Conversaciones en el andamio: La Justicia como basura arrojadiza. Por Francisco Gómez Valencia

La Justicia como basura arrojadiza.

«No existe el concepto de delito si lo cometen los suyos, y lo que los pone más calientes que el palo de un churrero es la idea de que a toda costa prevalezca su justa injusticia partidaria»

Estoy convencido de que en nuestra Historia moderna jamás se había utilizado tan a la ligera el término «Justicia». Se ha asesinado en su nombre pero no banalizado a estos niveles. Obviamente no es un concepto difícil de explicar sin ser del todo experto y por eso, desde aquí arriba vamos a tratar de ofrecer algo de luz sin ánimo de ofender a los juristas de verdad (JDV), y siempre bajo nuestra indiscutible tara pseudo-filosófica y nuestro inimitable sello de calidad.

Yo diría que básicamente es una interpretación subjetiva bien apilada en innumerables «tochos»  que versan sobre el tratamiento —digamos aséptico —del bien y el mal —según claro está—, las inclinaciones más o menos perversas de las mentes privilegiadas que la controlan y aplican malamente, que para eso fallan en contra de lo que a priori se pretende. Lo raro en este mundo en el que vivimos es que incluso el condenado por la justicia estuviera absolutamente de acuerdo con la condena. De hecho, a veces suceden algunos casos raros de arrepentimiento pero en general no suelen ser muy creíbles. Es más, yo me juego caña y pincho a que cuando sucede es porque el propio condenado ha abandonado totalmente la idea preconcebida que tenía antes sobre la propia Justicia, y me da la sensación de que cuando esto sucede es porque existen amenazas veladas o no tan veladas pues, argumentar dicho cambio de opinión es muy extraño. 

En todo caso podemos decir que las circunstancias que nos rodean y con el tipo de sociedad que tenemos, adoptar el punto de vista de un contrincante u otro favorecido por los fallos que otorga la justicia es muy complicado. Que acontezca un caso que nos ponga de acuerdo a todos es raro-raro, salvo que el objeto juzgado por la Justicia sea por algún hecho atroz y remueva hasta las conciencias más enfermizas.

Esto sucede porque básicamente todo depende de a lo que estamos dispuestos a transigir, por lo tanto podemos afirmar y afirmamos que la subjetividad es más bien una especie de apaño cutre, o una especie de concesión que otorgamos a la justicia en sí misma. 

Nadie que ha sido condenado dirá que está encantado de haberlo sido ni tampoco afirmará, que sobre todo lo que ha prevalecido es la justicia en cuanto a su propia persona y más bien todo el mundo para parecer digno, lo que suele decir es que acata la sentencia o acepta los veredictos. 

El ministro zoquete.

De hecho estos días estamos escuchando como una manera de atacar directamente al Poder Judicial y especialmente al Tribunal Supremo, consiste en afirmar con boquita de piñón antes de criticarlo que lo respetan. En serio se lo digo: que dicen que están diciendo que respetan las decisiones judiciales, aunque la verdad es que no es lo mismo aceptar, respetar, o acatar, aunque de momento el Gobierno lo que está demostrando es que acata pero no respeta, y el acatamiento tiene pinta de ser temporal, puesto que probablemente se va a recurrir el fallo al Tribunal Constitucional para que haciendo de nuevo el indio, borren la sentencia del Supremo.

Afortunadamente como dijimos hace un par de días, pese a todo el olor a muerto queda y por mucho que lo quieran borrar la sentencia afortunadamente ha sido cumplida aunque todavía no la conozcamos. En todo caso, jamás podremos afirmar que exista la justicia objetiva pues todo se basa aunque digan lo contrario en juicios de valor, y aunque la elaboración de las sentencias son especialmente complicadas al quedar fuera de nuestro entendimiento porque somos vulgares en estas lides, (igual que todos y cada uno de los miembros del Gobierno incluidos jueces y abogados paniaguados, y la mayoría de los miles de asesores que les hacen repetir el mismo mantra), no podemos sino que deberíamos al menos respetar el trabajo de los jueces, cosa que parece ser según el Partido Socialista, toda la izquierda «aberchándal» que le cuelga, más la banda de Puigdemont, misión imposible porque da la sensación de que lo que parte la pana es tratar de imponer ante la opinión pública a base de dar el coñazo a todas horas, que no existe el concepto de delito si lo cometen los suyos, por lo tanto y por esto mismo, podemos afirmar que no les convence la justicia en general sino que lo que los pone más calientes que el palo de un churrero es la idea de que a toda costa prevalezca su justa injusticia partidaria. 

Un puñado de progresistas famosos.

Por lo tanto y tratando de pensar como ellos e incluso travistiéndonos de progresistas envueltos en sus camaleónicas pieles, la idea de la Justicia varía en función de sus necesidades y siempre consideraremos que lo prioritario para ellos es decir que se cumpla sí o sí la Ley injustamente, puesto que de lo contrario sería también y como no, otro acto fascista.

Así piensa este gobierno, así piensa la paleo-izquierda y así piensan los nacionalistas, los cuales nos están martirizando desde el poder político y sus aledaños.

 «Hay que reventar a la derecha»: berrean Pablo Iglesias y Juana Belarra.

 «[…] por lo tanto si el socialismo español quiere salir del abismo solo tiene una opción, emprender su ruptura que se negaron hace 50 años. Y la ruptura empieza por reconocer el derecho a la autodeterminación […]», escribe Carlos Puigdemont

Por lo tanto, poco más nos queda por ver, leer, oír, o decir a este respecto después del infausto escenario al que estamos  asistiendo como actores secundarios durante estos tiempos tan poco solemnes.

Feliz día de San Silvestre Gozollini. 

Españazuela a 26 de noviembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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