Conversaciones en el andamio. Mbappé y sus circunstancias. Por Francisco Gómez Valencia

Mbappé y sus circunstancias.

«Los de aquí arriba confiamos en que sea abucheado de por vida lo que le quede en España como jugador de fútbol»

Suponemos que a ciertos millonarios y multimillonarios se les despierta un sentimiento indescriptible que los hace sufrir de forma fija discontinua como ser humano ante las desgracias ajenas mucho más que si no se es millonario o multimillonario.

Suponemos igualmente que una vez que muestran ese sentimiento desgarrador ante la opinión pública o interesadamente hacia sus fans, al mismo tiempo pasan página casi de inmediato y se ocupan en otras cuestiones de esas con las que a los millonarios y multimillonarios se les pasan los berrinches.

Suponemos igualmente que hay millonarios y multimillonarios con dificultades para entretenerse después de sufrir esos momentos de empatía que los carcome por dentro y por eso, al sufrir en demasía por las injusticias en el mundo colapsan también de manera fija discontinua con tanta intensidad, que necesitan sufrir crisis mentales para después mientras lo cuentan en público (previa firma de algunos contratos por ello mismo), crecer a título personal para servir de ejemplo para la parte de la humanidad que disponen de menos neuronas.

Suponemos que alrededor de los millonarios y multimillonarios pululan mogollón de asesores personales en cuyas cabezas inicialmente determinados gestos les parecen una genialidad, aunque después cuando perciben la reacción iracunda de la opinión pública que no los hace ganar dinero directamente, sienten la necesidad de en vez de pedir perdón y reconocer su error, tratar de explicar a los que tienen alguna neurona más que sus fans, que sufren de incomprensión.

Llegados a este punto no somos capaces de afirmar si el dinero da la felicidad, aunque sí que creemos poder defender que poseer dinero en determinadas cuantías empodera los niveles de estupidez. A algunos se les nota en la mirada, a otros por sus gestos y operaciones, a algunos por sus absurdas expresiones y a tantos más sencillamente por sus iniciativas desinteresadas. 

Florentino dirige el club.

Dirigir el club de fútbol mas importante de la historia o portar su camiseta te obliga estar de acuerdo con el mensaje que comercializan. Pertenecer como marca comercialmente a otra marca superior registrada como un ente globalista, también. Está feo que una marca comercial obligue a sus empleados defender sus mensajes pues efectivamente la libertad personal debiera estar por encima de todo, pero algunos jugadores han decidido dejar se ser personas para convertirse en empresas, lo cual invalida al individuo o lo que es lo mismo, soplar y sorber va a ser que no. 

La marca comercial no debería poner en un brete a sus empleados, pero sí y siempre a sus valores patrimoniales, a sus socios comerciales, y a sus clientes y proveedores  pues todos aceptan las condiciones contractualmente. Se puede ser bobo, imbécil, desagradecido o sencillamente una marca comercial con forma de jugador de fútbol francés de origen africano (o brasileño en su defecto con sus legítimos intereses como marca comercial).

Conozco muchas empresas que rezuman estupidez por los cuatro costados y desgraciadamente muchos más trabajadores de las mismas que hacen suyas las ideas de quienes les pagan, ergo, se trata de una cuestión muy sencilla: el mundo está lleno de empresas estúpidas, plenas de trabajadores más estúpidos aún que aceptan ponerse de parte de personalidades a las que o contratan para que sean su imagen, o anhelan parecerse en lo personal a alguien que vive de lo superficial. Así están las cosas y así se las hemos contado. 

La gente corriente iracunda no les hace ganar dinero.

Uno puede ser de este o aquel equipo, de este o aquel partido, de este o aquel grupo social pero ciertas cosas son impepinables. 

En la Francia se decía aquello de libertad, igualdad y fraternidad”. Después Hitler los dejó hechos unos zorros. Tras la ocupación nazi el mariscal Petain cambio el lema por “trabajo, familia y patria” como ejemplo del conservadurismo, corporativismo y autoritarismo de la época. Hoy esa Francia casi ha desaparecido aunque es más que conocido que ciertas cuestiones afortunadamente para ellos están reverdeciendo no sabemos si por culpa de la inmigración  o por culpa de la inmigración. El caso es que administrativamente nuestros amables vecinos del norte siguen manteniendo gran parte de esos principios lo cual es curioso teniendo en cuenta lo que desde el poder político se pretende vender hacia el exterior. Lo del jugador de fútbol francés del equipo universal no es más que un ejemplo de lo que hoy se entiende como ejemplo de una Europa multicultural y globalizada. 

El franchute de los cojones no entiende de patrias, el jodido gabacho no sabe de corporativismos más aún desde su privilegiada posición económica y social, y el pseudoafricano, no entiende de mensajes que plantean el patriotismo como algo fundamental tal y como en ese podrido país defienden Marine Le Pen o Éric Zemmour.

El delantero Pichichi sencillamente está siendo coherente respecto a su animadversión hacia el concepto de “trabajo, familia y patria”. 

La culpa la tiene el equipo como corporación y aunque el jugador me parezca un auténtico gilipollas, como a los de aquí arriba solo nos interesa su existencia humana para que nos divierta jugando al fútbol, confiamos en que sea abucheado de por vida lo que le quede en España como jugador de fútbol, y que el otro cabreado porque la estúpida gente no le ría las gracias, le endose tres al aleti el próximo día y si le sale del bolo no los célebre como muestra de desacuerdo. Aunque como son como niños, se tocarán el bolo Manolo y el Aleti nos meterá la del pulpo.

Como si lo estuviera viendo… .

Feliz día de San José C.

Españazuela a 18 de septiembre de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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