
«Lo que Potemkin creó fue tan solo un espectáculo que duraría el tiempo de la visita real, tras ésta, las fachadas se cayeron»
Tras los acontecimientos ocurridos en la ciudad española de Ceuta en los últimos meses, no puedo dejar de hacer mención a un episodio histórico que tuvo lugar en el siglo XVIII en Rusia, en el que el poderoso general Grigory Alexandrovich Potenkin (1739-1791), amigo, amante y uno de los asesores favoritos de la zarina Catalina II de Rusia (1729-1796) creó un pueblo, que fue de hecho una realidad ficticia ante la llegada de la monarca a la región de Crimea.
Es inevitable acordarse de este episodio ante la llegada de SSMM los Reyes de España, Felipe VI y Doña Letizia a la ciudad autónoma de Ceuta.
En 1787, se organizó un viaje por la recién anexionada región de Crimea con una clara intención propagandística. El general Potemkin, gobernador del nuevo territorio, se ocupó de organizarlo todo para dar una buena impresión a la monarca.

La región de Crimea se encontraba entonces devastada por la guerra, en una situación de terrible precariedad donde los habitantes no tenían para alimentarse.
Catalina II atravesaría el río Dniéper para recorrer el territorio en una barcaza, acompañada en su desfile por autoridades y embajadores europeos; el deseo del general era causar buena impresión al resto de países.
A orillas del río se levantaron fachadas falsas de casas, rodeados de exuberante vegetación en la que campesinos, a los que se les había pagado y habían sido traídos de otras regiones, vitoreaban a la zarina y su comitiva con júbilo y devoción, aparentado una vida feliz. Simulaban ser los habitantes de Crimea, el territorio recién anexionado, que Potemkin pretendía exhibir a la zarina, a su Corte y a Europa como muestra de prosperidad.
Tras la comitiva, barcos llenos de materiales portarían lo necesario para construir nuevas aldeas, aunque no sabemos ciertamente si esto es lo que quisieron hacer creer a todos y forma parte de la leyenda.

Lo que Potemkin creó fue tan solo un espectáculo que duraría el tiempo de la visita real, tras ésta, las fachadas se cayeron. No se construyó para el campesino que vivía en esas tierras, se creó para quien lo ve desde fuera. Todo era una mentira.
La situación que vivimos actualmente en España tras lo sucedido en Ceuta, a diferencia de Crimea, donde no había nadie detrás del decorado sobre un territorio devastado, no es por tanto, una arquitectura efímera, pero sí la ocultación de la dramática situación que existe.
Aquí sí existe una ciudad real y la vida de miles de ceutíes que están llegando al límite por la terrible situación a la que no se ha querido dar una solución y la incompetencia de los gobernantes que han sido capaces en apenas unos días de “enmendar la situación” para no ver lo que disgusta, montando un escenario cuyas imágenes son divulgadas con intención, un decorado que más tarde vuelve a mostrar la realidad y que, por supuesto, esconden el problema más grave, al que quizás habría que haberse asomado, en vez de visitar algún lugar frío, triste y silencioso. ¿Es justo todo esto?

La información se tiene, todos conocen la verdadera realidad que se vive en la ciudad, aunque tamizada en lo que conviene callar. La indignación crece, provocada por dos meses y medio de abandono en los que los habitantes de Ceuta han tenido que soportar, día tras día, el silencio y la indiferencia de los poderes públicos; y lo más grave es que ese silencio no es inocente, es un silencio guiado por la incompetencia, la inoperancia y por qué no decirlo, la maldad de algunos.
Los mismos gobernantes que, entre alianzas políticas y ante el temor de que algunos secretos íntimos puedan salir a la luz, no han hecho nada, han colaborado para que la ciudad se limpie, desinfecte, ordene y engalane en pocos días, no para los ciudadanos ceutíes, sino para una visita real.

Y el pueblo. Un pueblo que queda deslumbrado ante los poderosos que, por unas horas, le dan la mano, le sonríen y le dicen que no está solo. Un sueño, unas imágenes en el teléfono y una historia para contar a los nietos.
Una hipocresía, porque en esos momentos de algarabía están declarando a los medios que ya saben cuándo se negociará la entrega de la ciudad.
Personas inadecuadas en cargos que no deberían ostentar, y es que al igual que en Crimea en el siglo XVIII, todo es una mera fachada.
Menos flores, más verdad y hechos.
Málaga, 2026

