
«Los precios suben, el cobre vuela, y el gobierno… también, pero en dirección contraria a los ciudadanos. España se hunde en la “Champions League” del absurdo, mientras seguimos votando al tuntún»
Al parecer, como decían Tip y Coll hace años, cuando soltaban un centollo sujeto por varios globos y subía: “el marisco está por las nubes”, hoy en día podrían hacerlo con casi cualquier producto que se les ocurriera porque, la verdad, casi todo está por las nubes. Jesús Calleja debió proponerse demostrarlo en su vuelo estratosférico, durante el que —según algunos extraterrestres— su nave se rodeó de filetes de ternera, champán, galletas surtidas y otros alimentos, solo por poder decir que sí, que Tip y Coll, años después, tenían razón.
El precio de los alimentos roza lo estratosférico, y lo puedo corroborar yo mismo, que voy a la compra cada quince días. Lo que hace un año me costaba unos cuarenta euros ha pasado a costar unos sesenta. Y, desde luego, lo que está por las nubes, al parecer, es el precio del cobre, que los ladrones adoran y desean cual si se tratara de oro.
De hecho, al ministro de Transportes, Óscar Puente, no le deben de salir las cuentas de las pérdidas del cobre, que no paran de sustraerle los rateros de las líneas férreas y, últimamente, del recorrido del AVE. No tiene gracia, sobre todo para los ciudadanos que pagamos los impuestos religiosamente y vemos que quienes los disfrutan son los caraduras.
Por cierto, hay que recordar que tendremos que hacerlo pronto, lo de los impuestos, pero desde luego lo haremos de muy mala gana. Sí, al parecer, todo lo que pagamos se dilapida o se usa, en parte, en asuntos que poco tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos que los pagamos.
Sinceramente, hay algo que no entiendo: si la mayoría de las personas que hablan en los medios de comunicación dicen lo mal que lo está haciendo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tiene explicación que este piense, como estrategia, adelantar las elecciones para salir reelegido. ¡Muy mal debe de estar el cacumen de millones de españoles! O no saben lo que votan —que es lo más probable— y depositan la papeleta al buen tuntún, o es que el día de las elecciones se marcan un “pinto, pinto, gorgorito”. Les da igual si meten la pata como su sobrinito de cuatro años.
Eso sí, lo importante es que no salga la derecha. ¡Uy, qué mala es la derecha! “Si sale la derecha estaremos jodidos”, deben de pensar, tal es la comedura de coco que les hacen algunos. Pero no, esto no es lo peor. Lo peor es que se crean las tonterías que les venden.
¿Pero es que no se enteran de la realidad? ¿Quién quiere saber cuál es la realidad? ¿Nadie? Creo que sí, que así debe de ser. Está tan mal Europa que, para que siga funcionando, hay que inventarse un Putin con muy mala leche, uno dispuesto a todo, incluso a usar armas atómicas a la de tres.
Se supone que él no sabe que tiene enfiladas las armas nucleares —y, sobre todo, sobre Moscú— al igual que él tiene las suyas sobre nosotros. Y así, inocentemente, podemos esconder las vacas lecheras, que por supuesto no son vacas cualquiera y, desde luego, no dan leche merengada.
No lo son, sobre todo aquí en España, país en el que deben de atar a los perros con longanizas… y así nos va. No nos quedan perros ni para pasear por el barrio; todos escapan con sus longanizas.
Ojo: España —dirá algún vidente— “tu aceite de oliva, si puede ser, no venderás; comprarás el italiano, que nos cae mejor”. “¿Tus naranjas? ¿Qué dices? Tenemos las marroquíes”.
Y todo así, porque no tenemos a ningún presidente de gobierno que tenga las narices y el prestigio para decir en Europa: ¡verdes las han ‘segado’! Ya sé que muchos no pensarán como yo, pero pregunto: ¿a qué está esperando la oposición para montar una moción de censura? Aunque no sirva para remover al mentiroso, al menos que cree titulares de periódico, líneas de radio y televisión y genere charlas de café acerca de lo mal que lo hace Sánchez.
Hay gente tan cerril por estos predios que pensará que, como dice el mismo presidente, España está en la “Champions League” de todo. Eso debe de ser porque todavía pueden comprar algunas cosas para comer, aunque no puedan irse de vacaciones, al cine o al teatro.
Arrieritos somos, y en el camino nos encontraremos. No todo consiste en sobrevivir; también existe la lectura, el teatro, el cine y la diversión de consumo familiar… salvo que, por manipulación social, el concepto de familia pueda verse reducido a ser uno mismo, tener dos escobas, un gato y una muñeca hinchable por si te da un apretón sexual incontrolable.
Esto sí que es diversión: “vivir en España”. Ya lo dicen los extranjeros: “España es la fiesta”. Será.
Es por todo esto por lo que empezaba diciendo que, como decían Tip y Coll hace años, cuando soltaban un centollo sujeto por varios globos y subía: “el marisco está por las nubes”, hoy en día podrían hacerlo con casi cualquier producto que se les ocurriera porque, la verdad, casi todo está por las nubes. Jesús Calleja debió proponerse demostrarlo en su vuelo estratosférico, durante el que —según algunos extraterrestres— su nave se rodeó de filetes de ternera, champán, galletas surtidas y otros alimentos, solo por poder decir que sí, que Tip y Coll, años después, tenían razón.

