Primero los huevos, las gallinas y sus “adalidas veganas”, después se acabará el mundo. Por Vicky Bautista Vidal

Estas dos Almas Veganas separan a los gallos de las gallinas, porque según ellas los gallos violan a las gallinas.
Estas dos Almas Veganas separan a los gallos de las gallinas, porque según ellas los gallos violan a las gallinas.

«Entonces, van unas veganas que defienden a las gallinas de los malos tratos machistas y depredadores de los gallos: individuos taimados donde los haya»

Dicen que uno llega a parecerse a aquello que ama. De ahí que muchos animales acaben pareciéndose a sus dueños. Parejas de muchos años muestran cierta semejanza. Familiares que viven juntos, manifiestan extraordinarias similitudes físicas. Entonces, van unas veganas que defienden a las gallinas de los malos tratos machistas y depredadores de los gallos: individuos taimados donde los haya, que, hasta ahora, parecían tener de molesto, tan solo, los cantos intempestivos que anunciaban, -ahora lo entendemos compungidos-, no la salida del astro rey, sino un nuevo día de violencia doméstica gallinácea.

Pero todo se tiene que saber, y descienden a la carne, ¡por fin!, valientes y guerreras, estas mujeres que reivindican henchidas de justa indignación, al abusado colectivo de pico y cresta: inocente productor del poco respetado huevo, que tanto bien ha hecho a la humanidad ofreciendo a esta sus nutrientes; y también, por qué no decirlo, lingüísticamente; porque gracias a ellas, podemos obviar la desagradable y obscena palabra “testículo”, cambiándola por otra mucho más coloquial y menos ofensiva, tal que el inocente nombre de “huevo”.

«La dignidad gallinácea debería también ser compensada: Ya que es la gallina, ciudadana intachable y ejemplar, la única con derecho de estar hasta los huevos»

Muy humildemente, y sin querer ahondar en heridas innecesarias, me gustaría señalar a estas valientes y reivindicativas heroínas, defensoras del mundo del corral, que ahí tienen también un punto delicado que acentuar en sus reivindicaciones, por lo que la dignidad gallinácea debería también ser compensada: Ya que es la gallina, ciudadana intachable y ejemplar, la única con derecho de “Estar hasta los huevos” de esto o de lo otro. Y que la pornográfica mente del humano hipocritón ha sustraído el apelativo del fruto de su vientre para utilizarla como sinónimo claramente sexual, ya que se refiere a las partes bajas de la anatomía humana, masculina por mas señas, y ya saben todas las veganas del mundo de la gallina, que, si son partes bajas y son masculinas, pues son pornográficas.

Y mirando los ceños, la mirada fija y algo redonda, los labios apretados y el gesto, adusto a la par que apremiante, de las señoras empeñadas en que todos nos pongamos a picotear el suelo en busca de una más saludable vida, comprendemos el lazo sentimental entre estas valientes soldadas del feminismo, allí donde esté; y entendemos que hay un cierto parecido físico entre ellas y sus pupilas cacareantes en cumplimiento a la ley no escrita que especificábamos al principio.

Les polles y les gilipolles veganes, veganas y veganos
Les polles y les gilipolles veganes, veganas y veganos

«Ya iniciaron la revolución, no hace mucho, aquellas heroínas que, con gomas y ordeñadoras adosadas a sus poco poderosas domingas»

El mundo animal comienza a recibir a sus mesías. Ya iniciaron la revolución, no hace mucho, aquellas heroínas que, con gomas y ordeñadoras adosadas a sus poco poderosas domingas, reivindicaban con lágrimas en los ojos y angustia en el corazón, los abusos cotidianos que sufrían las vacas a manos de violentos granjeros empeñados en manipular las ubres de unas pobrecillas indefensas. Aunque si las vacas hubieran tenido oportunidad de dar su opinión, quizá hubiesen obsequiado a sus quijotescas campeonas con alguna coz disimulada, debido a que ellas solas no pueden vaciar la leche de sus ubres y que, sin ayuda de esos malotes ordeñadores, mucho sufrirían ellas hasta explotar.

Pero esta reacción bóvida, no es más que producto de la indefensión y la opresión aceptada por la raza vacuna a causa del abuso eterno del granjero (Síndrome de Diógenes, seguro).
Expectantes aguardamos para admirar a las nuevas “adalidas” del orden sexual, que asoman sin pausa, primero como gotas, de esa fisura abierta por donde emergerá finalmente, como un torrente, la justicia sexual allí donde haya una hembra.

Después se acabará el mundo… Pero ese es otro tema, y mira, “pa” lo que hay que ver.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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