Al falso y vendido periodismo se le cala por el color del pelo de sus adjetivos y las comillas que manipula

Los adjetivos, como las metáforas, los carga el inconsciente y desnudan al autor por su ropaje de cristal de las diferentes capas de significado superpuestas al estilo de esa cebolla que siempre nos hace llorar al modo del comportamiento zafio y barato del falso periodismo. Y confieso que siempre me gustaron, porque, en esencia vestirles y, despacito, desnudarles, nos confirma la posibilidad del placer. En cuanto a las comillas siempre las tuve por estrictas gobernantas de lo dicho y no indicadoras de las intenciones ni la ideología propia del hacedor. Porque el manipular con ellas además de chabacano destruye cualquier posibilidad que el oficio del periodismo puede tener con el enamoramiento por las palabras.

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