
«Las gentes están en las calles. ¿Todas las gentes? O solo una parte de ellas»
Los manifestantes de estos días han pasado de manifestaciones callejeras a sentadas, y, finalmente, a acampadas. Una especie de progresión llena de banderas republicanas, insultos, pareados maldicientes, amenazas, muchos megáfonos y un cachondeo latente, pese a los deseos de los más implicados. Todo ello en medio de una especie de camping-mercadillo urbano.
Me sorprende que los acampados se arroguen la representación de todos los españoles, que siempre estamos indignados, pero no siempre por lo mismo. Inmediatamente todos los grupos parlamentarios toman partido, como si fueran los promotores de la algarada y asumen sus reivindicaciones, las cuales nunca habían puesto en marcha desde el poder o desde la oposición.
Cuando veo y escucho, a través de los medios, las intervenciones de unos y otros, me siento engañado por aquellos a los que hemos votado y que casi nunca hemos botado de sus cargos dada su pésima gestión. Solo con elegir un medio, ya sabes lo que va a decir y que periodista “cercano” va a defender su “verdad”.
Con ilusión esperamos la buena noticia de que pronto nos podamos manifestar a través del voto. De sus resultados podemos deducir lo que pensamos y ansiamos todos los españoles, no solo lo que dicen algunos, que dicen representar a la gran mayoría de los españoles. ¿De dónde nacen esos porcentajes que esgrimen?, el CIS siempre nos transmite tardíamente unos resultados bastante bien maquillados.
Me parece muy bien que la gente se manifieste. Pacíficamente. Se puede decir lo que se piensa sin insultos ni amenazas. Pero me parece cruel esgrimir el dolor de personas damnificadas, las cuales, una vez utilizadas, se abandonan a su suerte.
Estoy harto de falsos lagrimeos, de promesas y de incumplimiento de las mismas. Esta no es la democracia que recibimos ilusionados los miembros de mi generación. Tan solo nos queda comentar nuestros sentimientos en petit comité. A pesar de todo nos señalarán como fascistas, buitres y otras lindezas a los que pensemos que esta situación tan peligrosa solo se puede solucionar con diálogo y trabajo común. Dejemos de alzar los puños o las manos abiertas y pongámonos a la tarea.
Los brazos alzados no me representan. El dialogo razonado, sí. Sigo creyendo que “el pueblo unido jamás será vencido”. Ya está bien de enfrentamientos.
