Conversaciones en el andamio: la flojera rojilla de Don Vitorino. Por Francisco Gómez Valencia

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«Don Vitorino, sepan ustedes que fue cartero de profesión y cuenta, que antes incluso fue Sereno, no sé si creérmelo pero vamos, que tiene más años que Matusalén»

Dícese que las personas, siempre deben estar por encima de sus devaneos ideológicos pues en la calle no debería ser necesario ir enseñando el carnet de nada, ni tan siquiera el de buena persona. Y digo esto porque tenemos a un rojillo más perturbado que otra cosa siempre dando el cante por el barrio silbando la Internacional, hasta quedarse sin aliento con tal de que alguno de los demás, le entren al trapo para sentirse importante…

Don Vitorino, perdió la “c” de su nombre el mismo día en que le pegó un jamacuco al corazón dejándole sin aliento ni ganas de silbar durante unos agónicos minutos muy largos por cierto , y gracias a Dios y a los médicos del Samur, en los tiempos por entonces de Esperanza Aguirre hoy, lo cuenta y como la mala leche nos sobra a todos, pues les encanta recordárselo para callarlo y así se pierda un rato por el cabreo por la esquina de los contenedores entre los yonkis y la tienda cerrada de los congelados, a ver si así los entretiene y paran de amedrentar a la ”Seña” Almudena, cuando regresa a media mañana, que no la dejan entrar en su portal.

-Ahí viene, no lo veo pero le oigo silbar. ¿Qué hago, media vuelta y me evito el compromiso? No me apetece verlo ni hablarlo porque saldrá con lo de siempre y no tengo el cuerpo para gaitas después de lo que están haciendo estos golfos con mi país. Definitivamente media vuelta…

-¡Coño! Don Francisco…

-“Me ca´…” el aire me ha jugado una mala pasada y venía de costado… ¡Hola don Vitorino! ¿Como le va, cuánto tiempo sin verle, no habrá estado enfermo verdad?

-¡Porqué me dices eso chaval ¿Tengo mala cara?

-Nooo! La misma de siempre, para que le voy a engañar…

-Te vi el otro día cuando te quedaste hablando un rato con Don Jesús, “el guardia civil”, que me di cuenta que no querías cuentas con los viejos…

-Hombre Don Vitorino, no me diga eso que parece que fuera verdad… llevaba prisa ¿Sabe usted? Que los que trabajamos no nos llega el día y hay mucho que hacer. Nos va la vida en ello, ya sabe, jajaja…

Don Vitorino, sepan ustedes que fue cartero de profesión y cuenta, que antes incluso fue Sereno, no sé si creérmelo pero vamos, que tiene más años que Matusalén. En todo caso se mantiene bien el “jodio” pese a que el frio le agarrota los huesos por lo que ha pasado y dice que ha visto.

-Lo que hacéis ahora no es trabajar…

-¡Vaya por Dios, ya empezamos! ¿Entonces qué es Don Vitorino?

-No sé lo que haréis, pero que no sois capaces de levantar el país, te lo digo yo. Sois una panda de maricas…

-Bueno, si usted lo dice tendrá razón, ya sabe que no me gusta discutir con nadie y menos si lleva chapitas comunistas en la solapa, como avisando o amenazando de lo que nos volverá a caer por inútiles según usted y usando siempre su mismo razonamiento ¿No sé si me explico, o será usted capaz de comprenderme?

-Te comprendo perfectamente y deja que te diga una cosa chaval: “estos de ahora, son unos traidores a la patria, sea del color que sea”

-¡Amén! Don Vitorino.

-¿Ya te vas?

-Hombre que si me voy, lo dejamos donde hay que dejarlo, en todo lo alto. ¡En la cresta de la ola!

-¿Eh?

-Nada…

-Bueno pues adiós y hasta mejor ver…

¡Vamos!

14 de Noviembre, Santa Veneranda.

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FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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