El mito de las sirenas. Por Susana del Pino

«Ten cuidado con tus sueños; son la sirena de las almas.  Ellas cantan, nos llaman, las seguimos y jamás retornamos.»

Gustave Flaubert. Escritor francés, (1821-1880)
El mito de las sirenas

«El mito de las sirenas, criaturas que nos han acompañado desde la Antigüedad aún sigue presente en la vida moderna porque nos recuerda el poder eterno de las tentaciones»

La presencia de las sirenas en la literatura desde la Antigüedad es permanente. Estas criaturas marinas, hijas del dios fluvial Achelous y una de sus ninfas, ya las menciona Ovidio (43 a. C.-17 d. C.) en Las Metamorfósis ligándolas al mito del rapto de Perséfone, hija de Zeus y Démeter, a quienes atendían como doncellas. La joven Perséfone fue secuestrada por Hades y tras este suceso las bellas mujeres pidieron a Zeus que las dotara de alas, aunque conservando su cuerpo de mujer y sus bellos atributos, para así poder perseguir al dios del inframundo

Vivían en el mar, junto a las zonas rocosas cerca de la parte suroeste de la península itálica. Su voz, dulce y de una hermosura sobrenatural, envolvía a quien las escuchara en un hechizo irresistible, que lo arrastraría hacia el abismo

En el poema épico La Odisea, Homero narra la historia de Odiseo, rey de Ítaca, o Ulises, como también es conocido, gran amor de Penélope. La historia se centra en el largo viaje que protagonizó durante veinte años, diez de ellos combatiendo en la Guerra de Troya y otros diez en la aventura de su retorno, viaje en el que tuvo que enfrentar tentaciones y pruebas difíciles.

Stammos griego 480 a. C. Escena de La Odiseade Homero.

 Se trata no solo de un viaje físico, sino de un viaje interior en el que el protagonista se enfrenta a desafíos importantes, pero a pesar de ellos, Odiseo conserva su identidad y es fiel a su destino, entre estas difíciles pruebas, se enfrentó a la tentación de las figuras de las sirenas, de las que tuvo que protegerse tapándose los oídos con cera, al igual que al resto de la tripulación y atándose el propio Ulises al mástil de su nave para evitar la tentación.

“…cuando la nave estaba a una distancia en que se oye a un hombre al gritar en nuestra veloz marcha, no se les ocultó a las Sirenas que se acercaba y entonaron su sonoro canto: «»Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda.»

Así decían lanzando su hermosa voz. Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia adelante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más.

 Cuando por fin las habían pasado de largo y ya no se oía más la voz de las Sirenas ni su canto, se quitaron la cera mis fieles compañeros, la que yo había untado en sus oídos, y a mí me soltaron de las amarras.”

Fragmento Canto XII, La Odisea, Homero
Figuras de sirena en cerámica griega. Siglo IV a. C.

La voz irresistible de estos seres obnubilaba a los marineros llevando a las naves a terribles naufragios; siendo por tanto símbolos de la tentación y el peligro.

Para Platón (c. 427 a. C.- c. 347 a. C.) en su obra La República, las menciona en el Mito de Er como seres celestiales, cuyo canto, al que denomina “canto de las esferas” acompaña al de las Parcas y representa por un lado el conocimiento universal y el destino y por otra parte, la tentación y la seducción que de una manera irracional lleva al alma a alejarse de la razón y la verdad.

En Las Fábulas de Gayo Julio Higino (64 a.C.–17 d.C.), el autor presenta la versión en la que las sirenas fueron castigadas por Démeter al no ayudar a su hija Perséfone cuando fue secuestrada. El castigo fue convertirlas en seres alados; para Higinio son víctimas de la maldición que atrae con fuerza a los marineros, quienes fascinados por su hermosa voz son condenados al abismo. Tan solo morirían cuando un mortal pudiera escuchar su canto y no sucumbir a su encanto. Plinio el Viejo (c. 23-79) también habla de ellas en el libro X de su Historia Natural.

Sirena de Canosa, figura de terracota .Soglo IV a. C.

El Diccionario bizantino, Suda, (siglo X) constituye una fuente indispensable para conocer los mitos griegos con textos antiguos y diversas versiones de leyendas. En él se describe a las sirenas como “gorriones con rostro femenino” e incluso menciona algunos de sus nombres como Ligeia o Peisinoe, destacando de ellas su enorme capacidad de seducción.

Las sirenas encarnan la dualidad, por un lado, la belleza y el peligro; por otro, el conocimiento y la destrucción. Son la tentación de lo prohibido que arrastra a la perdición. Su canto sublime prometía sabiduría, pero ocultaba un precio letal.

La influencia en la literatura posterior se hace patente en obras como La Divina Comedia de Dante Alighieri (c. 1265-1321) en la que el autor representa a la vanidad con la figura de una sirena; el escritor Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) fusiona en una bella imagen folklore y romanticismo en la obra poética El canto de las sirenas, toda una metáfora entre la lucha de la mente y el corazón, la tentación y el deseo sexual.

El escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875) humaniza la figura de la sirena con gran ternura en su célebre cuento La sirenita, en el que la presenta enamorada de un príncipe y dispuesta a sacrificarse por amor.

Muy acorde con el espíritu romántico del siglo XIX, la figura de la sirena fue elevada a un nivel sobrenatural y con una acentuada feminidad como se aprecia en obras de Edgar Allan Poe (1809-1849) o Lord Byron (1788-1824).

Con respecto a la Historia del Arte ya aparece en vasijas griegas y en urnas funerarias etruscas donde aparecen con alas, siguiendo la narración de Homero. La sirena de Canosa, procedente de la Magna Grecia, actual Italia, realizada en terracota del siglo IV a. C. es un ejemplo de las numerosas encontradas que representan a estas figuras.

Mosaico romano, Museo del Nardo, Túnez.

Una de las representaciones del mito más significativas en época romana es la pintura de Ulises y las sirenas, descubierta en Pompeya y perteneciente a una serie de pinturas con temas mitológicos.

En la Edad Media las representaciones de sirenas se convirtieron en símbolos de tentación y pecado. En un primer periodo se representaban con alas siguiendo la tradición clásica apareciendo sobre todo en contextos funerarios. Será a partir de la publicación del Liber Mostrorum, manuscrito datado en el siglo VIII en el que se catalogan animales monstruosos y seres fantásticos, cuando se convertirían en mujeres con cola de pez, ya que estaban asociadas al mar; eran consideradas como símbolos de la vanidad 

En ocasiones, las sirenas aparecían con espejos como símbolos de seducción, para instruir a los fieles y recordarles el peligro de los pecados de la carne, exhortándolos a no caer en la tentación. El canto de las sirenas se consideraba como un engaño que llevaba a los hombres a la perdición.

Sirena, detalle en la Catedral de Santiago de Compostela.

Se representaban en capiteles de columnas, en libros iluminados y en escultura funeraria; se han representado algunas sirenas con doble cola que sigue representando la lujuria, pero aún más acentuada. En la Catedral de Santiago de Compostela se encuentran algunas esculturas de sirenas tanto en el exterior como el interior del edificio, realizadas en el periodo románico. Sin embargo, en el Renacimiento las figuras de las sirenas resurgieron como símbolo de belleza, seres misteriosos y sensuales.

Tanto en manifestaciones pictóricas como en escultura, la iconografía, ya distinta, aparecen con cabellos largos y hermosos cuerpos. El escultor flamenco Juan de Bolonia (1529-1608) también conocido como Giambologna las representa en la Fuente de Neptuno (Bolonia) de manera elegante y majestuosa con cierto exotismo fascinante. 

Más allá de verlas como simples símbolos de tentación, en este periodo, en el que la filosofía y la visión de la vida y del hombre distaba mucho de la época anterior, las sirenas ponen de manifiesto temas como la moralidad, la dualidad entre la razón y el deseo, la ambigüedad de la feminidad o la pureza.

En el siglo XIX, el tema inspiró a varios pintores. El inglés William Etty (1787-1849), maestro del romanticismo británico y defensor de la belleza femenina, hermosa en su desnudez frente a la moral victoriana del momento, presenta a las sirenas completamente humanizadas y con gran sensualidad en su monumental obra Las sirenas y Ulises (1837).

William Etty, Las sirenas y Ulises (1837). Manchester Art Gallery, Reino Unido.

Etty las representa como tres mujeres atractivas y voluptuosas sobre una roca y rodeadas de cadáveres en descomposición, como consecuencia de lo que representa el precio mortal de su encanto y tentación. El pintor capta el momento en el que las sirenas entonan su canto alzando sus brazos de manera seductora. Erotismo, belleza, tentación y peligro; una obra considerada como demasiado provocadora por los críticos de la época. Hoy en día se conserva en la Manchester Art Gallery y representa una de las obras más significativas del arte romántico.

Herbert James Draper (1863-1920) propone de nuevo el tema del Canto XII de La Odisea con la figura de Ulises atada en una composición dinámica en la que cabe destacar el contraste de luces y sombras. La obra, realizada siguiendo los gustos de la sociedad victoriana inspiraría a pintores posteriores.

Ulises y las sirenas. Herberg James Draper (1863-1920).

Otra representación magistral de la narración homérica la ofrece John William Waterhouse (1849-1917), pintor prerrafaelita, en su obra Ulises y las sirenas representa la historia de Odiseo en una composición dramática, con aguas turbulentas y grandes acantilados al fondo, el protagonista aparece, también en este caso, atado al mástil mientras los marineros reman con gran ímpetu para alejarse de las islas de las sirenas, las cuales, con actitud amenazante aparecen como figuras mitológicas siguiendo el relato clásico.

Ulises y las sirenas, John William Waterhouse.(1891).

Gustave Moreau (1826-1898) realizó varias versiones sobre el relato de las sirenas; por citar alguna de ellas, Le siréne et le poète, actualmente en el Musée d´Orsay en París.

En 1913 se inauguró la escultura de La sirenita ubicada en el Paseo de Langelinie, en el Puerto de Copenhage en Dinamarca. Realizada por el prestigioso escultor danés Edvard Eriksen (1876-1959), fue encargada por los herederos de la cervecera Carlsberg, en homenaje al citado escritor Hans Christian Andersen. La original se encuentra en poder de la familia del escultor, para preservarla tras los destrozos que sufrió en varias ocasiones, por lo que la que se puede ver en el puerto es una copia.

Gustavo Morreau (1826-1898). Dos versiones sobre sirenas.

Por otro lado, las sirenas han sido una presencia recurrente y fascinante en el cine y la televisión de temática fantástica. Desde criaturas que arrasan a los marineros a la perdición, hasta seres que anhelan el amor humano. Una de las representaciones más icónicas es La sirenita de la factoría Disney estrenada en 1989 e inspirada en el cuento de Andersen. La comedia romántica Splash (1984), Piratas el caribe: En aguas misteriosas (2011) o La forma del agua (2017) son otros ejemplos cinematográficos que ponen de manifiesto el atractivo que estos seres han despertado a lo largo e los siglos y que aún perdura.

El mito de las sirenas, criaturas que nos han acompañado desde la Antigüedad; un mito que aún sigue presente en la vida moderna que nos recuerda el poder eterno de las tentaciones o, en el caso de la figura de Eriksen, el profundo anhelo que perdura más allá del tiempo, exhalando una melancolía profunda y serena.

 

                                                       

Málaga, 2026

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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