
«A los mayores de mi generación nos quedan pocas cosas que conseguir. Mi próxima meta es la de conseguir la tarjeta bisa»
Aquellos niños de la posguerra que andamos alrededor de los ochenta años hemos conseguido satisfacer los clásicos deseos: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Al paso de los años se aumentaron los logros al tener un nieto, (o dos decenas, como es mi caso).
No queda la cosa ahí. Mi próxima meta es la de conseguir la tarjeta “bisa”, que se te otorga cuando adquieres la condición de bisabuelo-a. La generación de mi familia que me precede ya la lograron hace tiempo. Ahora los “puretas” de mi generación estamos comenzando a conseguirlo. Ya tengo dos coetáneos que lo han logrado: Margarita y Joaquín.
Esto no depende de nosotros, sino de nuestros nietos. Que no están por la labor. Pero todo se andará. Por lo menos eso espero. La tarjeta visa es un artefacto que te arruina a la primera. La tarjeta de bisabuelo te hace volver a unos años atrás y te da un motivo para ser feliz.
Mientras escribo estas letras, recibo diversas felicitaciones por el “día del padre”. Los padres estamos tan “demodés”, que los que mandan han considerado que no tenemos derecho a una fiesta lucida. Supongo que tendrán motivos. El ser padre no consigue votos. ¡Qué le vamos a hacer! Hoy en día es más importante tener que ser. Lo de ser padre no se lleva.
Hoy reivindico a los bisabuelos-bisabuelas. Enhorabuena a los premiados.
