Esté virus es muy peligroso sí, pero menos que los farsantes comunistas de la linde. Por Rodolfo Arévalo

Esté virus es muy peligroso sí pero menos que el hambre del Tercer Mundo
Esté virus es muy peligroso sí pero menos que el hambre del Tercer Mundo

«Estoy hasta los perenfanillos colgantes entre la entrepierna…  Esté virus de hoy, el coronavirus es muy peligroso sí, pero menos que los farsantes y comunistas de la linde»

Estoy hasta los perenfanillos colgantes entre la entrepierna…  Esté virus de hoy, el coronavirus es muy peligroso sí, pero menos que los farsantes y comunistas de la linde. A ver si ustedes me entienden, por que no creo ser yo solo el que lo está. Imagino que también habrá mujeres que estén hasta lo que no les cuelga entre las piernas de tantos bobos, corre lindes, aprovechados, caraduras, paletos, traga hogazas, comunistas desplazados de tiempo, horteras, maricaplayas, chulo putas y chulillos normales, gentío estrafalario, medios géneros, géneros enteros, como el de las carnicerías, que a veces tienen dentro de frigorífico por el calor del cambio climático.

Deberían ir ver la venta de productos alimenticios en África y se les pasaban todos los coronavirus del alma mía. Junto a los trozos de carne plagados de moscas de todo tipo y color, tenemos unas ricas ristras de saltamontes ensartados para freír o dorar en aceite de palma convenientemente, barras de una pasta de mandioca blanca pero un poco translúcida que acompañada con un fuerte picante sirve para que el estómago se llene y no tener tanto hambre. Lo he probado, puro yeso. Si tienes una nevera, puedes incluso recolectar orugas apetitosas en algunas épocas del año, que te puedes comer a pie de árbol o dejar para mañana, cuando estén aletargadas por el frío, y se muevan menos en la boca que las muerde. Vamos que muchos de ustedes morirían de asco. Yo no, porque tengo un estómago a prueba de bombas y todo lo que es proteína lo considero comestible. De hecho las Termitas fritas están deliciosas, son un manjar de Dioses y saben a gambas.

«En África, de coronavirus no se muere nadie, puedes morir de cualquier cosa que asustará al propio coronavirus»

No, no crean que soy capaz de comerme un ser humano, pero casi cualquier otra cosa sí. Un día comí una holoturia en una casa a la que me invitaron estando en África, no era cuestión de hacer un feo. Estaba curiosamente blandengue pero rica. Pero allí, en África, de coronavirus no se muere nadie, puedes morir de cualquier cosa que asustará al propio coronavirus, una buena elefantiasis, una buena malaria o cosas por el estilo pero el virus saldrá huyendo pidiendo misericordia de tu cuerpo. O sea se puede morir, pero no del virus, se muere junto con el virus que también muere.

Después de vencer los primeros cinco años de vida, tu cuerpo, está ya a prueba todo. Así que coronavirus más o menos, como que no te enteras. Cogen los nativos el coronavirus y si no se hacen un collar para el cuello, lo degüellan en los parques municipales, si es que encuentran alguno, que escasea la obra pública.

Esto que expongo es un problema, uno de los gordos, no de sábado, ni de Domingo, uno intemporal y penoso que no ha hecho nada más que comenzar. Pero nada los que podrían estar enseñando a aquella gente a llevar otra forma de vida están por uvas tratando de que todo el mundo, adopte el famoso, por sus ciento treinta millones de muertos, comunismo o caradurismo insoportable de sus entusiastas.

«Claro que los comunistas no, porque no tendrán que soportarlo, porque se hallaran en la cúpula de la pasta gansa»

Claro que los comunistas no, porque no tendrán que soportarlo, porque se hallaran en la cúpula de la pasta gansa, que en la actualidad sale de las drogas y su tráfico que trasiegan otros gobiernos populistas comunistoides en países donde sus gentes se dejaron engañar por el hijo de la gran puta de turno. “Ande yo caliente y ríase la gente” dicen algunos gobernantes sobre sangre de pueblos enteros.

Y lo malo es que tratan de exportarlo, porque aquí al parecer vivimos tan mal o peor que en el África que he descrito. O eso deben creer ellos los mastuerzos. Recuerdo cuando en el ayuntamiento de Madrid una alcaldesa, que prefiero no recordar, decía que había niños que morían de hambre… Debía de haber vuelto de Sudán o de República Democrática del Congo, porque si no, no me lo explico. Y es que miren ustedes por qué estoy hasta el gorro. Les explico, vivimos en una sociedad en la que para estar integrado tienes que ser de encefalograma plano, creerte todo lo que te digan desde las instituciones, hacer lo que hacen los demás, vestirte, peinarte, maquillarte, ver, leer y manejar el móvil como experto de quinto año de móvil, aunque uno no tenga nada que ver con ese gentío perdido y sin personalidad por mucho tatuaje que lleve, porque si no es que eres un raro, un elitista y probablemente un fascista.

«Pues eso que es lunes, la semana del coronavirus no ha hecho nada más que empezar y el farsante Sánchez sigue con que nos lavemos las manos»

Si sabes más cosas que los demás por supuesto que vas de divo y de tirarte el moco cosa que algunos no tan instruidos odian porque les deja en evidencia. Pero es que saber más cosas que casi todos los que tienen menos de cuarenta años es un juego de infantes a los que dejaron pasar cursos con asignaturas suspendidas. Y en vez de esforzarse por aprender, nones, que no que no les da la gana. Y luego además, las empresas de servicio, muchas de ellas te creen un absoluto idiota carente de brío para decir no y te bombardean con productos e intentos de venta que ya elegirás tu si te apetece. Pues eso que es lunes, la semana del coronavirus no ha hecho nada más que empezar mientras el farsante Sánchez insiste en que nos lavemos la manos y tenía ganas de soltar la bilis que me corroe y he de comerme oyendo políticos tan zafios como el pueblo que los elige, el resto de la semana.

Es penoso ver el plantel de izquierdas y ultra izquierdas que tenemos en la actualidad en lo que yo llamo el Hemicirco por no llorar. Espero que entre ellos haya por lo menos un poco de intelecto, porque España parece en la actualidad una corbata de teatro de representaciones bufas, con actores algo perjudicados del entendimiento. Por todo esto, es por lo que estoy hasta los perenfanillos colgantes entre la entrepierna… Tengo ganas de que se vayan a África, allí si que los necesitarían para poder enseñarles lo que es pobreza, pero en medio de una sonriente plena felicidad de vivir. Y no amargados como ellos todo el día y amargándoselo a los demás.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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