
«Nos diferenciamos en que, a las moscas, nadie les hará sentirse asesinas de planetas por compartir nuestra hamburguesa»
La mosca de McDonald y yo compartimos pasión por las patatas fritas. Cada una a nuestra manera consumimos el menú. Solo nos diferenciamos en que, a las moscas, nadie les hará sentirse asesinas de planetas por compartir nuestra hamburguesa, aunque ellas, infames como buenos insectos, después defequen sobre la misma y se dedique a “violar” en vuelo o por las paredes a otras moscas…
¿Qué les parece?… Acabo de secundar con esta última afirmación a los espíritus gallináceos humanizados en vegana reivindicativa y acuso a la mosca de toda la vida, como debe hacer una buena vegana. Yo les juro que no lo he hecho intencionadamente; pero ya que estamos, me atrevo a mencionar a estos personajes de primera línea actual, las veganas, protectoras de gallinas, peces y vacas, y recordarles que, en este colectivo olvidado por todos, que es el universo de la mosca, se da cierto trasfondo oscuro que pasa desapercibido al ojo avizor de la justicia feministoide actual, y al de Greta Thunberg en particular. Que, la nena ecologista, debería ser consciente y poner su atención sobre la enorme capacidad depredadora de un individuo aficionado a posarse sobre excrementos de todo tipo para inyectar después en las patatas fritas, en cualquier filete o incluso en las sacrosantas verduras y granos veganos, además de sus huevos, los virus y microbios que llevarán después al sepulcro a miríadas de seres, humanos y de los otros.
«Culpamos al paso del tiempo, a la naturaleza, a Dios o al diablo, pero es la ignorancia lo que hace que los seres mueran entre sufrimiento y dolor»
Culpamos al paso del tiempo, a la naturaleza, a Dios o al diablo, pero es la ignorancia lo que hace que los seres mueran entre sufrimiento y dolor, por qué no decirlo, por la poca atención que ponemos sobre alguno de los mundos que compartimos. Y así tenemos a los depredadores machistas de medio centímetro faltando a todas las leyes ecológicas y las feminazis sin enterarse ¡Hombre ya!
Hoy, bajo la lluvia intensa de la Dana, negros nubarrones y el viento que arrasa con los peluquines y sombreros de los esnobs, un relámpago centellea sobre mi testa ennoblecida por el pensamiento… Bueno, a lo mejor, no tan ennoblecida. Pero no hago caso y acabo por encaramarme al pódium de las defensoras de la humanidad y dar al mundo actual, tan poco necesitado de más tonterías, otra más.
Si ensayo un poco, igual me regalan un barco para que vaya cacareando… ¡Perdón! pontificando por todo el mundo conocido acerca de mis descubrimientos ecológicos y me hago famosa contando en mis escritos con miles de “me gusta” y apareciendo en fotografías con el dedito de señalar levantado y la corona centelleante de la fama sobre la coronilla.
«Mientras se difuminan cosas, digo, tomo la lupa de investigar para descender al garaje comunitario de mi casa, patria de miles de cucarachas»
Mientras se difumina en la duda mi ardor combativo, pues creo que si llegara a tal fama debería vestirme o desvestirme tal como las modernas “adalidas” de la nada feminista del siglo XXI, y algunos cuerpos ya no están para trotes; mientras se difuminan cosas, digo, tomo la lupa de investigar para descender al garaje comunitario de mi casa, patria de miles de cucarachas, a ver si descubro algo que reivindicar con este pueblo tan desconocido sociológicamente.
Sé que cuando una de ellas fallece las otras se la comen. Lo que no tengo claro, pero sospecho, es que podría ser que no fuera verdad que se reproducen por partenogénesis, ─ que, si fuera así, su imagen, debería figurar en el estandarte del feminismo actual ─, y que fueran solo los “cucarachos” los caníbales.
He ahí pues mi próxima contribución a la humanidad. Pronto, (si puedo superar el ascazo que me dan las moscas y las cucarachas) en primicia, mis descubrimientos para todas las redes sociales… o casi todas. ¡De nada!
