
«Yo he decidido que desde ahora mi nombre comunista será el de Ciudadana Lucera; y busco academia para aprender a balar»
¿Ha elegido usted ya el nombre ovejuno para hacerse llamar durante los cientos de años en los que permanecerá en el gobierno el señor ese que ha llegado a la presidencia a costa de cobardías, ignorancias, desdenes, indiferencias y demás “virtudes” inversas del rebaño ¡perdón! ¿Del pueblo, español?
Yo he decidido que desde ahora mi nombre comunista será el de «Ciudadana Lucera»; y busco academia para aprender a balar, aunque para eso, no hay más que seguir los diferentes discursos del puñado de vicepresidentes, ministros, ministras, adosados, marimachas, mari féminas… ¡Si, hombre!, esas que creen que porque les gusten las señoras y a ellos los señores, ya poseen un valor añadido a su poquedad personal. A mi me gustan los centollos y no por eso voy por ahí poniéndome tonta y eso. Aunque, si llego a algo en política, pienso dar mítines y charletas en los colegios sobre la discriminación que sufrimos los amantes de los centollos; y pienso crear mi propio lobby, que si una cosa me ha enseñado el fabuloso siglo XXI es que da igual lo estúpido que seas, lo poco que valgas, si sales en la tele diciendo memeces y te inventas movimientos indignados por algo, y te has chupado dos libracos de aquel señor Marx, que no trabajó jamás; profesor en tirarse a las criadas y esquilmar a la familia, propia o por matrimonio, por ejemplo, pues que te “sacan” en los papeles y se te organizan los votos que acabas de ministra de hacienda , de igualdad, o de algún ministerio que acabe en “dad”.
Y puedes ser fea, rara, imbécil, farfollas, papanatas de nacimiento, que, si te “ajuntas” a los guapetes pesoanos y a los que andan besando la “fotico” de Stalin, Castro y alguna momia más, además de paganos de la actualidad, llegas. Tu tranqui, chato, que a algo llegas seguro.
Vale también haber jugado el juego progre del país más ridiculizado del mundo mundial (adivine usted mismo cual) que ha permitido que le quemen el paraíso para convertirlo, no se ría usted que esto es muy serio, para convertirlo, decía, en un territorio bananero, pero más cutre aún.
«La Ovejita Lucera es la Canción adecuada para Pedro Sánchez y el rebaño español»
Auguro como oveja visionaria, ovejita Lucera, que, muy pronto, te pondrán en la uno una serie nueva: los discursos interminables, de horas, con los que Fidel entontecía a la masa obediente de serviles pobretes.
Si me lee alguna experta inteligente, sepa que podría forrarse si crea una academia de preparación para “jinetera”, que va a ser una de las pocas salidas de las pobres españolitas que han llegado al mundo ahora, gracias a la desidia, memez y sabiduría inversa de sus progenitores. ¿Qué no?… ¿Qué esto es España?… Le contesto en el nuevo idioma que se impone: ¡Beee!
Ya voy yo ensayando. Que ni catalán ni nada. ¡Un saludo, camaradas ovejas!