
«El cambio no está asegurado: debe conquistarse. No podemos vender la piel del oso antes de cazarlo ya que Sánchez es impredecible»
Pedro Sánchez ha convertido su permanencia en La Moncloa en el eje de su política. Para mantenerse en el poder, depende de socios con intereses enfrentados y somete decisiones de Estado a negociaciones parlamentarias constantes.
España no puede vivir instalada en la supervivencia política. El Gobierno debe servir a los ciudadanos, no a la carrera de un presidente. Cuando la confianza pública se deteriora y la confrontación se convierte en norma, es legítimo exigir responsabilidades y reclamar un cambio de rumbo.
El problema del sanchismo no es solo una cuestión de siglas, sino una forma de ejercer el poder en la que el interés partidista amenaza con imponerse al interés general. Los españoles necesitan transparencia, explicaciones y respeto a las instituciones, no propaganda ni excusas.
Sánchez debe entender que ningún presidente está por encima de los ciudadanos. Permanecer en el poder no puede ser un objetivo superior a cualquier otra consideración.
Las elecciones permitirán juzgar su gestión, pero la oposición también debe estar a la altura. No basta con denunciar los errores del Gobierno: hay que presentar una alternativa sólida, explicar qué se quiere cambiar y demostrar capacidad para gobernar de otra manera.
En este desafío, el Partido Popular y Vox tienen una responsabilidad evidente. Deben mirar más allá de las encuestas y de sus intereses particulares. España necesita una alternativa firme frente a las cesiones y la dependencia parlamentaria de Sánchez.
PP y Vox no tienen que renunciar a sus principios ni ocultar sus diferencias. Sin embargo, tampoco pueden convertirlas en una excusa para impedir el cambio. Si aspiran a gobernar, deben alcanzar acuerdos claros, presentar programas concretos y demostrar respeto mutuo.
El mayor error de la oposición sería dar por derrotado a Sánchez antes de que hablen las urnas. El desgaste del Gobierno no garantiza una alternativa. Hace falta trabajo, movilización, propuestas y una estrategia propia.
La responsabilidad de Sánchez es responder por su gestión. La de PP y Vox, ofrecer una alternativa creíble. Y la de los ciudadanos, decidir libremente en las urnas.
El cambio no está asegurado: debe conquistarse. No podemos vender la piel del oso antes de cazarlo ya que Sánchez es impredecible.
La política española no puede reducirse a la supervivencia de un presidente ni a las maniobras necesarias para sostenerlo. La Moncloa no puede convertirse en un fin en sí mismo. El poder tiene límites y los ciudadanos deben conservar siempre la última palabra.
