Un hito en la pintura renacentista: Cristo muerto de Mantegna. Por Susana del Pino

Lamentación de Cristo muerto, Andrea Mantegna.

«El Cristo muerto de Andrea Mantegna no solo es una obra religiosa, supuso un enorme avance técnico en la historia de la pintura por el uso del escorzo y la perspectiva»

Creada en un momento decisivo de la historia del arte occidental, el Quatrocento italiano, la obra Lamentación sobre Cristo muerto de Andrea Mantegna (c. 1431-1506) representa un hito en la pintura renacentista italiana, no solo por la carga emocional sino por el uso tan audaz de la perspectiva y el escorzo que el autor consigue, transmitiendo un dramatismo y una humanidad que conmueven.

Huérfano desde muy pequeño, Mantegna demostró excelentes cualidades artísticas comenzando a trabajar como aprendiz en el taller de Francesco Squarcione (1397-1468) quien, además de ocuparse junto a su hermano mayor de la educación del pequeño tras la muerte de sus padres, le inculcó el interés por el arte de la Antigüedad clásica, lo que influiría notablemente en la obra del pintor, que se caracterizaría por un carácter escultórico y monumental, como se puede apreciar en su obra San Sebastián.

San Sebastián, Andrea Mantegna.

Comenzó a trabajar solo, tras independizarse de su maestro y pronto su fama le llevó a ser pintor de corte de la célebre familia Gonzaga en Padua y Mantua. En ese periodo, Padua constituía uno de los centros culturales más importantes de toda la península itálica, por lo que tuvo la oportunidad de conocer a pintores como Filippo Lippi (1406-1469) o Paolo Ucello (1397-1475) y a escultores como Donatello (1386-1466).

Cámara de los esposos, pared norte.

Quizás su obra más famosa es la Cámara de los esposos en el Palacio Ducal de Mantua, frescos en los que el pintor se adentra en explorar el cuerpo humano y la perspectiva, convirtiéndose en precursor del arte de un nuevo tiempo, dejando atrás el medievo y adentrándose en la era moderna. 

La obra Lamentación sobre Cristo muerto (68 cm x 81 cm) la realizó en un periodo trascendental, los inicios del Renacimiento, el Quattrocento italiano, etapa en la que se produce un cambio significativo en el que aparece un enorme interés por lo clásico, las ciencias y la percepción del hombre como centro del universo.

En cuanto al aspecto artístico, desarrollar la perspectiva lineal se convirtió en un reto para artistas como Masaccio (1401-1428), Ghiberti (1378-1455) o Bruneleschi (1377-1446), el autor de la magnífica cúpula de la catedral de Florencia, Santa María del Fiore, tan admirada por Miguel Ángel e inspiración para la de San Pedro del Vaticano.

La perspectiva lineal permitía representar con una precisión matemática sobre una superficie bidimensional, el espacio tridimensional.

El papel predominante que a lo largo de los siglos había ido adquiriendo la Iglesia marcó las pautas para las representaciones religiosas que dominaban la producción artística, sin embargo, con el Renacimiento se produce un cambio, comenzando a representar el lado humano de Jesús, acercando más al público la realidad de su vida, pasión y muerte.

Cristo Muerto

Ese cambio se aprecia en el Cristo Muerto, el pintor logra mostrar a un hombre que tras la crucifixión yace ya muerto sobre una fría losa de mármol, por tanto, la representación de Cristo no solo responde a esa nueva visión humanista que se impone en el arte, sobre todo en la zona del norte de Italia donde trabajó Mantegna, también al interés en conectar emocionalmente con lo que sufrió Jesús.

En las figuras dolientes de María y San Juan que aparecen a la izquierda se puede contemplar la monumentalidad antes mencionada, característica del pintor tras su fascinación por la escultura y arquitectura clásicas; la figura secundaria, casi inapreciable, podría tratarse de María Magdalena. Los rostros de la Virgen y San Juan transmiten una gran emoción que conecta con el espectador, lo que junto a la técnica magistral hacen que la obra conmueva profundamente.

La imagen se enmarca en un fondo sencillo con cortinas abiertas que dejan ver levemente un cielo en tonos grises, muy acorde con la escena representada y el ambiente de duelo.

Lamentación de Cristo muerto, Andrea Mantegna. ( Detalle).

La perspectiva y el escorzo en este cuadro constituyen un elemento verdaderamente revolucionario. Mantegna sitúa al espectador a los pies de la figura de Cristo mirando hacia su rostro; esta perspectiva se conoce como di sotto in su (de abajo hacia arriba), algo desconocido hasta entonces.

Esta posición del espectador intensifica la emoción de quien lo contempla que se siente dentro de la composición, con más intimidad y cercanía. El cuerpo se representa en un escorzo al borde del extremo, lo que implica que es necesario acortar las medidas de la figura para conseguir profundidad, sin embargo, Mantegna supo ajustar las proporciones de tal manera que no resultaran excesivamente exageradas pero que causaran un efecto real. 

detalle Cristo muerto.

Un detalle importante que nos muestra el conocimiento del artista de la anatomía y de los efectos ópticos, así como su gran sensibilidad, es el hecho de no acortar excesivamente las piernas de Cristo, tal y como estaría establecido siguiendo una perspectiva exacta, buscando así un equilibrio entre lo real y lo estético.

Teniendo en cuenta los detalles, la losa transmite frialdad y refuerza el sentimiento de lo que se representa; la piel de Cristo, de color azulada, nos muestra de forma estremecedora, la realidad de un cuerpo sin vida, así como las heridas y la sangre presentan un gran naturalismo. La luz realza en la composición la tridimensionalidad y crea un contraste, aunque de manera sutil, entre el cuerpo de Cristo y los demás elementos de la composición.

El gran avance que Mantegna consiguió con la perspectiva lineal fue esencial para los pintores que le sucedieron, aunque la obra en vida del pintor no fue muy conocida, quizás por estar destinada al ámbito privado.

Traslado de Cristo al sepulcro, Antonio Ciseri.

Tras la muerte del pintor, artistas como Caravaggio (1571-1610), Rubens o Antonio Ciseri (1821-1891) admiraron la técnica de Mantegna y su influencia se aprecia en obras como el Descendimiento, Lamentación del Cristo muerto, y la Conducción del Cristo al sepulcro respectivamente. Para algunos autores fue considerado como el precursor del naturalismo moderno y pintores como Gustave Courbet (1819-1877), gran admirador del pintor italiano y cautivado por su técnica, se inspiraría para su polémica obra El origen del mundo, no reproducible en estos medios.

El Cristo muerto de Andrea Mantegna no solo es una obra religiosa, supuso un enorme avance técnico en la historia de la pintura por el uso del escorzo y la perspectiva, creó una de las imágenes más conmovedoras de su época y abrió nuevas posibilidades en la pintura en cuanto a la representación del cuerpo humano.

La obra se expone en la Pinacoteca de Brera en Milán (Italia), sigue impresionando e impactando por su intensidad, su técnica y, a pesar de su austeridad, por la emoción que provoca.

Sin duda, una gran obra que representa un puente entre los inicios del Renacimiento y su evolución posterior.

                                                          

Málaga, 2025

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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