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Es una vergüenza tener unos compatriotas tan estólidos, farsantes y subvencionados

El mesías Artur Mas según la web desordencreativo
El mesías de los separatistas catalanes Artur Mas según la web desordencreativo

Estoy harto de tanta desvergüenza por ambas partes del panorama político español. De un lado los repugnantes separatistas catalanes que se mean en la leyes constitucionales y por otro de los que proclaman la sagrada unión de todos los españoles.

 

“Comprenderán que es una vergüenza tener unos compatriotas, los separatistas catalanes, tan estólidos y farsantes, como subvencionados”

 

 

La realidad es que todos son una panda de hipócritas que van a lo suyo con un descaro infinito. Los sediciosos catalanes mintiendo más que hablan, aún peor, desvirtuando la realidad. La deriva historicista sigue aumentando su desfachatez, pero como no hay nadie que les corrige con severidad, ellos a lo suyo y les funciona a tenor de la muchedumbre cautiva con aspecto lanar que les apoya.

 

 

El colmo, a día de hoy, es que sus historiadores fanáticos se atreven a decir que el Imperio romano, en realidad, fue el Imperio catalán. Todas las conquistas y logros conseguidos por las legiones romanas, fueron en verdad ejecutadas por las legiones catalanas.

 

 

Comprenderán que es una vergüenza tener unos compatriotas tan estólidos y gilipollas. Pero la otra parte, los constitucionalistas, no han aprendido la lección o están acojonados y no pasan a la acción directa contra estos enemigos de España . Todos los culpables de tamaña sedición, deberían estar ya en las mazmorras, no solo del silencio y el desprecio, sino en el de las de cuatro paredes y una ventana con rejas. ¡A qué esperan¡

De paseata con Ignacio López Brú por las cloacas del 11 M en rebeldía contra la invasión de los ultra cuerpos

Confieso que al llegar a la última página de “Las cloacas del 11 M” se me secó la lengua y comencé a sudar. En los ojos un par de lágrimas me nublaron la visión y por eso, tras enjuagarme el rostro y beberme un buen vaso de aceite de ricino, me calcé de nuevo las gafas y retorné a la lectura a través de las miguitas que había subrayado y desperdigado entre sus 444 páginas, en un camino de vuelta que me llevó de un tirón a una completa y segunda lectura, febril y desordenada.