
«Sé que me van a tildar de “viejuno” pero me gustan las ceremonias reales»
A lo largo de esta semana he seguido, no sin emoción, las ceremonias de recibimiento y homenaje a los Reyes de España durante su visita a China. Creo que esta devoción real proviene de unos sentimientos heredados de mi madre que se consideraba fervientemente monárquica.
No es que yo sea un admirador fanático de los Borbones, en los que, como en todas las personas, encuentro luces y sombras. El caso actual es que me he visto representado muy dignamente por ellos (y por la Orquesta Titular del Teatro Real de Madrid), la pasada semana en Pekín. Personalmente me he sentido un poco protagonista subsidiario de un encuentro, lleno de una parafernalia que me encanta, en el que el buen gusto –tan difícil de encontrar hoy en el mundo político- y el “savoir faire” han estado presentes.
Me gusta la expresión: “sentirse como un rey”. Posiblemente porque soy muy mayor y a los mayores nos gusta que nos traten especialmente bien. Mi buena noticia de hoy se basa en el buen trato que, una gran mayoría de las personas, nos dispensan a los de la tercera o cuarta edad.
Días pasados tuve la oportunidad de comprobarlo. En una mañana lluviosa visité a una empresaria importante para pedirle su colaboración en un tema solidario. Creo que jamás he sido recibido con más cariño y delicadeza. Me trató “como un rey”. Accedió a mis peticiones y, una vez terminada la entrevista, me acompañó cogido del brazo hasta la cercana parada del autobús.
Estimo que esta debería ser la actitud más normal. Desgraciadamente no es así. Los mayores tenemos que luchar por el asiento rojo de los autobuses o por el espacio de la acera que no sea el más peligroso.
Las actitudes positivas de los dirigentes y de las personas en general, te hacen reconciliarte con una sociedad que está maleducada en la agresividad, la combatividad y el egoísmo. Creo que es muy fácil tratar a los demás, especialmente a los mayores, como reyes. Nos harán la vida más placentera. Gracias Cristina.

