
«Se está dejando de impartir una parte de nuestra cultura en los centros de enseñanza»
Con cierto desencanto he podido comprobar como llegan a nuestras universidades, estudiantes poco versados en el estudio de las religiones, base importante e imprescindible de nuestra cultura.
Sin embargo, no dudamos en transmitir a nuestros descendientes ideas procedentes de otros países, ¿más cualificados?, costumbres seudo-paganas, que han cuajado en los últimos años en nuestras vidas. Anoche, sin ir más lejos, aporrearon la puerta de nuestra casa tres grupos de chiquillos disfrazados de “nosequé” y apelando a la frase “truco o trato”, que tampoco se lo que significa. Les regalamos los caramelos de reserva para nuestros nietos y tema solucionado.
Menos mal que aun nos quedan las costumbres ancestrales. Se sigue bautizando a la mayoría de los niños, se les prepara y administra la primera Comunión y, a veces, por imperativo legal, algunos se confirman. Todo ello dentro de una parafernalia externa y poco compromiso interno.
Cuando menos y esta es mi buena noticia de hoy, se trasmiten en estos Sacramentos las verdades básicas del creyente que se recogen en el Credo. Cuando se recapacita sobre las mismas se alcanza una idea del nivel de nuestro compromiso como cristianos.
Creo que debemos convivir con las ideas foráneas que nos invaden como modas o como modos. Pero sería conveniente recapacitar sobre la necesidad de aportar a nuestras familias la belleza del Evangelio y los valores que se transmiten en el mismo. Pasar de un cristianismo de cumplimiento (cumplo y miento) a integrarnos en una Iglesia nueva, sin parafernalias excesivas y transmitida por la palabra y, sobre todo, por los hechos.
Admiro a los docentes que exponen, no imponen, el hecho religioso de cualquier confesión. Están creando un futuro más culto y, sobre todo más auténtico. La educación laica no tiene que ser incompleta.

