
«Israel lucha actualmente no contra el pueblo de Irán sino contra la tiranía impuesta que secuestró su historia»
Que Israel es el único estado democrático de Medio Oriente no arroja sombra de duda y que el califato iraní tiene el objetivo de aniquilar Israel tampoco resulta dudoso y de lanzar sus garras sobre Europa, tampoco me cabe duda.
La cultura persa, originaria de la antigua Persia, actual Irán, es muy rica y diversa, extendiéndose por un vasto territorio desde el Mediterráneo hasta la India. Se caracteriza por su arquitectura monumental, su arte detallado, su sistema administrativo y su sistema legal, además de su importante impacto en la cultura de la región que el islam árabe siempre ha pretendido anular tanto en Irán como el Afganistán y Pakistán.
El Imperio Persa, también conocido como Imperio Aqueménida, fue uno de los más grandes y poderosos de la antigüedad, extendiéndose por un territorio enorme y heterogéneo. Destacó por su sistema de gobierno centralizado y una administración eficiente, con una compleja burocracia que incluía gobernadores provinciales y un sistema legal universal. El arte persa, tanto en la época preislámica como en la posterior, muestra una rica iconografía, incluyendo figuras humanas, a menudo masculinas y reales, animales y motivos decorativos, alejados de la costumbre árabe. La cultura persa ha dejado una profunda huella en la región, incluyendo aspectos de la lengua, literatura, arte y costumbres a pesar de la expansión islámica que se expandió desde la península arábiga. Aunque la cultura persa adoptó el Islam, siempre conservó elementos de su antigua religión y tradiciones, subrayando que los persas fueron conocidos por su tolerancia hacia las culturas de los pueblos conquistados o vecinos, como judíos y cristianos, permitiéndoles mantener sus costumbres y tradiciones en muchos casos.
En cuanto a las relaciones ancestrales entre Persia e Israel nunca fueron antes de enfrentamiento a sangre y fuego, basta remontarse y avanzar desde los tiempos bíblicos teniendo Irán unas de las comunidades hebreas más antiguas. Israel e Irán fueron antiquísimos aliados. La propia Persia salvó a los judíos del exilio en Babilonia cuando el rey Ciro el Grande permitió que el pueblo judío regresara a su tierra en Jerusalén y reconstruyera su templo destruido. Por tal motivo el rey Ciro es denominado ‘ungido’, es decir mesías o «mashiach», pues el término alude y se aplica a un salvador o líder esperado.

En la Biblia, Ciro el Grande, rey de Persia, es reconocido como un instrumento de Dios para liberar a los judíos del exilio babilónico y permitirles regresar a Jerusalén para, como acabamos de decir, llevar a cabo la reconstrucción del templo. Aunque no es un judío, la Biblia lo describe como ungido por Dios para este propósito, cumpliendo así profecías sobre su reinado.
La Biblia, 2 Crónicas 36:22, relata cómo Ciro, libertador de los judíos, bajo la inspiración divina, emitió un decreto que permitía a los judíos regresar a Jerusalén y reconstruir el templo. Isaías 45:1-7 menciona a Ciro como el ungido de Dios, prediciendo su papel en la liberación de Babilonia y la restauración de Jerusalén, incluso antes de que Ciro naciera, por lo que con él se cumple una profecía. Ciro no solo permitió el regreso, sino que también devolvió los utensilios sagrados del templo y proporcionó fondos para su reconstrucción.
La Biblia menciona a Ciro por su nombre 23 veces y hace alusiones a él varias veces más, lo que destaca su importancia en la historia bíblica, incluso más que otros gobernantes como Alejandro Magno. «Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba».
El joven noble Daniel, el profeta, vivió en la Corte persa, fue llevado cautivo a Babilonia desde Jerusalén por Nabucodonosor II alrededor del año 605 a.C. y posteriormente sirvió a reyes persas como Darío el Medo y Ciro el Grande, su vida transcurrió principalmente en Babilonia. Algunas tradiciones posteriores sugieren que su tumba se encuentra en Susa, su vida y ministerio principal se desarrollaron en Babilonia. La reina Esther salvó a su pueblo siendo reina de Persia, aliada y refugio de Israel, fue parte de la restauración e historia de Israel. Esther, también conocida como Hadassah, fue una reina judía del Imperio Persa, famosa por su valentía y papel crucial en salvar a su pueblo de una masacre. Era huérfana, criada por su primo Mardoqueo, y se convirtió en reina después de que el rey Asuero destituyera a su anterior reina, Vasti. Esther arriesgó su vida para revelar un complot para exterminar a los judíos y logró evitar la tragedia.

La historia de Esther se narra en el libro bíblico que lleva su nombre, donde se destaca su valentía, fe y determinación para proteger a su pueblo. Ella, junto con Mardoqueo, expuso un plan malvado tramado por Amán, un consejero real que buscaba la destrucción de los judíos. A través de su influencia y la ayuda de Mardoqueo, Esther logró revertir la orden y permitir que los judíos se defendieran. La historia de Esther es celebrada como un triunfo sobre la adversidad y un testimonio de la protección divina.
Pero no solo debemos quedarnos en la historia bíblica o antigua, pues hasta 1979 Irán e Israel mantuvieron estrechas relaciones diplomáticas, comerciales, militares, turísticas, con activa embajada y consulados además de acuerdos estratégicos, junto con un profundo respeto y sincero cariño mutuo, viendo a Irán desde Israel como un socio clave y fiable en Oriente Medio.

El pueblo iraní nunca fue enemigo del pueblo de Israel, hasta que todo cambió con la revolución islámica que sembró la semilla del odio desde aquel 1979 que desembocó en el derrocamiento de la dinastía Pahlaví y la deposición del sah Mohammad Reza Pahleví.
La revolución, liderada por el ayatolá Jomeini, hasta entonces en el exilio en Europa, supuso la instauración de la república islámica vigente hoy en el país, gracias al apoyo de organizaciones izquierdistas europeas e islamistas, además de los movimientos estudiantiles radicalizados por el islam político.
El nuevo régimen teocrático rompió acuerdos, cerró embajadas, declaró la guerra a Israel y a todo Occidente que había tenido acogido a Jomeini, exiliado de Irán en 1964 y que vivió en varios lugares antes de regresar en 1979. Primero, fue exiliado a Turquía, luego a Irak en 1965, y finalmente a Neauphle-le-Château, Francia, en 1978.

El régimen teocrático ha estado en guerra santa declarada desde su nacimiento basándose en una teología islámica radical, y desde entonces el régimen de los ayatolás intenta reescribir la narrativa histórica, aunque la verdad es que el pasado nos deja la auténtica memoria de un pasado fuerte en el que la auténtica Persia, Irán, no nació del odio sino de la justicia, de la libertad y de la convivencia.
Si Israel no hubiese dispuesto de su magnífico escudo de defensa aérea hoy no existiría, pero Irán ha seguido alimentando el terrorismo islámico en todos los lugares donde ha podido regar la semilla maldita del odio hacia cristianos y judíos. ¿Alguien alberga alguna duda de lo que sucedería si en los regímenes islámicos y también comunistas se premitiese el apostolado cristiano?
Por eso discrepo de las críticas al ya advertido contraataque israelí, estoy totalmente de acuerdo con el esfuerzo militar israelí ejecutado sobre Teherán. Tiene todo el derecho y lo ha ejecutado quirúrgicamente. Espero sea de ayuda para que el pueblo iraní se libere de los ayatolás, un régimen tiránico, pieza clave en la búsqueda del califato universal. Todo lo que sea enfrentar de cara el Islam, la «no religión», debe ser bienvenido para combatir y acabar con lo que es, un sistema político cuyo proyecto y objetivo no es otro que el control individual y social en todo el planeta. No hay otra y no caben medias tintas. Israel lucha actualmente no contra el pueblo de Irán sino contra la tiranía impuesta que secuestró su historia y por la memoria de todo lo que Irán e Israel fueron.
