayo de 2017, fue consejera de Cultura de la AutonoSuya murciana. Dato curioso: su Consejería compra el Cine Central y, siendo luego alcaldesa, compra el Teatro Circo.
¿Será verdad, será mentira? ¿Los compró para tenerlos cerrados y evitar que la ciudad portuaria compita con Murcia en programación teatral? No es pensar mal, pero… están los dos cerrados, y no se ven obras.
Hasta el 5 de mayo de 2017, Noelia fue también consejera de Transportes.
El gran puerto y la Trimilenaria, visitada por miles de turistas de cruceros, sigue sin poder ser puerto de salida por no tener AVE. Pero eso será para otro artículo.
Otros datos curiosos: Cartagena es la ciudad de la AutonoSuya murciana —que no nuestra— con más turistas, tanto de playa como culturales, y genera un tercio de su riqueza. Y será verdad, será mentira, pero parece la más olvidada por su AutonoSuya, la de Murcia capital.
Gracias al pacto PP–PSOE, Noelia Arroyo fue vicealcaldesa de Cartagena; entre 2019 y 2021 asumió la Alcaldía, que mantiene hoy gracias a un pacto con Vox. Sí, Noelia Arroyo es cartagenera y del PP, pero el PP manda en la AutonoSuya murciana, en la ciudad de Murcia y —será verdad, será mentira— quizá también en la portuaria.
Será verdad, será mentira, pero el resultado es simple: No TENEMUS teatro, ni lo TENDREMUS.
Porque ni Murcia da lo prometido para el Central, ni Cartagena tiene lo prometido para el Circo. Y dato curioso, por cierto: tampoco TENEMUS tren ni tranvía funcionando en Cartagena. El Corredor del Mediterráneo, sin AVE.
Murcia capital, en cambio, sí tiene tren, tranvía y AVE. ¿Será, será… la envidia, tal vez?
Una AutonoSuya que debería estar orgullosa de tener en su territorio una ciudad como Cartagena, y en lugar de eso, lucha por ningunearla. Sin comentarios.
Eso merece otro artículo.
Ellos —los que mandan en Murcia— sabrán por qué.
Nadie en Cartagena lo entiende, ni parece querer entenderlo.

Y para rematar la joya de la corona: el Gran Teatro Romano de Cartagena, uno de los mejores de España —y me atrevo a decir, del Mare Nostrum—, tampoco puede utilizarse como teatro. ¿Será verdad, será mentira? Quizá porque Murcia no quiere que tengamos un Festival de Teatro Clásico como el de Mérida.
Y este IaioQuePiensa se pregunta: ¿qué le ha hecho la ciudad de Cartagena a Murcia?
“Con esto poco a poco llegué a puerto al que los de Carthago dieron nombre, arropado a todo viento y encubierto y a cuyo claro y singular renombre se postran cuantos puertos el mar baña, descubre el sol y ha navegado el hombre.”
— Miguel de Cervantes
Podríamos ser dos grandes ciudades hermanas compartiendo destino, pero el destino —con el auxilio de algunos “nombres”— las ha convertido en lo que hoy son: dos grandes ciudades enfrentadas.
Será mentira, será verdad, pero qué mala es la envidia del querer ser sin ser, cuando se puede ser teniendo.
Como muestra, dos botones de la sinrazón Cartagena&Murcia
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Obispado de Cartagena:
Catedral de Cartagena —una de las primeras de España y primada—, en ruinas. Santiago llegó a España por su puerto. -
Anfiteatro romano:
En obras de recuperación… años y años por falta de euros.
Y pregunto —con maldad—: ¿Dónde acaban los fondos que recibe anualmente la Diputación murciana, algo más de 300 millones de euros, que debería repartir para mejoras en todos los municipios de la provincia?
¿Por qué no reclama el Obispado de Cartagena —cuyo obispo está en Murcia y dice no querer venir a su catedral, la de Cartagena, ojo: la sede que da nombre al obispado— los fondos del Ministerio de Cultura destinados a restaurar las catedrales destruidas en la Guerra Civil?
Una ciudad con tres mil años de historia merecería algo más que promesas vacías y ladrillos que nunca llegan. Será Verdad, Será Mentira… pero el silencio en Cartagena suena cada vez más a abandono.

