Adiós al decreto Mari y al decreto Carmen, dos parches de un desgobierno buitre. Una lección de vivienda, una nueva reflexión sanchista y una tardía visita. Por Antonio de la Torre

Adiós al decreto Mari y al decreto Carmen

«En la última legislatura se retorció el resultado electoral hasta configurar la que se ha ganado a pulso el nombre de mayoría Frankenstein frente populista»

Vuelvo al teclado tras una semana ausente por un luctuoso suceso familiar y con la incógnita siempre de si alguno de mis pacientes lectores habrá echado en falta mi desahogo semanal. Pero, como la vida sigue, hasta que Dios quiera, aquí estoy de nuevo, aunque, como es lógico, sin poder dar pábulo a muchos de los inacabables despropósitos conocidos o ampliados en los últimos quince días. El espacio, y la capacidad de aguante del lector, mandan, pero darían para un libro. 

Y como la actualidad también manda, hay que poner hoy el foco en la penúltima derrota parlamentaria  sanchista, y van ya quince desde que llegó, trece en esta legislatura, entre ellos cinco decretos ley sobre vivienda, derogados en el “templo de la soberanía popular”. Ese templo que, según conviene, se hace eco, o no, de su soberano, ese pueblo supuestamente representado, tal vez legalmente, por esa heterogénea mayoría parlamentaria conformada en una unión de intereses espurios, pero, desde luego, no legítimamente, sobre todo en esta última legislatura, en la que se retorció el resultado electoral hasta configurar la que se ha ganado a pulso el nombre de mayoría Frankenstein frente populista.   

VPO

Esta vez, casi se impuso la coherencia de que los partidos de la derecha votaran juntos ese NO, con la excepción, una vez más, de ese PNV que aprobaba los Presupuestos Generales del Estado de Mariano Rajoy en 2018 –a cambio de 1.000 millones por escaño– y, menos de una semana después, votaba a favor de una moción de censura que presentaba el “adalid” de la lucha contra la corrupción, defendida por José Luis Ábalos, uno de sus dos de sus números dos en el partido, ya condenado, como su fiscal general y su hermano, y a su ‘pareja’: “Begoña Gómez, primero, es Begoña…”, a punto de sentarse en el banquillo ante un juzgado popular, en un cacao judicial que tiene al autócrata y a su entorno político y familiar absolutamente desnortados. Un cacao aún mayor que el mental que confesaba la pobre –es un decir, a juzgar por el patrimonio inmobiliario que se le conoce– ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez “Tengo un cacao”, defensora de los dos decretos tumbados, en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros que aprobaba a toda prisa ambos despropósitos en un vano intento de contentar a unos y otros socios, parlamentarios y de gobierno. Uno de ellos sin terminar de redactar, –por eso no lo encontraba esa “pobre” ministra en la penosa rueda de prensa citada, ante la perplejidad ojiplática de sus compañeros de mesa, la portavoz Elma Saiz y el mando único, no se sabe muy bien de qué, Ángel Víctor Torres–. Conviene recordarle a esta señora la frase que se atribuye a Josep Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. Pues eso, Isabel.

Y tengo que manifestar mi sorpresa, seguramente debido a mis ínfimos conocimientos jurídicos, por esa, a mi juicio, inexplicable –iba a decir aberrante– circunstancia de que se aprueben dos decretos ley, que se envían en días consecutivos al Boletín Oficial del Estado, y pasan a ser de obligado cumplimiento al día siguiente de su publicación antes de ser refrendados, o no, como sucedió, en el Congreso, que sería lo lógico antes de su entrada en vigor. Porque, entiendo yo, que si alguien ha sido lo suficientemente ágil, que lo habrá sido, abogados mediante, durante las cuarenta y ocho o veinticuatro horas de vigencia, respectivamente, de ambos decretos, previas a su derogación en el hemicirco, el viernes, habrá ya más de una demanda en los juzgados españoles contribuyendo al sistémico colapso judicial español. Al menos eso se deduce de las declaraciones de otra joya ministerial de SUMAR, Ernesto Urtasun, de Cultura para más inri, que decía el miércoles que “Lo que hacemos es recuperar esa protección de los desahucios que implica que ninguna persona vulnerable, a partir de la convalidación del decreto el viernes, bueno ya, porque ya está en vigor, porque está publicado…”. 

Al final se quedó en nada el intento de arreglar en un día lo que no se ha hecho en ocho años, y, pese a que “No es un texto improvisado, sino un texto muy trabajado con mucho esfuerzo, ambicioso, que va a costar tiempo lograr desgranar todo lo que van a encontrar en él y transmitirlo a la opinión pública”, no van a poder construir en un día las 750.000 viviendas que hacen falta según el Banco de España y otro millón 1.000.000 de en los próximos años ni se van a poder liberalizar los miles de metros cuadrados que se necesitan para construir esas viviendas ni se va a cubrir el déficit de 300.000 casas en alquiler. Pero claro, qué va a hacer este pobre gobierno sin competencias en vivienda, que no son del Ministerio de Vivienda sino de las comunidades, de los ayuntamientos y de los fondos buitre. Lo mismo que las de frenar el asalto a nuestras fronteras en Ceuta no son del ministerio del Interior ni del mando único, sino de Juan Jesús Vivas; las del COVID de las autonomías; las de la DANA de la Generalidad valenciana; las del apagón de las eléctricas o las del descarrilamiento de Adamuz de la Junta de Andalucía. En conclusión, va a resultar que este desgobierno, sin competencia en nada va a ser “un gobierno incompetente”. 

Lo cierto es que, si en la crisis del 2008 los españoles no podían comprarse una casa, ahora no pueden ni alquilarla. Según el Observatorio del alquiler, en 2019 un alquiler medio era de 857 € al mes y en 2026 es de 1.211 € y que el amago de los dos decretos ha hecho desaparecer más de cuatro mil viviendas del mercado del alquiler, lo que no va a abaratar precisamente los precios de las que se mantienen. Y también que, mientras en 2018 el problema de la vivienda era la preocupación número dieciocho de los ciudadanos, hoy es la primera. 

El Oso y el Madroño vandalizados

Y ya que hablamos de vivienda, conviene hacer una breve referencia a esa maniobra, sin duda alguna orquestada, en torno esta pobrecita señora, Mari Carmen Abascal –ya es mala suerte que se apellide como el líder de uno de los partidos que no la apoyan–, que, quince años después, replica la acampada del famoso15M que marcó el inicio del fin de la nefasta etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, que se ha convertido en una farsa que algunos han bautizado como el 15 MEME, pero que yo prefiero llamar el 26 O-kupa.

Al final, la desahuciada de ida y vuelta Mari Carmen, que da nombre a los dos decretos derogados, ha solucionado rápidamente su caso tras el acuerdo entre sus abogados y la propiedad –esa «pyme buitre carroñera» que decía la ministra– y la mediación del Ayuntamiento de Madrid. Por cierto, que fue desahuciada en base a una ley socialista, la LAU de 1994, por mucho que el obediente activista redactor recogiera en el preámbulo que “Mari Carmen Abascal no es solo un número, es una mujer vulnerable, de 87 años, víctima de una legislación machista y retrógrada, procedente de una dictadura y de la especulación más voraz”. Pero parece que la tal Mari Carmen no es precisamente un angelito, como declara su antiguo casero en esta entrevista que publica Libertad Digital . Y también La Razón nos dejaba el sábado otra muestra del historial inmobiliarios de la desahuciada https://www.larazon.es/economia/maricarmen-compro-chalet-sierra-madrilena-que-acabo-embargado-impago_202610036ac130fd375d34226273228f.html. Otra que se solidarizaba con la desahuciada retornada y con los acampados en Sol fue la vicesegunda Yolanda Díaz, que a ver si la “desahuciamos pronto de ese pisazo de 443 m² que okupa, y dice que “si hay que movilizarse contra el Gobierno de España, movilicémonos”, es decir, contra ella misma, cuya pancarta bien podría ser “No hay pan para tanta chistorra”. 

Ayuso, cuidado

En definitiva, todo ha sido una maniobra más para desviar los desastres sanchistas de la sincronizada de Moncloa contra Isabel Díaz Ayuso, “Ayuso, cuidado”, decía una amenazante pintada en la Puerta del Sol, que por cierto estuvo mejor que nunca en su última entrevista  el jueves, en Horizonte Cuatro que recomiendo escuchar íntegra porque fue un cúmulo de titulares, y de la que destaco sólo este par de frases: “España es una democracia, pero se nos ha colado un dictador en el sistema”, que “ha decidido llevar a España a la revolución”. Por cierto, que, pese a ese enconamiento con Madrid, tres de cada diez desahucios en España se localizan en Cataluña y Barcelona triplica a Madrid en el número de desalojos forzosos.

Y ya puestos con la vivienda, y para terminar con este primordial asunto, por si sirve de algo, voy a dar unos datos y cifras de cómo en otra época se abordó este importante problema habitacional, que pueden encontrar mejor explicados en el capítulo 16, “La evolución de la vivienda en la España de Franco”, con el que José Ramón Ferrandis colabora en el libro El milagro español. España 1939-1975: “Puesto que el problema de la vivienda era uno de los más graves que afectaban a la población, el Régimen se embarcó en una serie de proyectos dedicados principalmente a hacer que cada una de las familias dispusiera de una, tanto en el campo como en la ciudad”. En 1957 se habían construido unas 500.000 viviendas y con el segundo Plan Nacional, entre 1961 y 1975 se construyeron 4.080.619 más, todas ellas públicas. Así, el parque de viviendas que en 1940 era de 5.800.000, en el 60 pasó a 7.060.000, en 1970 a 10.658.000 y en 1980 se llegó a 14.700.000, señora Rodríguez. Claro que, compararla a usted con José Luis Arrese, José Utrera Molina o Vicente Mortes Alonso, que la precedieron, entre otros más, en ese ministerio, sería ofensivo… para ellos, claro. Y no me resisto a dejar la frase que repite al final el autor de este capítulo: “Todas las políticas sociales del régimen de Franco alcanzaron sus objetivos”.

Alquileres que se van

El primer efecto que tuvo el rechazo de los dos improvisados decretos hechos a la desesperada, 172 a favor y 178 en contra para el primero  y 166 a favor y 184 en contra para el segundo, fue la salida precipitada del autócrata del Congreso, no aguantó la votación que ya sabía que lo iba a dejar tirado, algunos dicen que para encerrarse en sí mismo, lo único que realmente le importa, para iniciar un nuevo periodo de reflexión que los más optimistas piensan que puede acabar con un anuncio de adelanto electoral este mismo lunes. Pero antes de irse, no pudo resistir otra demostración más de su protagonismo enfermizo, en una especie de admonición que terminó pidiendo altura –él precisamente, que no ha podido caer más bajo en sus ocho años de desgobierno, especialmente en los tres últimos– al Partido Popular y a JUNTS –después de un último intento de convencer al prófugo de Waterloo, por medio del “joyero” Zapatero y del etarra Otegui, al que envió a Bruselas–. Y lo hizo con esta despedida/amenaza desde la tribuna: “hagan lo correcto –o sea, lo que yo digo– porque creo que, si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan”, es decir, arderán las calles.

Y hay que recordar que cuando se fue para otro periodo de reflexión, aquel de cinco días, tras su carta a la ciudadanía, allá por abril de 2024, cuando empezó el caso Begoña Gómez, aparecieron las cloacas sanchistas en su máximo “esplendor” de malas artes, así que no descartemos lo peor, porque este personaje ególatra y sin escrúpulos ni principio alguno no se va a ir de una forma democrática y elegante, sino que se irá matando. Y si ve algún resquicio de supervivencia en el poder o se le despeja su más que evidente intento de pucherazo alterando el censo electoral con la hoy frenada ley de nietos, seguirá ahí, destrozando un poco más España, para dejar, en el caso de que no le quede otra, una herencia lo más envenenada posible. Por si acaso, Alberto Núñez Feijoo debe prepararse para lo que, de llegar, no va a ser un gobierno fácil, y menos con la obligada compañía de VOX, que tampoco le va a facilitar la tarea. En su clausura del Foro de La Toja le ha pedido a Sánchez que «no alargue la agonía a la que está arrastrando al país entero»  pero ya sabemos el caso que Fray Perico hace al jefe del principal partido de la oposición. Y le recuerdo a don Alberto que prometió abrir ventanas y cajones y levantar alfombras, lo que le animo a hacer, CAIGA QUIEN CAIGA, como animé en su día a sus predecesores populares, que no lo hicieron, aunque tampoco lo habían prometido. 

Termino con la ya anunciada visita a Ceuta y Melilla de los reyes el 13 y 14 de este mes, que no por tardía es menos importante, aunque yo vengo diciendo que debió estar en Ceuta el primer día, en lugar de seguir los efectos de la invasión desde Palma de Mallorca y Madrid, con el pretexto de que tenía que ser “autorizado” por el presimiente del desgobierno y para evitar un posible problema diplomático con Marruecos. Sobre lo primero, dejo el enlace de este interesante artículo  de mi amigo Carlos Aurelio Caldito que, con detallada y estructurada precisión, nos deja su punto de vista sobre el incomprensible papel de un rey que parece aceptar su ninguneo e irrelevancia, que yo vengo tratando en algunos de mis artículos. Sobre lo segundo, sólo puedo decirle a los marroquíes que si la visita de nuestro Rey y Jefe del Estado les pica, que se rasquen. Y ya sabemos que el “valiente” Galgo de Paiporta no acompañará a Felipe VI  por si vuela otro palo de escoba y tiene que salir por pies o a nado. 

Y a ver cómo empieza la semana, que se presenta movidita tanto en lo político como en lo judicial. 

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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