
«Hay veces en las que se nos hace difícil dar una respuesta coherente, sobre todo en los temas de fe»
Mi primera duda se me presentó cuando una señora italiana, amiga mía, que presenciaba por primera vez los desfiles procesionales malagueños, me planteó su extrañeza al observar la presencia de fuerzas militares armadas en una procesión. Me sentí impotente para justificar un hecho que nunca había analizado y que está incluido en nuestra cultura; que pertenece al acervo malagueño desde siempre. No quedó demasiado satisfecha con mi respuesta.
Por otra parte compruebo el contraste entre la multitud de espectadores que asisten a los desfiles procesionales y la escasa participación de los fieles en los Oficios de Semana Santa. Un número inferior a los que asisten a la Misa dominical. Se salva la celebración de la Vigilia Pascual, a la que cada vez acuden más fieles.
Esta fuerte disparidad se presenta también cuando se habla en serio de la fe, las creencias y la religiosidad. La mayoría esgrimimos un batiburrillo mental que acaba por clasificar a los creyentes en beatos, capillitas, “semanasanteros” y creyentes no practicantes. Una sociedad más basada en la sacramentalización puntual (bautizos, bodas, comuniones) que en la fe profunda y meditada. Por otra parte nos encontramos agnósticos y ateos militantes que no dudan en participar o asistir a los desfiles procesionales.
La respuesta que nos dan muchos de aquellos a los que interrogamos sobre su fe, es que “creen en Dios, pero no en los curas ni en las monjas”. Pues que le vamos a hacer. En el Credo se nos habla claramente en la Iglesia. He encontrado en la IA una definición de la misma, creo que muy acertada: “congregación de fieles cristianos bautizados que constituyen el «cuerpo de Cristo». Ahí entramos todos. Los buenos, los malos y los regulares. Los curas y los seglares.
La buena noticia es que Jesús ha resucitado para todos nosotros. Si esto no fuera cierto, “vana sería nuestra fe”. Estoy convencido de que a lo largo de esta Semana Santa, creyentes o no, espectadores o actores de los actos litúrgicos y procesiones, todos, nos hemos sentido llamados en algún momento al seguimiento de Aquél que murió por nosotros. No podemos privar, bajo ningún concepto, a nadie, militares o paisanos, jóvenes o mayores, del mensaje de Jesús transmitido por la catequesis callejera en forma de representación iconográfica de paisajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que hemos conmemorado a lo largo de esta semana.
Estoy convencido que Jesús y su Madre se han sentido muy felices en medio de la multitud, sigo pensando que, con sus defectos y sus virtudes, la celebración de la Semana Santa es maravillosa. Cada uno a su manera.
Termino deseándoos una Feliz Pascua de Resurrección para todos.

