Polémica y las cosas en su sitio: La Cuarta Cruzada. Por José Crespo

La Cuarta Cruzada. Miniatura de «Ogier the Dane». Antoine Vérard. Paris, Octubre, 1499.

«Sabemos de los dolorosos hechos acaecidos durante la Cuarta Cruzada y que supusieron posturas irreconciliables entre la Cristiandad de Oriente y Occidente»

Sabemos de los dolorosos hechos acaecidos durante la Cuarta Cruzada y que supusieron posturas irreconciliables entre la Cristiandad de Oriente y Occidente. La Cuarta Cruzada supuso el inicio del fin de Constantinopla, fueron destruidos conventos e iglesias, se profanaron tumbas imperiales como la de Justiniano, a quien tanto se debe cuando se habla de herencia imperial romana. Se robaron reliquias sagradas, fue atacado el Monte Athos, fueron asesinados monjes pacíficos y desarmados.

La Cuarta Cruzada (1202-1204) culminó el 12 de abril de 1204 con el brutal asalto y saqueo de Constantinopla por parte de los ejércitos cruzados occidentales y los venecianos, en lugar de marchar hacia Tierra Santa para recuperar Jerusalén de manos del islam. ¿Por qué ese desvío impensable en el rumbo de las naves cruzadas? Los cruzados habían contratado una flota con la República de Venecia dirigida por el dux Enrico Dandolo, pero reunieron menos hombres de los esperados y no pudieron pagar el coste acordado. Para saldar esa deuda, los venecianos convencieron a los cruzados de desviar su ruta y atacar la población de Zara, una ciudad cristiana en el mar Adriático, lo que provocó la justa y airada excomunión por del Papa Inocencio III. Posteriormente, por culpa de ciertas intrigas bizantinas, los intereses políticos y las promesas de riquezas hechas por pretendientes al trono bizantino llevaron a redirigir la expedición hacia la capital del Imperio bizantino.

Constantinopla sufrió la destrucción y el pillaje inmisericorde, durante días, la metrópolis cristiana más grande del mundo fue arrasada, sus iglesias profanadas, incluida Santa Sofía, las reliquias y obras de arte robadas o destruidas, y gran parte de la población masacrada. Los vencedores dividieron el territorio bizantino y establecieron el efímero Imperio Latino de Constantinopla, coronando a Balduino I.

Este doloroso y sangrante episodio asestó un golpe fatal al poderío bizantino que recuperaría la ciudad en 1261 por el Imperio de Nicea, pero que profundizó de forma irreversible el Cisma y la enemistad entre la Iglesia Católica de Occidente y la Ortodoxa de Oriente. Así que conocidos los hechos debemos ser precisos, no se puede culpar a la Iglesia Católica Romana y mucho menos al Papa del saqueo y destrucción infringido a la capital Constantinopla en el año 1204, pues el llamamiento a la Santa Cruzada fue con la finalidad de recuperar Jerusalén y no otro.

Como hemos resumido más arriba los cruzados saquean previamente Zara, actualmente Zadar en Croacia, en el 1202, una población católica aliada e indefensa, bajo la disculpa de que se hallaba rebelada y aliado con el rey de Hungría. El papa Inocencio III, conocedor de los planes, prohibió el ataque bajo amenaza de excomunión, pero los cruzados ignoraron la advertencia y tomaron la ciudad el 24 de noviembre de ese año. Tras el asedio, la ciudad fue despiadadamente saqueada y el Papa excomulgó a los participantes de la expedición. Con el objeto de que se mantuvieran leales para recuperar Jerusalén, el Papa les levantó la excomunión en 1203, pero mantuvo la excomunión a los venecianos que constituían más del sesenta por ciento del grueso del ejército, por lo tanto hablamos de un ejército excomulgado. Lo cierto es que si originalmente la Cruzada fue convocada para recuperar Jerusalén de manos musulmanas, la campaña terminó alterada por los intereses económicos de Venecia y los conflictos dinásticos del Imperio bizantino.

Los ejércitos occidentales, en lugar de combatir en Tierra Santa, asediaron, saquearon y destruyeron la capital de la cristiandad oriental, asesinando a otros cristianos. Sin pretender hacer comparación y caer en el fácil… ¡y tú mas!, recordemos por un momento otro hecho histórico olvidado como fue la Masacre de los Latinos de Constantinopla de 1182 que consistió en el exterminio a gran escala de la población católica y comerciante de Europa occidental por parte de la multitud bizantina pues los mercaderes latinos genoveses, venecianos y pisanos, controlaban gran parte de las finanzas y el comercio marítimo local.

Tras la muerte del emperador Manuel I Comneno, Andrónico I Comneno asumió el poder con una fuerte postura antioccidental y afloró el resentimiento acumulado tras el Gran Cisma de 1054 lo cual avivó la animosidad entre las comunidades ortodoxa y católica. Se calcula que decenas de miles de personas, se calculan entre 30.000 y 60.000 víctimas, las que fueron asesinadas, con violaciones, provocando la huida masiva, y miles de supervivientes que terminaron vendidos como esclavos, unas 4.000 personas. El legado papal fue decapitado y su cabeza fue paseada como trofeo por toda la capital, y… ningún patriarca levantó la voz en contra de esta masacre ni tampoco la repudió, lo que nos conduce al cesaropapismo, pues cómo iban a repudiar un hecho que se desencadenó por la disputa del trono del Imperio Romano de Oriente.

Llamamos cesaropapismo al sistema político y religioso en el que el jefe del Estado, el poder secular o civil, asume también la máxima autoridad en asuntos religiosos, subordinando la Iglesia al poder del emperador o monarca, y de esta forma el emperador bizantino o ‘basileus’ concentraba el poder secular y ejercía autoridad directa sobre la Iglesia.

Este doloroso evento destruyó los lazos diplomáticos entre Oriente y Occidente, profundizó el odio occidental y que fue también justificación para el el posterior y violento saqueo de Constantinopla en 1204, que se cobraría la vida de aproximadamente dos mil personas, un hecho repudiable sean mil, miles o solo una persona. Todos estos actos fueron repudiados inmediatamente por el Papa cuando afirmó: «¿Cómo, en verdad, va a regresar la Iglesia de los griegos a la Sede Apostólica para manifestarle devoción y obediencia, si ha visto en los latinos nada más que un ejemplo de perdición y de obras de las tinieblas, de modo que ahora, con razón, los aborrece más que a los perros? Pues aquellos que debían servir a Jesucristo, y no a sus propios intereses, han manchado sus espadas, que debían usar contra los paganos, con la sangre de otros cristianos. No respetaron ni la religión, ni la edad, ni el sexo. Cometieron incestos, adulterios y fornicaciones a la vista de los hombres, y expusieron tanto a matronas como a vírgenes consagradas a Dios a las sucias apetencias de la soldadesca. No les bastó con vaciar los tesoros del Imperio y saquear las riquezas de los nobles y de los plebeyos, sino que extendieron sus manos hacia los tesoros de las iglesias y, lo que es peor, hacia sus posesiones. Arrancaron las placas de plata de los altares, violaron los santuarios, profanaron aquella ciudad que debían defender y se llevaron los iconos, las cruces y las reliquias…».

A través de sus cartas litúrgicas y registros pontificios, el papa Inocencio denunció firmemente y de forma cristalina el desvío de la expedición militar. Dicho esto no se puede entender el saqueo de 1204 sin el antecedente mencionado de 1182, observando en ambos más bien torcidos intereses políticos en vez de religiosos. En ese antecedente de 1182 tampoco puede achacarse ni un ápice de responsabilidad a la iglesia ortodoxa pues como decimos se trataba de estrictas cuestiones económicas y políticas. En ambos casos no podemos culpar a ninguna de las dos iglesias, la Occidental y la Oriental. Lo cierto es que estos pasajes históricos, al igual que tantos otros, deben de verse completos, con amplia visión, y no de forma local y parcial, y cuando hablamos con sentido religioso cristiano no podemos hacerlo ajenos al perdón y la misericordia y más cuando debemos caminar hacia la reconciliación y la reunión en una misma Iglesia.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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