Hoy, 45 años después, asistimos no con estupefacción y sí con resignación a la disolución de los principios básicos de nuestra Constitución.
No hay nada que celebrar. Por Julio Moreno López

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Hoy, 45 años después, asistimos no con estupefacción y sí con resignación a la disolución de los principios básicos de nuestra Constitución.