Tempus Fugit…Y es el que el tiempo se va. Por Susana del Pino

Alegoría de la vanidad. Antonio de Pereda. Kunsthistorisches Museum, Viena (Austria).

«La expresión tempus fugit nos ayuda a reflexionar y a transformar la fugacidad que representa en la oportunidad de aprovechar cada momento antes de que desaparezca»

El poeta romano Pubio Virgilio Marón (70a. C -19 a.C) acuñó en su obra Geórgicas una de las frases más perdurables en la historia y filosofía latina: “Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum capti circumvectam amore”“Pero entre tanto, el tiempo huye, tiempo irrecuperable, mientras nosotros somos cautivos por el amor hacia los detalles”. Geórgicas, libro III. (284-285)

De esta sentencia nace la conocida locución Tempus fugit, (el tiempo huye o el tiempo vuela), que a lo largo de los siglos nos ha recordado como los momentos se escapan como el agua entre los dedos, momentos que no se repiten y son irremplazables, sin duda una frase que nos invita a la reflexión.

Reloj de sol, Iglesia de Santa María degli Angeli , Roma.

La frase, tan frecuente en las inscripciones de los relojes de sol, evoca con delicada melancolía la esencia efímera de la existencia humana. A lo largo de los siglos ha entablado un diálogo tácito con otra máxima célebre, carpe diem, que se traduce como aprovecha el día, que Horacio (65 a. C.-8 a. C.) acuñó en sus odas y que nos invita, con actitud serena, a vivir la vida intensamente, momento a momento, ante algo inevitable como es el paso del tiempo.

Lucio Anneo Séneca (4. C.-65 d.C.), gran pensador estoico del siglo I d. C. profundiza sobre este concepto, ampliándolo en su obra De Brevitate Vitae (Sobre la brevedad de la vida).

Séneca, vivió en tiempos convulsos, que le llevaron a plantearse diversas cuestiones sobre filosofía, ética, virtudes y actitudes humanas; entre estos temas se extiende en la obra antes citada sobre cómo usamos el tiempo del que disponemos en la vida, al que el filósofo considera como “…el bien más precioso”.

Para Séneca, no se trata de que el tiempo no sea suficiente, sino que lo perdemos empleándolo en cuestiones vacías. Desperdiciamos el tiempo, que corre inevitablemente, porque lo malgastamos recordando situaciones pasadas que ya no nos pertenecen o preocupándonos por el futuro, desconocido para todos. Como estoico propone centrarse en el presente, con la intención clara de gozar de lo que hacemos, tomando conciencia de que se va inevitablemente, así podemos tener más control sobre nuestra vida. El concepto analizado por Séneca ha ejercido una gran influencia en el pensamiento filosófico y las manifestaciones artísticas a lo largo de los siglos.

Reloj en una calle de Yorkshire (Reino Unido).

Durante la Edad Media, debido a la gran influencia que ejercía la Iglesia sobre los fieles atemorizando sobre el Juicio final y el castigo divino, el concepto tempus fugit se utilizó en el sentido religioso, como inscripción en relojes de sol y de arena o como motivos ornamentales en templos y libros sobre religión, haciendo referencia a la esencia efímera de la existencia y  asociándose a otras locuciones latinas como carpe diem, citado anteriormente, o Memento mori (acuérdate de que morirás), aunque ambos interpretados espiritualmente.

Será en el Renacimiento cuando esta idea cobra más relevancia debido al cambio profundo que se produce en cuanto a la percepción sobre la muerte, que comienza a verse como un gran enigma que invita a reflexionar y a la vez a una mayor consciencia de la vida terrenal.

Con esta nueva concepción, el fin inevitable exalta la importancia del momento, su belleza y la aceptación del propio destino. La conciencia de la muerte, lejos de oscurecer la existencia, nos recuerda que es en la intensidad con que vivimos el tiempo que nos ha sido concedido donde reside la verdadera plenitud y no en la duración. 

Vanitas con calavera sobre un libro. Andrés Deleito.

Aunque con algunos antecedentes que se han descubierto en frescos de Pompeya y alguna representación de época medieval, las Vanitas, un subgénero pictórico en el que, tanto en escultura como en pintura, se alude a la fugacidad de la vida y el inevitable paso del tiempo, tendrán una mayor difusión durante los siglos XVI y XVII convirtiéndose en un elemento característico del periodo barroco.

Elementos utilizados en estas composiciones como relojes, pompas de jabón, joyas que representan la riqueza material, flores marchitas o velas apagadas o casi a punto de apagarse quieren transmitir al ser contemplados que la vida se acaba, pero no con una intención siniestra, sino con la intención de vivir con sabiduría el presente; aunque para muchos las vanitas resultan un tema macabro.

Los embajadores, Hans Holbein el Joven (c. 1497- 1543).

Los embajadores, obra del pintor bávaro Hans Holbein (c. 1497-1543) es uno de los cuadros representativos de este género pictórico, en el que aparece un elemento curioso, no descubierto hasta siglos después. En primer plano, delante de los dos personajes retratados, se muestra lo que aparentemente parece una mancha alargada con diversas líneas onduladas. Sin embargo, al contemplar la obra desde el ángulo lateral izquierdo, esa mancha en la que no se distinguen formas definidas, se transforma en una calavera, es lo que se conoce como anamorfosis, que en este caso se resuelve de manera sublime; es un recurso óptico que lleva al espectador a contemplar el cuadro desde una perspectiva distinta.

Los embajadores, Hans Holbein el joven. ( Detalle).

La calavera, de manera sutil, recuerda al espectador la fugacidad de la vida. Toda la obra, repleta de elementos simbólicos relacionados entre sí, nos confronta con una verdad ineludible y es que la muerte acecha en silencio, indiferente al poder, a la sabiduría o a cualquier logro humano. No se puede apartar y nos iguala a todos.

Otros ejemplos de vanitas serían Alegoría de la vanidad de Antonio de Pereda (1611-1678), Vanitas con calavera sobre un libro de Andrés Deleito o la Cripta de los condes de Buenavista en la Iglesia de Santa María de la Victoria en Málaga, toda una alegoría a lo efímero de la vida.

Cripta de los Condes de Buenavista, Iglesia de Santa María de la Victoria. Málaga, ( España).

En cuanto a la filosofía, este concepto ejerció una influencia profunda en pensadores como el emperador Marco Aurelio (121-180), que recurre a la conciencia de lo transitorio para cultivar la humildad, y la aceptación del destino de forma serena. Marco Aurelio considerará la muerte y el tiempo que se esfuma como enseñanzas en la vida para el desapego y poder vivir con mayor dignidad. El filósofo, poeta y considerado como padre del Humanismo, Francesco Petrarca (1304-1374) integraría también el concepto en su obra.

La vita fugge, et non s’arresta una hora,
et la morte vien dietro a gran giornate,
et le cose presenti et le passate
mi dànno guerra, et le future anchora.”

Francesco Petrarca

Canzionere, CCLXXII


Francesco Petrarca, Canzoniere, CCLXXII)

“La vida huye sin frenar su apuro, 

 la muerte viene a paso apresurado, 

 y todo lo presente y lo pasado

 me hace guerra, y aun todo lo futuro.”

El gran Gatsby (1974)(2013).

El concepto de tempus fugit encuentra una de sus expresiones más intensas y melancólicas en la obra de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), El Gran Gatsby, llevada al cine en varias ocasiones. En la obra el autor plantea la gran frustración que su personaje principal, Jay Gatsby, experimenta ante la imposibilidad de recuperar el pasado, la melancolía, la nostalgia y la obsesión por los bellos recuerdos de un pasado que no volverá, le impide vivir el presente y proyectarse hacia el futuro.

Existe una obra emblemática de uno de los pintores más admirados del siglo XX, La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí (1904-1989). Una obra que evoca nuevamente a este concepto clásico tan abordado de la fugacidad del tiempo.

La obra del genio de Figueras se enmarca en un paisaje surrealista en el que los relojes deformados son los protagonistas que impactan al espectador y sugieren la vinculación entre el deterioro, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerte.

La figura central, considerada por muchos críticos como la representación del propio Dalí que se fusiona con su obra, nos presenta al ser humano que ante el paso del tiempo se desvanece y avanza hacia el irremediable final.

Salvador Dalí. La persistencia de la memoria.

La atmósfera surrealista se consigue mediante las tonalidades cálidas en tonos ocres y amarillos que contrastan con los azules; como ocurrió con otras obras del pintor, la creación de este cuadro surgió de un sueño del mismo pintor, según menciona en su autobiografía.

El cuadro incorpora el concepto y cuestiona la percepción que tenemos de la realidad. Aunque el tiempo en sí es objetivo, existe independientemente del ser humano, la experiencia y por tanto la noción que cada individuo tiene de él es absolutamente subjetiva, ya que depende de múltiples factores, como el estado emocional y fisiológico, el contexto o la atención prestada, que distorsionan radicalmente la percepción del tiempo, que en determinadas situaciones se hace eterno y en otras se escapa con rapidez.

En definitiva, la expresión tempus fugit nos ayuda a reflexionar y a transformar la fugacidad que representa en la oportunidad de aprovechar cada momento antes de que desaparezca.

Tempus fugit no es solo una sentencia grabada en mármol. Nos recuerda, que el tiempo no se detiene a esperar nuestra madurez, ni se apiada de nuestras excusas, ni hay pacto posible cuando se trata de ambiciones que hemos postergado

Es la fugacidad la que precisamente nos obliga a elegir, a decidir qué debe ser amado, qué debemos decir y hacía donde dirigirnos antes de que esa opción se convierta en un anhelo del pasado. 

Y es que el tiempo huye, pero en esa huida es donde reside la posibilidad de convertir ese instante en eterno; es esa la cuestión, no detenerlo, vivirlo con intensidad para que cuando se haya ido siga latiendo en nosotros como si nunca se hubiera ido.

 

                                                                        

                                                                         Málaga, 2026

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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