
«Mi afinidad política, la marca mis principios y valores por afinidad con un proyecto político centrado en España»
Mi afinidad política, la marca mis principios y valores por afinidad con un proyecto político. Cuando tenía 14 años ya iba a los mitines de Alianza Popular; al cumplir la mayoría de edad me afilié al PP: nunca he militado ni votado a otra formación que no fuera el PP. Me siento democristiano, como muchos españoles del área de centro-derecha y no defiendo el liberalismo decimonónico, sino el espacio de la derecha social, diferente a los movimientos libertarios, propios del “Tea Party” americano. Y al respecto recuerdo a mis lectores una de las grandes citas de Nicolás Maquiavelo: «Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno para poder evitarlo«
No debemos olvidar que en España los “liberales” caben en un taxi -como afirmaba Garrigues Walker-, y sin embargo, casi todo el espectro del área de centro/derecha presume de “liberales”. La sociedad española es distinta y aquí ha sido posible conjugar políticas económicas de corte liberal, incentivadoras del crecimiento económico, con políticas de protección de los derechos sociales, como demuestra el hito que supuso el auge de las clases medias españolas, hoy en fase de extinción. No existen recetas mágicas, ni el liberalismo individualista ni el modelo socialdemócrata: el mantener la paz social principia por el empleo y el mantenimiento de unos ratios de bienestar social mínimos, que van más allá de la miopía que supone el ver la solución de los problemas de los españoles desde posiciones de partido sectarias y excluyentes.
«Cierto que el ejecutivo de Rajoy pudo y debió haber derogado leyes frutos de la ingeniería marxista de Zapatero»
Cierto que el ejecutivo de Rajoy pudo y debió haber derogado leyes frutos de la ingeniería marxista de Zapatero; pero, no menos cierto, que la situación que vive España es de extrema gravedad y que la mayoría de los votantes tanto de Vox y de C’s -se lo aseguro- pasarían factura si por culpa de los dirigentes se permitiera que las riendas de nuestra nación la tomara el socialismo más extremo de Sánchez con sus socios marxistas, filoetarras y golpistas.
La democracia es el gobierno de la mayoría y nunca existirá -es imposible- un partido que represente una afinidad matemática a las sensibilidades de cada individuo: uno vota en función del grado de afinidad mayor.
En mi caso, mi mayor afinidad mutó a Vox -en otros que conozco a Ciudadanos-, pero si ante la gravedad de la situación actual de España, la izquierda lograra gobernar por la división engendrada tras la crisis que propició las políticas de Rajoy y Soraya, muchos de los españoles que votamos a otras formaciones alternativas -o satélites del centro-derecha- no lo perdonarían en unas próximas elecciones.
