Conocí a uno de los de los últimos descendientes de Pizarro en Trujillo hace ya algunos años. Fue una mañana inigualable de primavera,¡ en compañía de una ácrata poeta y un joven domador de caballos. Tomamos los cuatro un par de cervezas, o mas, y dimos cuenta de una Torta del Casar en una terraza de esa plaza inigualable.
En compañía de Pizarro, la Leyenda Negra y la Torta del Casar. Por Manuel Artero

