
«Ayer me sorprendió la noticia de que en Málaga solo hay once seminaristas»
Aun recuerdo con añoranza la riada de seminaristas que bajaban por calle de la Victoria en dirección a la Catedral allá por mis años de adolescencia. Dos filas de jóvenes ensotanados y ataviados con una beca roja, lo que dio pie a llamarles los “salmonetes”.
Eran otros tiempos. No se si habían más vocaciones o se consideraba la carrera eclesiástica como una salida profesional accesible más. El caso es que varios de mis amigos ingresaron en el Seminario y ninguno acabó siendo sacerdote.
Nos encontramos en una sociedad muy laicalizada y cuya juventud se encuentra muy lejos de los ámbitos en los que se cultivan las vocaciones. Ciertamente Málaga es una ciudad con una acendrada religiosidad popular, pero esta no se corresponde con una vivencia especialmente cercana a la inquietud por la vida sacerdotal o monacal.
Hoy se celebra el día del Seminario. Los once seminaristas que ocupan una mínima parte del maravilloso seminario que construyó el Obispo San Manuel González, se reparten por los templos y aparecen por los medios, a fin de hacerse presentes y pedir oraciones, vocaciones y apoyo económico para una necesaria ampliación y renovación del clero de nuestra ciudad, bastante deficitaria de vocaciones.
Estimo que el sacerdocio debe adaptarse de acuerdo con el “signo de los tiempos”. Un “aggiornamiento” que se hizo patente en el Concilio Vaticano II. Pero todo ello nace de la vivencia dentro de una familia cristiana, que se preocupe más de la evangelización que de la sacramentalización. En la que no se viva un cristianismo de momentos puntuales.
Necesitamos pastores cercanos, que vivan en el mundo real y estén cerca de los más necesitados material y espiritualmente. Creo que en el Seminario actual se trabaja duramente en ese sentido. Aunque la nómina de los sacerdotes disminuye excesivamente cada año, nos queda la esperanza de que el relevo cubra con creces las necesidades espirituales de nuestra Iglesia.
La buena noticia de hoy, me la transmite ese equipo (11 participantes, no hay ni suplente) de seminaristas, llenos de fe e ilusión. Ayer conocí a uno de ellos, un joven colombiano con una presencia y un discurso que me llenó de esperanza. Estoy seguro de que nunca faltaran pastores en el rebaño cristiano. Personas formadas y con vocación que nos orienten y acompañen en un futuro lleno de incertidumbre.
En ellos deposito mi esperanza.
