
«La página de nuestra historia de los españoles en la Cochinchina bien podría reflejarse en un film o sobre el lienzo de nuestros excelentes pintores»
A petición de un buen amigo vuelvo a este relato que publiqué en 2015 y sobre el que en el mismo año realicé una intervención radiofónica.
La península de Indochina ha estado conformada por varios reinos a lo largo de los siglos, conocidos como Siam, Camboya, Birmania y Laos, que han sido los más estables de todos y los que han perdurado hasta la actualidad, aunque también existieron otros como los reinos de Lau Na, de Lawack y alguno más que desaparecieron antes de terminar el siglo XVI, el de la gran expansión ultramarina española, en el que unos soldados españoles y portugueses vivieron una gran y desconocida aventura en Camboya y Siam que generó dos expediciones desde Filipinas y estuvo a punto de culminar con la conquista del reino de Camboya para España.
Esta historia, todavía casi una desconocida, fue publicada por primera vez por Cesáreo Fernández Duro en el número 35 del Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, en el segundo semestre de 1893. En estas sencillas líneas pretendemos recordar los avatares de un grupo de soldados ibéricos por las lejanas y míticas tierras de Indochina. Hacia finales del siglo XVI, el antiguo Imperio Khmer se encuentra en un periodo convulso y de franca decadencia. Ya pasado su periodo de máximo esplendor, siglos IX al XII, sus gobernantes dominaban Vietnam, Birmania y la península de Malaca, el Imperio Khmer entra en claro declive. Una grave crisis económica y la pujanza del budismo, le dieron el golpe de gracia. Los Emperadores dejaron de ser divinidades y su poder se resintió. Angkor Vat, la capital del Imperio fue abandonada en el siglo XV.

Hacia finales del XVI, el Estado Khmer había perdido gran parte de sus características nacionales y todo su vigor, estando muy influenciado por su vecino, el Reino de Siam. Mucha gente viaja hoy día a Indochina en búsqueda de las míticas ruinas olvidadas de Angkor Wat, sin saber que unos pocos años después de la llegada española a América un español, Blas Ruiz, llegó a ser nombrado gobernador de una de las provincias de la Cochinchina.
Tendría que pasar la mitad del siglo XIX, para que Occidente recuperara la memoria sobre la existencia de los lejanos y misteriosos templos de Angkor, todo ello gracias al explorador francés Henri Mouhot, sin saber que unos trescientos años antes, los españoles ya habían desvelado la belleza y majestuosidad de aquellos legendarios templos. En realidad, el honor de ser los primero europeos en poder admirar la grandiosidad de Angkor, perteneció a los misioneros españoles, Gabriel Quiroga de San Antonio y Diego Aduarte, quienes ya narraban en sus cartas dirigidas al rey Felipe III a principios del siglo XVII, las experiencias vividas en Camboya por aventureros españoles llegados a ese reino a finales del XVI en busca de fortuna y nuevos territorios para la Corona de España.
Corría el año 1567, cuando los primeros misioneros llegaron a Siam, hoy Tailandia, y con ellos los dominicos Jerónimo de la Cruz y Sebastiao do Canto, aunque serían martirizados y asesinados solo dos años después de su llegada. Pero fue en 1592, siendo gobernador de Filipinas Gómez Pérez de Dasmariñas, cuando encontramos al que probablemente es el español más olvidado de entre los que buscaron una nueva vida en aquella tierra tan lejana y envuelta de misterio. Nos referimos a Blas Ruiz de Hernán González de quien se dice que era natural de La Calzada en Ciudad Real. Blas de Ruiz, comienza sus aventuras marchando a América muy joven donde contrajo matrimonio con una mujer muy rica, para a continuación viajar a Filipinas, con la fortuna pero sin la mujer. Allí, con sus propios recursos adquiriría un navío, para luego reclutar su tripulación y tropa marchando a Camboya en busca de la fortuna, riqueza y poder.

Podemos imaginar que Blas Ruiz fue uno de tantos que sintió la llamada de las Molucas desde Nueva España, desde donde partiría en busca de la fortuna. Lo cierto es que la primera noticia sobre Ruiz se cifra en 1595 como presente en Lonvek, capital de Camboya, al lado del rey en guerra con su vecino el rey de Siam. El rey de Siam se presentó de improviso con numeroso ejército, invadió el país, y en poco tiempo se enseñoreó de él, tomando la casa real y sus tesoros, por lo que los supervivientes de la familia real huyeron al reino de Laos.
Blas Ruíz de Hernán González es un hombre oscuro y desconocido que sólo por coincidencia se encuentra en alguna crónica particular relativa a las Islas Filipinas. Lo cierto es que fue un guerrero valeroso cuyo nacimiento y naturaleza no se conoce con total certeza. Sus hechos, la época y la lejanía del teatro en el que se realizaron sus hazañas bien podrían dar para un guión cinematográfico que relatara sus proezas.
Como aventurero de la época su ambición corría pareja a su voluntad de vencer y arrojo, dotado de una gran y superior inteligencia, de una nobleza natural y que con la sola ayuda de sus manos recorrió los reinos orientales de Siam, Camboya y Tonquín, mantuvo guerras, conquistó territorios y realizó actividades diplomáticas con los príncipes indígenas bajo el proyecto de someterlos a España. En su primer viaje al continente asiático, Ruiz marchó hasta Lovek que era la antigua capital de Camboya situada justo al sur de la actual Phnom Penh. Allí conoció a Diego Belloso, un mercenario portugués, nacido en Amarante, que se encontraba al servicio del rey Satha Iº, o Apram para los españoles, de Camboya. Mientras Ruiz permanecía en aquel territorio, Lovek sería invadida por tropas del reino de Ayutthaya, Siam. Bajo su reinado llegó el portugués Diego Belloso con un puñado de hombre constituyendo la Guardia Real y reuniéndose con el manchego Blas Ruiz en 1592. Los dos hombres se convirtieron en favoritos de este rey que es nombrado por los autores portugueses como Apram Langara o Prauncar Langara.

En la Breve y Verdadera Relación (fols. 10r-10v) podemos leer:
«Con esta [fe] se crió el rey Apram Langara y con el trato y comunicación de los portugueses, principalmente de los religiosos, deseó mucho ser cristiano. Estaba en este tiempo en su Corte Diego Belloso, natural de Amarante, Pantaleón Carnero, natural de Lisboa, y Francisco Machado y Blas Ruyz, natural de la Calzada, junto a Ciudad Real, y antes de la guerra que con el Siam tuvo sobre el elefante blanco comunicó con ellos su deseo, que era ser cristiano él y todo su reino».
En 1593, la Corte de Camboya anda revuelta y con problemas, Siam ataca con su rey Prha Naret Suen a la cabeza, ocupa el reino de los Khmer y derrota a su rey Apram Langara, o Satha, que como decimos huiría al vecino Laos con toda su familia. Mientras tanto, un familiar del rey, Prabantul (Hancar Prabantul, Chung Prei o Anacaparan según la documentación española), se rebeló contra los siameses, derrotándolos y ocupando Prabantul el trono de su primo. Ante este suceso, el legítimo rey Apram, pidió ayuda a los españoles que residían en Camboya con unos cuantos comerciantes portugueses, entre los españoles se encontraba nuestro manchego Blas Ruiz a quien Apram nombraría como embajador para enviarlo a Manila para solicitar ayuda. Los extranjeros de la corte cayeron prisioneros de los siameses, el castellano Blas Ruiz y los portugueses Diego Belloso, Pantaleón Carnero y Antonio Machado, siendo elegido Belloso, convertido en rehén real, para acompañar por tierra a los vencedores en el regreso a Siam. Los otros tres fueron embarcados en un junco chino de guerra tripulado por chinos y siameses, con destino a la ciudad de Odia, antigua capital de Siam, donde iba lo más rico del botín aprehendido en los saqueos.
Conociendo la rapacidad de los chinos Ruiz les insinuó el buen negocio que supondría quedarse con el botín, los cautivos convencieron a la tripulación china para quedarse con el botín del barco, y ayudados por prisioneros camboyanos exterminaron a la guardia siamesa poniendo rumbo a Malaca, Malasia. Allí se enfrentaron con los chinos y tras su victoria arrumbaron hacia las Filipinas, dirigiéndose a la capital, con un valioso botín que le fue reconocido a Ruiz. Por otra parte, el rey de Siam, que esperaba el botín vio que el junco no llegaba con los tres prisioneros, se dejó convencer por Diego Belloso, para despacharlo a Manila y que averiguar el paradero de la nave y los prisioneros desaparecidos. Al mismo tiempo que llegaba Ruiz a Manila lo hacía una embajada enviada por el rey de Siam, se trataba de la encabezaba por Diego Belloso, hasta ese momento prisionero en la Corte de Siam. El objetivo de esta Embajada era lograr que los españoles de Filipinas no entraran en el conflicto entre Siam y Camboya. Cuando llega Belloso a Manila se encontró con Ruiz y allí ambos urdieron el plan de regresar a Camboya para restaurar al rey Satha en su trono de Lovek.

Los dos aventureros convencieron al ya gobernador de Filipinas en Manila, Luis Dasmariñas, hijo del anterior gobernador Gómez Pérez Dasmariñas, quien decidió apoyar al destronado monarca Camboyano y fletar una expedición a Camboya, que zarparía el 19 de enero de 159 desde el puerto de Manila, con un galeón mandado por Juan Suárez Gallinato, y dos juncos gobernados uno por Ruiz y otro por Belloso con 120 hombres, y algunos mercenarios japoneses además de tres dominicos en tarea evangelizadora: fray Alonso Jiménez, fray Diego de Aduarte, Fray Gabriel de San Antonio, quienes relatarían la empresa, y por quienes se tienen noticias de esta impresionante aventura. También iba embarcado el lego Juan de Deza, barbero y cirujano. Diego Belloso y Blas Ruiz, los dos embajadores forzados, estaban convertidos ahora en capitanes de mar y de tropas. La pequeña expedición quedó dividida por una tempestad, los juncos llegaron a la desembocadura del Mekong en Camboya sin demasiados problemas, al contrario que el Galeón de Gallinato que acabo en Singapur, con el aparejo y las cuadernas muy maltrechos. Gallinato se quedó allí para reparar los desperfectos perdiendo el contacto con Belloso y Ruiz. Entre los dos Juncos sumaban sesenta españoles y veinte japoneses, una fuerza irrisoria para una intervención.

Los expedicionarios remontaron el río Mekong hasta la capital donde encontraron un país dividido en distintas facciones y gobernado por un nuevo rey, el usurpador Anacaparan, Ram Joen Brai o Prabantul (Prabantul o Ram Mahapabitr). Al llegar a la capital fueron recibidos por el rey usurpador, quedando Ruiz como Jefe de la expedición por su condición de español y Belloso, portugués, como su segundo. Las órdenes que traían era tratar de resolver el problema dinástico entre familiares de un modo pacífico, actuando como árbitros en el asunto y sacando ventajas comerciales o algún tipo de beneficio para los intereses de la Corona, como muestra de buena voluntad, entre otros muchos regalos, el Gobernador de Filipinas enviaba a Camboya un animal rarísimo y exótico para el país, un burro.
Al ir a desembarcar, los soldados les amenazaron con matarles, pero Ruiz y Belloso no se dejaban asustar fácilmente, esperaron a la noche, saltaron a tierra por sorpresa, incendiaron el palacio, dando muerte a un gran número de personas entre las que se encontraba el nuevo Rey tal como se relata a continuación. Ram Joen Brai, rey usurpador de Camboya reinó bajo el nombre de Preah Ram Iº Mahapabitr, desde 1594 a 1596. Era un pariente lejano de la familia real que reuniendo un grupo de partisanos, y una vez que el rey Satha Iº y su heredero Chey Chettha Iº abandonaron Lovek, se hizo con el poder tras asesinar al gobernador siamés, estableciendo la capital en Srey Santhor. Ram Iº buscó los servicios de Diego Belloso y Blas Ruiz autorizándoles a atravesar el reino.

El 12 de abril de 1596 estalla una pendencia entre los españoles y portugueses con marineros chinos, ante la cual el rey decide permanecer al margen y que los extranjeros se arreglen entre ellos, por lo que finalmente se desencadena un combate callejero que termina con todas las naves chinas en manos españolas. La colonia china contaba con más de 3.000 personas que vivía en la capital, en su mayoría dedicados al comercio y que de inmediato vieron a los españoles como rivales y empezaron a hostigarlos, planteando Blas Ruiz el problema al rey para evitar un enfrentamiento directo. Prabantul se quitó de en medio, decidió que arreglaran los extranjeros sus diferencias entre ellos, pero el ataque a tres españoles por parte de los chinos colmó la paciencia de Blas Ruiz, el resultado fue una escaramuza en plena capital con más de 300 chinos muertos.
Belloso solicita de inmediato audiencia al rey para explicar el comportamiento de sus hombres pero Ram Iº ordena que de inmediato se restituyan las mercancías, barcos a los chinos y la presencia inmediata en su palacio de los capitanes españoles por lo que acto seguido Blas Ruiz se encaminó hacia palacio con 40 de sus hombres fuertemente armados sospechando que se les preparaba una encerrona. Se desencadenó un asalto al palacio real y su incendio, en el que Ram Iº, Anacaparam, aparece muerto de un arcabuzazo, con su hijo, de un disparo en la cabeza durante los disturbios desarrollados en los días 11, 12 y 13 de mayo de 1596. Una multitud se lanzó en persecución de los españoles, que batiéndose en retirada y dando el frente a los perseguidores consiguieron llegar hasta los barcos a orillas del río.
Entre tanto, había llegado Suárez Gallinato con el resto de la expedición, el cual en lugar de aliarse con los partidarios del rey legítimo Apram, y aprovecharse de la situación, consideró más prudente marcharse de Camboya para evitar nuevos enfrentamientos dado que estaban prácticamente sin víveres. En su viaje de vuelta no les quedó más remedio que descender aguas abajo por el Mekong, bordear la costa, y llegar a los alrededores de la actual Saigón, donde los mercaderes no les querían vender provisiones por lo que los españoles las acabaron tomando por la fuerza de las armas, hecho ocurrido en lo que se conocía como Cochinchina, concretamente en el puerto de Chua Chang.
En este puerto encontraron semidestruida la nave en la que había encontrado la muerte el gobernador Gómez Pérez, padre del actual Gobernador de Filipinas, que se había puesto al frente de la expedición en socorro a las Molucas, y cuyo tripulantes se le habían rebelado y desertado. Allí los marineros chinos de la nave se sublevaron a su vez y mataron a todos los castellanos, huyendo luego hacia Cochinchina. Gallinato se enteró que el estandarte real de la nave y su cargamento estaba en manos del Rey de Tonkin y envió a uno de sus hombres, Gregorio de Vargas, con la misión de recuperar bandera y cargamento alcanzando su objetivo.
En el puerto de Chua Chang hubo incidentes entre la tropa japonesa, de barcos allí recalados, y españoles que se solucionó mediante la mediación de los capitanes de ambos grupos. A pesar de lo cual hubo conflicto con una pequeña escuadra japonesa que atacó a los españoles con buques provistos de artillería, que a pesar de lo cual fue derrotada y puesta en fuga. Gallinato harto de enfrentamientos, el 4 de septiembre de 1596 partió hacia a Manila, donde casó con una rica viuda, no sin antes ser atacado su barco por siete juncos piratas, muriendo tres soldados castellanos, pero a su vez acabando con los atacantes. Una vez reanudado el accidentado viaje, el rey de Sumatra los quiso contratar como mercenarios para una guerra contra el rey de Malaca pero andaban tan cansados y maltrechos tras tanto combate que solo querían volver a Filipinas, a donde llegaron en Mayo de 1597. Entre tanto, Blas Ruiz había partido hacia Laos en busca del rey legítimo Apram.
Belloso y Ruiz perseguían la idea de seguir en la conquista de Camboya, por lo que antes de la marcha de Suárez Gallinato le pidieron que les desembarcara en la costa de Cochinchina, Gallinato accedió y ambos aventureros se dirigieron por tierra hasta Alachan, Lant-Chang hoy Vientianne capital de Laos. Al llegar a su destino supieron que Prauncar Langara el rey Camboyano en el exilio y sus dos hijos mayores ya habían fallecido, quedando el hijo pequeño Prauncar, su madrastra, su abuela y sus tías. El problema era que en Camboya se había proclamado rey el hijo del usurpador Prabantul, de nombre Chupinamu, siendo preciso destronarlo, por lo que Belloso y Ruiz hicieron circular la falsa noticia de que se esperaba la llegada de una flota desde Filipinas y otra desde Malaca con mercenarios. Tampoco descuidaron otras tácticas y compraron a dos Generales camboyanos para que cambiaran de bando.
Convencieron a la familia real para ir a la conquista y recuperación del trono de Camboya, con la ayuda del Mandarín Ocuña-Chu, 6000 laosianos, y los jefes Lacasamana, y Cancona. Bajo el mando de Ruiz y de Belloso, consiguieron poco a poco someter las distintas provincias y sujetar a los mandarines, acabando por coronar y restituir al rey niño Prauncar, legitimo en su trono. Con estas artes y mucho riesgo, recuperaron el trono de Camboya, Chupinamu el hijo del usurpador huyó al verse traicionado por sus Generales siendo asesinado el abril de 1597.
En premio a su audacia y valentía la familia real les nombró a Ruiz y Belloso gobernadores de las provincias de Tran y Bapano. Prauncar, conocido así en las fuentes españolas, segundo hijo de Satha Iº, después de la muerte de su padre y hermano mayor Chey Chettha Iº y tras la eliminación del usurpador Preah Ram Iº por Diego Belloso y Blas Ruiz se hizo reconocer como rey en 1596. Desgraciadamente las luchas por el poder se habían mantenido latentes, las envidias por la posición política de Ruiz y de Belloso dieron lugar a ataques contra los españoles, hasta que un día las fuerzas de Laos atacaron el cuartel general español, matando a un fraile y algunos de los japoneses que habían venido con ellos desde Manila. Ruiz y los suyos decidieron vengarse dando muerte a Cancona y a algunos mandarines.
Prauncar nombró a Diego Belloso gobernador de de Ba Phnum en la provincia de Prey Veng, y a Blas Ruiz de la ciudad de Treang, en la provincia de Takev y autorizó la presencia de misioneros católicos, llegando una embajada a Manila en agosto de 1598, Pérez Dasmariñas decide mandar dos religiosos junto con 200 soldados españoles a Camboya. La flota española de refuerzo que había dejado Filipinas en septiembre de 1598 sufrió una tempestad siendo arrojada a China, cerca de Cantón, debiendo regresar a Manila por Macao. La expedición, en tres buques fue un desastre, uno de los navíos se hundió, salvándose solo el piloto. Otro pierde parte de la tripulación, pero logra llegar a Tagayan, en las propias Filipinas. El Tercero acaba en la costa de Kwantung, en China, sus tripulantes consiguen salvarse pero se pierde el barco. Tras pasar incontables calamidades son rescatados por un junco que parte de Macao. El Gobernador de Filipinas organiza otra expedición, esta de dos buques, al mando de los Capitanes Luis Ortiz del Castillo y Luis de Villafañe. Llegados sanos y salvos a Camboya, son muy bien recibidos por Ruiz, Belloso y el puñado de españoles que quedan. No así por la Corte Khemer.

Una fragata y dos navíos se reunieron en los Cuatro Brazos, Quatre Bras, o Chaktomuk, cerca de la actual Phnom Penh en octubre de ese mismo año pero las tripulaciones entran en conflicto con los malayos de la región. El Rey Prauncar, aunque muy joven, era aficionad a la bebida dejando el gobierno del reino su madrastra, la viuda del difunto rey Apram y amante de uno de los generales que se habían dejado corromper por los españoles. Este General, Ocuña, vio con muy malos ojos la llegada de refuerzos desde Filipinas y temió por su posición de favorito. Con diferentes pretextos obligó a los dos buques españoles a remontar el Mekong y volver a la costa, Ruiz intercedió ante el joven rey que no hizo nada. Volvieron a la costa los buques, al poco tiempo fueron atacados por las tropas de Ocuña, mercenarios malayos mahometanos, fuerzas bien entrenadas y dotadas de artillería. Los dos frailes dominicos y todos los soldados españoles sucumbieron, la derrota fue total y completa. El rey envía a los dos gobernadores ibéricos que acababan de poner fin a la revuelta de los Cham musulmanes para restablecer el orden.
El apoyo para ayudar a los españoles llegó demasiado tarde para salvar a sus compatriotas Belloso y Ruiz que a su vez son masacrados. En la capital, Ruiz y Belloso, con los soldados que quedaban se hicieron fuertes en sus casas fortificándolas, pero el ataque de los Malayos de Ocuña no se hizo esperar, resultando muertos todos los españoles. El joven rey decide entonces vengarles pero muere en el primer enfrentamiento con los rebeldes en Pot-Rat antes de finalizar 1599.
La situación política y el poder de los dos guerreros ibéricos condujeron a frecuentes enfrentamientos entre españoles y malayos. El conflicto se generalizó, los malayos y la muchedumbre se lanzaron sobre españoles, portugueses y japoneses. Acorralados, murieron todos a excepción de Juan de Mendoza que consiguió hacerse al mar y huir a Manila para dar cuenta de lo sucedido. Después de muertos los españoles, y el asesinato del rey el país quedó sumido en la absoluta anarquía. Y así, sin haber obtenido al final ninguna ventaja política o comercial para la corona española, acabaron las expediciones españolas al reino de Camboya.
Muchas son los relatos y las leyendas en torno a la mágica ciudad de Angkor, que sirviendo de inspiración para algunos versos, en nuestro caso, para el insigne poeta español Luis de Góngora, e incluso se dice que estos relatos de los primeros aventureros españoles en la Cochinchina, sirvieron de base para uno de los episodios del Quijote, de Miguel de Cervantes.
A muchos historiadores e investigadores les sorprende que inscripciones y documentos hallados en Camboya, donde se sigue la norma no escrita de la indiferencia hacia la historia, recojan las aventuras de Ruiz y Belloso, quienes son presentados como “hijos adoptivos de Satha”. Tanto es así, que en recuerdo de los españoles, un grupo de camboyanos levantó el pasado siglo, en el lejano 1934, justo a la salida de Neak Luong, al borde de la carretera que une Phnom Penh con la frontera vietnamita, un sencillo monolito o memorial en honor y recuerdo de aquellos dos aventureros, y sus seguidores capitaneados por Ruiz y Belloso.
Tras estos acontecimientos, y sin haber obtenido al final ninguna ventaja política o comercial acabaron las expediciones españolas al reino de Camboya. En Filipinas se perdió el interés por este reino visto los problemas y enredos que había traído consigo, no sin que antes propusiera Álvaro de Sande a Felipe II la movilización de 1000 voluntarios de los Tercios Viejos como fuerza de avanzada, para intentar una invasión a China. Una curiosa e interesante historia de aventuras la de estos españoles en el extremo de Asia, que buscaron la fortuna y que encontraron el infortunio. Este sencillo relato nos puede servir como meditación, sobre todo hacia nuestros cineastas y pintores, y si hubo una novela escrita por Ruydiard Kipling de la que se ha hizo una notable película: El hombre que pudo reinar, esta página de nuestra historia bien podría reflejarse en un film o sobre el lienzo de uno de nuestros excelentes pintores donde quedara la impronta y memoria de la historia de Blas de Ruiz y su amigo y camarada portugués Diego Belloso. Eso sí… ese objetivo cinematográfico sólo podrá tener visos de cumplirse cuando el mundo de la ‘cultura’ en el Estado sea saneado de parásitos afines al totalitarismo radical que viven del cuento y cuyas películas no ve nadie.
