¿El lector nace o se hace? Homenaje a la Cuesta de Moyano, mi padre y los libros. Por Vicky Bautista Vidal

En mi casa siempre tuvimos armas., Como siempre genial J M Nieto.
En mi casa siempre tuvimos armas que comprábamos en la Cuesta de Moyano. Como siempre genial J M Nieto en el día del Libro

«¿El lector nace o se hace? Siento yo que nace. Aunque en muchas ocasiones sea preciso que, como a la Bella durmiente, venga un príncipe a despertarlo»

¿El lector nace o se hace? Siento yo que nace y recuerdo la cuesta de Moyano de Madrid. Aunque en muchas ocasiones sea preciso que, como a la Bella durmiente, venga un príncipe a despertarlo. Un pequeño impulso y, nuestro lector, seguirá por sí solo el camino a la Fantasía y a las múltiples vidas que proporciona la lectura.

«Al principio, los tenía ordenados por imágenes. Hasta que reuní más de ciento cincuenta. Eran mi tesoro. Mi propiedad. Mi mundo paralelo…»

En mi experiencia vital, existió el primer impulso que llegó de la mano de mi padre. Desde que aprendí a leer, él, buscaba en su biblioteca libros que yo pudiera entender. Ahora, escribiendo esto me doy cuenta de que “el lector” estaba ya dentro. Porque recuerdo, como me tragaba hasta el periódico “Pueblo” que una de mis tías traía cada tarde al regresar a casa. Las revistas de moda y, maravilla de las maravillas: Un cuento de hadas diario. Estos cuentos eran unos cuadernitos de dibujos que vendían en los quioscos y que yo coleccioné desde antes de saber leer. Los guardaba en un cabás (maletita pequeña que utilizaba para ir al colegio). Al principio, los tenía ordenados por imágenes. Hasta que reuní más de ciento cincuenta. Eran mi tesoro. Mi propiedad. Mi mundo paralelo…

¿A partir de un cambio de domicilio yo, pensé que a quién iba yo a confiar mi preciado bien que me lo guardara hasta que yo pudiera recuperarlos?… Pues, naturalmente, a mi madre. Que una madre siempre vela por los hijos bla, bla, bla… Y es cierto; pero lo peor es, cuando la madre no tiene el mismo orden de valores que una niña de seis o siete años.

Puede pasar lo que sucedió, que llegues a tu casa pensando en tus amados cuentos y te los encuentres en la cabeza de mami en forma de bigudíes, y en el suelo, hechos pedazos por las manos de tu hermanita de un año, por que la niña se aburria y…

– “¿Pero, por qué te pones así ¡pachuches!?–

«No fue difícil porque me lo leía todo. A los diez u once años descubrí la “Cuesta de Moyano” en Madrid. Los niños de entonces no éramos como los blandengues de ahora»

Creo que pasaron años hasta que dejé de llorar cada vez que me acordaba de la “espantosa” pérdida de mi bien más preciado. Primero me mordía las trencitas para que no se me escuchara. Después, cuando fui creciendo, ya aprendí a llorar por dentro. Pronto me independicé en cuanto a mi camino lector. No fue difícil porque me lo leía todo. A los diez u once años descubrí la “Cuesta de Moyano” en Madrid. Los niños de entonces no éramos como los blandengues de ahora. El metro nos era conocido. Circulábamos solos sin problema. Hacíamos novillos y nos íbamos al Prado, por ejemplo.

Homenaje a la Cuesta Moyano, mi padre y los libros
Homenaje a la Cuesta de Moyano, mi padre y los libros

«Los más especialitos, nos íbamos a la Cuesta de Moyano a buscar libros de segunda mano, baratos e interesantes. Las niñas nos defendíamos solas y bien de los acosadores y sobones del Metro»

Los más especialitos, nos íbamos a la Cuesta de Moyano a buscar libros de segunda mano, baratos e interesantes. Las niñas nos defendíamos solas y bien de los acosadores y sobones del Metro. Recuerdo que tomé el Metro cuatro veces al día para ir al instituto desde los 12 a los 15 años. Todas llevábamos nuestro alfiler de cabeza en la solapa del abrigo para pinchar a los que tuvieran la osadía de intentar meternos mano, -que no eran pocos, por cierto -, en la aglomeración de los vagones.

Nunca fui una buena estudiante. Muchos años después descubrí que, sí lo era, pero tan solo de materias que me interesaran, entonces no las memorizaba, las bebía. Fuera la que fuese mi vida, tenía otra paralela que era la más importante: La vida en que viajaba sin parar a otros mundos en las alas de mis libros. De mis comics. De los libros que no debía leer… Mis ojos estaban posados en alguna lectura la mayor parte de mi tiempo libre.

Para dormir prefería tragarme algún comic de terror que era entonces un género que me agradaba. Lo que para algunos habría sido un cúmulo de pesadillas después, para mí, resultaba banal y entretenido para irme a la cama. Cosas de una misma.

«Durante muchos años no he conciliado el sueño como el resto del mundo, sino leyendo y rodeada de un puñado de libros acerca del tema que me interesara en ese momento»

Durante muchos años no he conciliado el sueño como el resto del mundo, sino leyendo y rodeada de un puñado de libros acerca del tema que me interesara en ese momento. De aquellos lodos estos barros. Ahora tengo los ojitos que se ha de tragar la tierra de lo más pifostiado. Pero como ellos no lo saben, sigo haciéndolos trabajar más de lo que debieran. Aunque no me es tan fácil leer los libros de papel que tanto amé hay infinidad de soluciones en estos tiempos llenos de inventos adorables.

Y de esta manera he homenajeado a los libros que tanto me enseñaron. Que aliviaron los peores momentos y complementaron los mejores. Maestros pacientes siempre que yo veneraré en esta vida y en la otra.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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