(II) La “Pasión” en el arte y la Resurrección. Por Susana del Pino

(II) La “Pasión” en el arte y la Resurrección. El entierro de Cristo (1604) (Detalle), Michelangelo Merisi, Caravaggio (1571-1610).

«La Pasión nos enfrenta a nuestras propias caídas, a nuestras negaciones y a nuestros miedos y lo grandioso es que nos ayuda a levantarnos»

Continuando con las narración pictórica sobre los episodios de la Pasión de Jesús, cinco magníficas obras de arte con las que conmemorar esos días y mantener viva una de las tradiciones más arraigadas en España.

El descendimiento de la Cruz (1633), Rembrandt.

DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ (1633) REMBRANDT HARMENSZOOM VAN RIJN.

“Después de esto, José de Arimatea, que en secreto era discípulo de Jesús por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver”.

Juan 19, 38

Rembrandt (1606-1669) se convertiría desde muy joven en un pintor de éxito, gozando de gran popularidad entre sus contemporáneos y convirtiéndose en uno de los maestros del Barroco. Su obra se enmarca en una época de esplendor en su tierra natal, los Países Bajos, donde se produciría un apogeo tanto en las finanzas, la ciencia, la cultura o la política.

Además de sus célebres retratos y autorretratos, son de destacar las escenas bíblicas en las que supo combinar tanto la fidelidad a los textos religiosos como el conocimiento de las costumbres judías y su fascinación por el arte y la iconografía clásica.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669).

El Descendimiento de la Cruz fue realizada tras el encargo del gobernador de los Países bajos, Federico Enrique de Orange-Nassau (1584-1647) y forma parte de una serie sobre la Pasión.

La escena representa el momento en el que bajan a Jesús de la Cruz en una composición en la que la luz recae en la figura del Crucificado resaltando el tono de su piel y la sábana, creando un aura de intimidad y respeto que impacta. El claroscuro, clara influencia de Caravaggio, es el gran protagonista en el cuadro que en este caso sugiere como en el momento más oscuro, surge la Luz, esa luz que representa Cristo y que nos trae esperanza. Un buen momento para reflexionar sobre el sufrimiento, la humildad y el amor.

La lamentación (1620), Antón van Dyck.

LA LAMENTACIÓN, (PIEDAD) (1620), ANTON VAN DYCK.

“Toda la multitud que se había congregado para el espectáculo, al ver lo sucedido se volvía dándose golpes de pecho. Sus conocidos se mantenían a distancia, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea lo observaban todo”.

Lucas 23, 48-49

Anton van Dyck (1599-1641) fue uno de los alumnos predilectos de Rubens y la influencia del maestro es clara en su trayectoria artística. En esta obra, una de las varias versiones que realizó sobre este tema, actualmente en el Museo del Prado, Van Dyck se inspiró concretamente en la versión que Rubens realizó sobre el mismo episodio de la Pasión.

La teatralidad es una de las características de esta composición ya que el discípulo, siguiendo la tendencia del arte de la Contrarreforma, muestra a los personajes con expresiones intensas creando una escena de gran dramatismo y emocionalidad, expresión que muestra incluso en la ternura de la figura del pequeño angelote que llora a los pies de Cristo.

Antón van Dyck (1599-1641).

Otro de los elementos significativos de la Lamentación de Van Dyck es el tratamiento de los tejidos, algo en lo que el pintor se esmerará en todas sus obras.

La escena se centra en la figura de Cristo muerto en brazos de María, que mira al Cielo con una expresión de dolor y aceptación, María Magdalena besándole la mano con gesto compungido y  en segundo plano la figura de San Juan completan la composición.

En el suelo aparecen elementos que nos recuerdan la crucifixión como la corona de espinas, el letrero con la abreviatura INRI “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum” y los clavos, dejando patente el dolor.

El efecto de la luz es impactante, centrándose en la figura de Jesús en contraste con el resto de la composición, lo que da una fuerza extraordinaria a la escena, enfatizando en el mensaje que el pintor quiere transmitir.

La obra conmueve y conecta con el observador, llevándonos a la reflexión. Dolor, aceptación y entrega.

La conducción de Cristo al sepulcro (1870), Antonio Ciseri.

EL TRASLADO DEL CRISTO AL SEPULCRO (1870) ANTONIO CISERI.

“Ya anochecía; y como era el día de la preparación, víspera del sábado, José de Arimatea, consejero respetado que esperaba el reinado de Dios, tuvo la osadía de presentarse a Pilato, a pedirle el cuerpo de Jesús. Plato se extrañó de que ya hubiera muerto. Llamó al centurión y le preguntó si ya había muerto. Informado por el centurión, le concedió el cuerpo a José”.

Marcos 15, 42-45

Conocido también como El entierro de Cristo, Antonio Ciseri (1821-1891) representa en esta escena el traslado del cuerpo de Jesús al sepulcro donde finaliza el ciclo de la Pasión y comienza la promesa de la Resurrección.

El cuerpo de Jesús es llevado con respeto y veneración por Nicodemo, José de Arimatea y San Juan, acompañados por María, su madre, María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé, que transmiten una expresión de honda tristeza.

Cabe destacar el detallismo que logra Ciseri en cuanto a la expresión de los personajes, ya que cada uno de ellos es en sí, un retrato, expresando su dolor de forma diferente; así, el rostro de María siempre conectada con la divinidad o María Magdalena, que la representa ocultando su rostro completamente, pero no por ello deja de transmitir su intenso dolor.

La escena es impactante por el tratamiento de la luz que ilumina intensamente parte del cuerpo muerto cubierto con el sudario. Ciseri consigue de manera magistral transmitir el dolor por la pérdida y suscitando una profunda devoción.

Antonio Ciseri (1821-1891).

Nacido en Suiza, Ciseri se formó en la Academia de Bellas Artes de Florencia donde se estableció y vivió hasta su muerte, desempeñando una importante labor como profesor en dicha institución, además de obtener un destacado prestigio como pintor llegando a ser considerado un ilustre representante del realismo del siglo XIX en Europa.

Personalmente, esta obra me transmite, no solo la comprensión de la Pasión, sino también una profunda esperanza en medio del sufrimiento. Nos invita a mirarnos en la figura de Jesús, un encuentro personal con Él en esos momentos de dolor que a veces experimentamos en nuestra propia vida. Un camino certero en el que la fe y la esperanza dan sentido a nuestra vida. 

Cristo yacente (1896), Ignacio Pinazo Camerlench.

CRISTO YACENTE (1896) IGNACIO PINAZO CAMERLENCH.

“En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús”  

Juan 19, 41-42

Aunque la obra de Ignacio Pinazo (1849-1916) se enfoca principalmente en temas costumbristas, retratos y desnudos, realizó algunas obras de temática religiosa, quizás no tan conocidas, pero que al igual que el conjunto de su obra muestran una extraordinaria maestría en la técnica, como resultado de la evolución que a lo largo de los años fue desarrollando, desde que comenzó siendo muy joven trabajando en diferentes oficios artísticos en su Valencia natal.

 Se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos en la capital valenciana, por lo que recibiría una formación clásica, a pesar de ello, consiguió dar a su pintura un estilo más personal, con una pincelada más suelta, más efectos de luz natural y formas no tan definidas en las que los contornos se van desdibujando; su obra anticipa el impresionismo.

Ignacio Pinazo (1849-1916).

Su obra Cristo yacente es un claro exponente de esta evolución. Pintado en el último periodo de su vida, ya el artista está alejado del academicismo y ha incorporado una nueva estética muy en relación con lo que se conoce como el simbolismo finisecular, movimiento que se manifestó en el arte y la literatura que buscaba plasmar una realidad invisible a través de los sueños o el misticismo.

En esta obra Cristo yace sobre un paño blanco, está solo y de su cuerpo emana una luz que nos recuerda su origen divino, un cuerpo en el que aún se puede sentir el dolor de su martirio. La imagen es profundamente emotiva y llama al recogimiento y a comprender la Pasión. 

Una obra de profunda espiritualidad que al contemplarla podemos reflexionar sobre la fragilidad del ser humano ante la trascendencia de la divinidad.

Las santas mujeres ante la tumba (1890), William-Adolphe Bouguereau.

LAS SANTAS MUJERES ANTE LA TUMBA (1890), WILIAM – ADOLPHE BOUGUEREAU.

 “El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los perfumes preparados. Encontraron corrida la piedra del sepulcro, entraron, pero no encontraron el cadáver del Señor Jesús. Estaban desconcertadas por el hecho, cuando se les presentaron dos hombres con vestidos brillantes. Y, como quedaron espantadas, mirando al suelo, ellos les dijeron:

-¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recordad lo que os dijo estando todavía en Galilea: Este Hombre tiene que ser entregado a los pecadores y será crucificado; y al tercer día, resucitará”.

Lucas 24, 1-7

 

Esta magnífica obra de Wiliam-Adolphe Bouguereau (1825-1905) muestra el exquisito estilo y el dominio de la técnica del artista academicista francés en una composición de gran realismo, en la que el artista transmite el momento emotivo ante la sorpresa de las mujeres fieles a Jesús, al encontrar el sepulcro vacío.

La escena representa a María Magdalena, María, madre de Santiago y María de Cleofás, cuyas figuras ocupan toda la composición, sorprendidas ante la visión del ángel que, al fondo, se dirige a ellas diciéndoles que Jesús ha resucitado, siendo las primeras en conocer la noticia de la Resurrección, lo que representa en realidad el triunfo de la vida sobre la muerte.

William- ADOLPHE Bouguereau (1825-1905).

El pintor domina con maestría los recursos pictóricos, como la luz, y una paleta de colores suaves que utiliza de manera magistral, para lograr una atmósfera agradable y evocadora. Con este lenguaje, no solo consigue plasmar la quietud y la emoción del momento que viven las mujeres, sino también transmite una intensa espiritualidad que va más allá de lo visible.

El mensaje del cuadro es la fidelidad a Jesús y el comienzo de algo nuevo tras el dolor y el sufrimiento y nos ayuda a reflexionar sobre si debemos permanecer en el miedo o en el nuevo camino que nos abre Jesús, un nuevo comienzo y una oportunidad para dejar atrás el miedo y el ego, y seguir su camino como un acto de fe, la fe que está basada en un presente lleno de vida y esperanza.

A lo largo de este recorrido pictórico por la Pasión de Jesús, apreciamos como el arte trasciende el dolor, cada gesto, cada contraluz, cada emoción contenida, cada silencio está, en definitiva, cargado de amor. 

Y es que la Pasión nos enfrenta a nuestras propias caídas, a nuestras negaciones y a nuestros miedos y lo grandioso es que nos ayuda a levantarnos. Es el triunfo sobre el miedo, una gran lección.

 

                                                      

 Málaga, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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