Andalucía ¿Una anomalía democrática o paradoja de las urnas? Por Juan Manuel García Montero

El Palacio de San Telmo
El palacio de San Telmo sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía y El antiguo Hospital de las Cinco Llagas sede del Parlamento Andaluz, son los centros del poder político andaluz.. ¿Una anomalía democrática o paradoja de las urnas?

“Al final son los votos quienes deciden el resultado, sin que nadie haga trampas a la legalidad y pretenda sustituir con el dedo a la voluntad de los que tienen el derecho a decidir”

El mismo día que Darío Jaramillo conquista el Premio García Lorca y llena de versos el camino entre Andalucía y Colombia, ese mismo día, el CIS llena de escaños la distancia entre la calle Ferraz y el antiguo Hospital de las Cinco Llagas. Yo no me atrevería a defender que se trata de una anomalía democrática. ¿Una paradoja de las urnas? Eso si, pues lo cierto es que al final son los votos quienes deciden el resultado, sin que nadie haga trampas a la legalidad y pretenda sustituir con el dedo a la voluntad de los que tienen el derecho a decidir.

Los que llevamos algún tiempo en política, sabemos con precisión que las elecciones se ganan si se preparan con mucha anticipación. Para estar preparado hay que ilusionar, hay que regenerar, dar paso a quienes más pueden aportar y hacerlo desde la unívoca humildad del liderazgo real. Cuando algo funciona bien hay que afianzarlo y mejorarlo pero cuando algo no funciona hay que hacer todo lo posible por cambiarlo. Hablo de mi tierra por si alguien tiene dudas, si, hablo de una pesadilla que llevamos sufriendo cuarenta años.

Apenas faltan dos semanas para que los andaluces volvamos a llevar nuestro voto a las urnas. Es la primera vez que esto se produce en España después de la moción de censura que situó a Pedro Sánchez en la Moncloa y también, por tanto, la primera vez que ocurre con Pablo Casado al frente del Partido Popular en la calle Génova.

Del resultado de estas elecciones no está solamente en juego el futuro de Andalucía, un futuro en el que las encuestas vuelven a situar al PSOE al frente del Gobierno autonómico pero anunciando a la vez un reparto impreciso de los escaños de la oposición. El juego de tronos de la demoscopia no parece dejar claro quien será el gran perdedor.

Parece por ello apropiado reflexionar unas líneas acerca de la repercusión nacional del voto andaluz. No puedo arrogarme una independencia de discurso pues mi condición de afiliado que “paga sus cuotas” me identifica claramente como popular de toda la vida, pero es bueno y creo que inteligente, observar y comentar las cosas como son y llamarlas por su nombre con honesta claridad.

“Es poco probable que en el contexto político actual alguien pueda imaginar que el PP de Andalucía pueda conseguir una mayoría absoluta que le permita acceder al Palacio de San Telmo”

Es poco probable que en el contexto político actual alguien pueda imaginar que el PP de Andalucía pueda conseguir una mayoría absoluta que le permita acceder al Palacio de San Telmo. Dios lo quisiera por el bien de mi tierra, pero los milagros no están reservados para los parlamentos ni tan siquiera para el andaluz, aunque sea esta la tierra de María Santísima. Otra opción es la unión de esfuerzos entre PP y Ciudadanos y confiar en que el PSOE no sume la mayoría absoluta con la extrema izquierda.

Merece la pena detenerse en estas dos últimas posibilidades. Respecto a la primera, me atrevo a decir que conozco muy bien el funcionamiento de ciudadanos, sus prioridades y sus estrategias. En mi condición de portavoz del PP en el gobierno del ayuntamiento de Granada hace unos años, trabajé para planificar un pacto de gobierno y un conjunto de estrategias para favorecer el futuro de nuestro municipio. A día de hoy, no es la sospecha, tengo la certera constatación, de que el único objetivo que mueve a la marca naranja es su propio interés y su adaptación al mercado del voto oportunista.

Una presidenta socialista se ha mantenido en Andalucía gracias a Ciudadanos. Infinidad de alcaldes socialistas presumen de esta condición gracias al generoso apoyo de Albert Rivera. En Granada no hay presupuesto municipal renovado desde que no gobierna el PP y eso gracias a los votos recibidos por el PSOE desde la bancada adornada con las flores de la nueva política de centro. El resultado con Ciudadanos siempre es frustrante; gobierna el PSOE o gobiernan los independentistas. No sirve para nada otorgarles la confianza. No es que reclame un voto útil para España, solamente pretendo no votar inútilmente. Porque aquí el partido que está en juego es mucho más amplio de lo que parece.

“Por otro lado es sabido que Susana Díaz esta llamada a pactar con quien más perturbe a Pedro Sánchez”

La otra opción del pacto PSOE y Unidos Podemos es sencillamente imposible. ¿Y por qué digo esto de forma tan absoluta? Pues por que el PSOE andaluz prefiere sumar con ciudadanos y ciudadanos prefiere sumar con el PSOE. No olvidemos que las elecciones nacionales están a la vuelta de la esquina y el puchero de los pactos que aquí se cuezan será el caldo que se utilice para cocinar las estrategias electorales que dibujen el futuro de la nación. Por otro lado es sabido que Susana Díaz esta llamada a pactar con quien más perturbe a Pedro Sánchez.

Vamos camino de una suerte de distribución sociológica que no va a ser muy proclive a los grandes pactos ni a los consensos estabilizadores. Preocupa, desde una perspectiva de gobierno, la dificultad que se avecina para legislar con acierto o para aprobar presupuestos responsables y coherentes. En la historia reciente de España las presiones de las minorías nacionalistas nos han traído el poner en peligro la unidad nacional y a ir cediendo competencias a favor de quienes quieren destruir un futuro en común. Miedo da pensar en un devenir más partido aún.

Con estos antecedentes y con este panorama hay que volver a pensar el voto para Andalucía pero también en la repercusión de este voto para el conjunto de España. Es claro que de una manera u otra el socialismo y su engranaje han hurtado a los andaluces su independencia. Sin trabajo no hay seguridad personal ni autoestima. El subsidio empobrece la capacidad de decidir y el estómago agradecido incentiva el servilismo. Conozco andaluces inteligentes que, tal como pasa en las sectas, son incapaces de hacer la más mínima autocrítica. No es miedo, no es tozudez, es una especie de alucinación intelectual que les hierve la sangre como inquisidores de la verdadera fe socialista. Pero vivimos en 2018, digo yo.

La autocrítica es sana y entiendo que es una virtud de personas que tienden a ser objetivas. Yo no tengo reparo en reconocer mis errores y por tanto tampoco puedo esconder las cosas que se han hecho mal desde el PP. Es más, me avergüenza como afiliado, los escándalos que han manchado nuestra marca en estos últimos años. Pero, igualmente, con toda objetividad puedo decir bien alto que aunque las comparaciones son odiosas, el PSOE de Andalucía es el paradigma de la corrupción, de las tramas y de una gestión incapaz de gobernar nuestra comunidad. No es comparable ni en volumen ni en intensidad, aunque los medios de comunicación oficiales prefieran poner la mano a tendérsela a la verdad.

“Ese tren pasó de largo en Andalucía el mismo día que Mariano Rajoy llegaba en AVE a la Estación de Antequera Santa Ana”

Hace apenas unos años, el PP gobernaba en las ocho capitales andaluzas, en un buen número de diputaciones, en el gobierno de España y en la práctica totalidad de comunidades autónomas. Nunca unas siglas han tenido tanto poder otorgado por los ciudadanos y nunca un partido recibió un encargo tan contundente de asumir responsabilidades. Ese tren pasó de largo en Andalucía el mismo día que Mariano Rajoy llegaba en AVE a la Estación de Antequera Santa Ana. Somos muchos los que todavía nos preguntamos si aquellas medidas impopulares podían haber esperado un poco de reflexión.

El tiempo ha pasado y donde todo aquel poder era fortaleza ahora se ha reducido a los restos de una tormenta que se originó en forma de Sentencia y moción de censura. Pero es tiempo de unir esfuerzos y de dejar sobre la mesa las facturas pendientes. Es tiempo, sobre todo, de apoyar a Pablo Casado y a un nuevo PP que se ganó en justicia la confianza en un Congreso verdaderamente abierto y justo. Los acontecimientos le están dando la razón y es de justicia reconocer que la situación no era muy alentadora para enderezar el rumbo en poco tiempo.

Me quiero poner en lugar de uno de aquellos votantes que hace años depositó el voto pensando con ilusión en un cambio real en Andalucía. Es necesario aportar algo más que una crítica al socialismo enquistado y a sus escándalos. Si eso no ha dado resultado antes, es imposible que ahora lo de cuando la Sexta anda retransmitiendo en directo el minuto y resultado del carrusel electoral. Los andaluces necesitamos un mensaje lleno de Esperanza, un mensaje que traslade confianza en nosotros mismos y en un futuro distinto.

Debemos espantar los peores fantasmas del pasado para iluminar un horizonte que empieza a despejarse. Después de la tormenta llega la calma, después del 2 de diciembre habrá que empezar a creer en Andalucía de verdad.

 

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Juan Manuel Garcia Montero

Juan Manuel Garcia Montero

Afiliado del Partido Popular dese 1.990 soy en la actualidad concejal en el ayuntamiento de Granada. He sido Concejal de Cultura durante 13 años consecutivos y ejercido la responsabilidad de ser portavoz del grupo municipal del PP y del gobierno de la ciudad durante cinco años. En 2016 presenté mi candidatura a la Presidencia del PP de Granada y una Sentencia judicial acaba de darme razón al declarar la nulidad del proceso congresual en el que han quedado demostradas las irregularidades internas que me impidieron acceder a la presidencia.

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