
«¿Quiere usted pensar conmigo? Hay un orden establecido en este mundo para las cosas. Todo espectáculo necesita un público, también un actor»
Hay un orden establecido en este mundo para las cosas. Todo espectáculo necesita un público, también un actor. Todo médico precisa de enfermos. Un maltratador no es nada sin una víctima… El misionero no puede ejercitar su bien sin algunos hambrientos y ningún millonario podría mantener su modo de vida sin la masa trabajando para él y su riqueza.
¿Qué haría un juez sin acusados y como comerían las multitudes sin personas que preparen el campo, siembren y cosechen? Alguien tiene que ocupar los hospitales, la cárcel, La universidad, los camposantos.
Unos vienen al mundo a mirar, otros, a ser mirados. Y el juego se desarrolla con los peones necesarios. Cuando algunos se equivocan el puzle se desbarata y todas las piezas caen; todo debe volver a empezar y surge el sufrimiento, las vidas equivocadas, el desorden, la opresión por parte de unos pocos a países enteros.
Creemos estar en la cima del conocimiento, de la cultura y aún caemos enfermos y morimos. Todavía es posible formar parte de rebaños de millones bajo botas groseras calzadas por gente hecha de dinero. Desde cubículos más pequeños cada vez, donde es imposible vivir más que un presente soñoliento después de la jornada de trabajo, en raros casos elegido, pocos son capaces de imaginar lo que hay tras el horizonte; porque tras el horizonte, hay hordas de iguales consumiéndose en sus cubículos comprados o alquilados.
«Quizá, algún siniestro, en lo oscuro, juega con nosotros colocando a los soldaditos humanos en cubos con los que construyen juegos innombrables utilizando sus garras resecas»
Sería bueno conocer de qué forma se acuerda el juego y el orden de los jugadores. Y cuál es la finalidad de la partida.
Quizá, algún siniestro, en lo oscuro, juega con nosotros colocando a los soldaditos humanos en cubos con los que construyen juegos innombrables utilizando sus garras resecas y deshaciendo la jugada de un manotazo si no sigue sus expectativas. Y no se sabe si en el juego entraba la “ficha” del esperanzado. Entonces todo salta por los aires, otra vez.
La cultura, el arte, la filosofía se esconden y hay que escarbar como un arqueólogo. Aunque Internet entregue todo, no todo se asume, hay que bucear de todas formas.
La llamita que duerme en cada corazón se mantiene en brasas a la espera del soplo mágico que la avive. Las luces robadas se preguntan y sufren una vez olvidado el centro. La culpa quiere apoderarse del ser disfrazada de necesidad. Confiemos en la Naturaleza, pero lo justo. Porque ya se sabe que cuando una de sus construcciones, deja de ser necesaria para la continuidad de las cosas, la elimina sin preocuparse de la individualidad…
El día de hoy, precioso, levanta el ánimo. El azul del cielo cubre a una multitud feliz que busca en la paz de su domingo la alegría del compartir. El Retiro bulle y la vida se expande. Niños que juegan, parejitas en feliz presente. Ancianos que pasean por las sendas del parque sin preocupación alguna. El aire llena los pulmones y el Sol calienta el corazón.
Hay coches de caballos, y turistas sonrientes cumpliendo el sueño de viajar a sitios lejanos, como este, tan cercano para los lugareños. Las terrazas de los bares repletas: Cerveza muy fría y gambas. Refrescos para los niños. La gente misma al pasar es el espectáculo por el que no hay que pagar más que una bebida y unas aceitunas.
«Prohibido pensar. Vida a flor de piel. Nadie presta atención al personaje de negro que, sentado en un banco bajo la sombra de un árbol»
Prohibido pensar. Vida a flor de piel. Nadie presta atención al personaje de negro que, sentado en un banco bajo la sombra de un árbol, centra su atención en el cuaderno desgastado que reposaba en el regazo y donde comienza a escribir con parsimonia: “Hay un orden establecido en este mundo para las cosas. Todo espectáculo necesita un público, también un actor” …
