El dinero se mueve y compra voluntades y tierras. Por Gusarapo

El dinero se mueve y compra voluntades y tierras. Foto de Sebastián Cañada para El Comercio.

«Antes les tocó a otros sectores, ahora le toca a la agricultura y a la ganadería. El dinero se mueve. El dinero compra voluntades y tierras»

 

Estoy viendo moverse los gusarapos que se agitan en las mansas aguas de la orilla del río. Se retuercen, se muevan compulsivamente, se desplazan en todas las direcciones, van evolucionando.

Se trata de larvas de diferentes especies de insectos que se desarrollan siguiendo su evolución natural. Muchas sirven de alimento a peces y aves.

Este verano apenas se ven patos.

Esta semana el río lleva más agua de lo acostumbrado. Para quien lo observa frecuentemente es fácil advertirlo. Es algo extraño por salirse de lo habitual.

Hasta el fin de semana pasado la base de las eneas más cercanas a la orilla no estaba dentro del agua salvo el domingo, pero estos días el agua no sólo la moja sino que la sobrepasa en unos veinte centímetros. Lo habitual es que los domingos después del mediodía y lunes, el agua suba, para volver a bajar antes de que comience el martes.  Cosas del riego en las fértiles parcelas que se encuentran aguas arriba.

Tal vez mi vista me engaña y sea lo normal.

El año pasado no lo fue en otros ríos. Quizá sea eso, sospechas, simples sospechas.

Hace unos días que escuché a varias personas hablar entre ellos sobre las fincas que últimamente se están vendiendo y comprando en la provincia. Hablaban de fincas ganaderas. Y mencionaron a alguien, importante, del sector energético, alguien cuya empresa produce electricidad con el agua embalsada del río. Pero también nombraron a otras personas de la banca y de la industria.

El dinero no descansa, no para, siempre se está moviendo. Las tierras son buena forma de inversión, son finitas, son las que son, no hay más que las que hay, ya sean tierras de cultivo, forestales, adehesadas, pastizales, perdidos y eriales. El dinero en el banco pierde valor. La inflación y esas cosas, y acaba mermando. Las tierras no, las tierras valen de forma constante y normalmente en ascenso.

Cierto es que hay momentos puntuales de estancamiento o bajada, pero los casos que he conocido siempre se han debido a las circunstancias personales, particulares, de quien se ha visto obligado a vender. Las tierras suelen ser valor seguro.

Esas gentes, las de dinero, las de influencia, las que compran, adquieren muchas hectáreas. No deja de resultar curioso en un momento en que la rentabilidad de las explotaciones es muy baja o cuando menos está en entredicho. Pero claro, una cosa es la rentabilidad de quienes las explotan para ganarse un sueldo que les permita vivir, y otra muy diferente es la rentabilidad de quienes las compran para invertir.

De siempre ha habido empresarios, notarios y médicos, entre otros profesionales, que han comprado fincas por el mero hecho de tenerlas, por gusto, como reflejo de su posición social, como esparcimiento o como cualquier otro capricho, pero ahora se observan comportamientos diferentes. Bueno, no es justo de ahora, pero sí desde no hace demasiado tiempo.

Los billetes se mueven, los gusarapos del agua también. Es la vida.Hace un par de días, una tuitera que muestra interés sobre las cosas del campo, @hemmeh-h , me remitió un artículo sobre las inversiones que algunos fondos de inversión están realizando en tierras de cultivo y en los mismos cultivos. Les dejo el enlace por si les interesa echarle un vistazo. Creo que merece hacerlo, aunque sólo sea por curiosidad o por mover un pelín las neuronas, que casi siempre es bueno pensar.Estos asuntos no nos pillan por sorpresa a muchos de quienes vivimos con los pies cubiertos por el polvo de la tierra, pues tenemos claro desde hace tiempo que tanto interés por echarnos del sector tenía que tener un objetivo, o varios.

Tensas la cuerda, modificas las condiciones de trabajo y mercado, especulas, haces caer los precios, la rentabilidad, y luego te limitas a esperar y a recoger ganancias.

Antes les tocó a otros sectores, ahora le toca a la agricultura y a la ganadería. El dinero se mueve. El dinero compra voluntades y tierras.Últimamente muchas voces se alzan en contra de las teorías que afirman que la producción agrícola ecológica es más sostenible o menos contaminante que la agricultura convencional. En realidad llevan años diciéndolo, pero lo que se sale del argumentativo imperante suele ser relegado o enterrado por los medios de comunicación.

Un ejemplo al alcance de todos por tener publicados varios libros en español sobre lo que esconde el ecologismo actual, es José Miguel Mulet, doctor en Bioquímica y Biología molecular. Este señor considera que la agricultura ecológica es más perjudicial que la convencional al necesitar mayor superficie para obtener los mismos rendimientos. La superficie requerida sólo puede obtenerse a través de la deforestación, pues como he dicho antes, la superficie es finita.

También considera que se produce un incremento en el uso de la maquinaria al tener que controlar las adventicias con medios mecánicos por no poder utilizar herbicidas. Más labores, más emisiones. Es fácil de comprender.

Hace algún tiempo dos científicos norteamericanos, profesores de biología y especialistas en ecología, biodiversidad, impacto alimentario y poblacional, los doctores David Tilman y Michael Clark, empezaron a alertar sobre el impacto de la agricultura ecológica en comparación a la convencional.

Entre otras conclusiones, y en base a varios parámetros, emisiones de gases de efecto invernadero, uso de la tierra, potencial de acidificación, potencial de eutrofización y uso de energía, manifestaron que dicho impacto depende directamente del producto cultivado.

Últimamente se ha dado a conocer, para la mayoría, uno de sus informes. En él consideran que el uso de estiércol natural puede resultar más perjudicial que el uso de abono mineral por la distinta forma de liberar los nutrientes, y produce acidificación del suelo.

Consideran también que las emisiones entre la agricultura ecológica y la convencional son similares, pero la primera requiere entre un 25 y 110% más de suelo para producir la misma cantidad de alimentos al obtener menores rendimientos por hectárea.

También mencionan las diferencias de precio, más elevado en el caso de lo ecológico, lo que limita el acceso de muchas personas a los alimentos.Suelo decir que nada es blanco o negro, malo o bueno, que todo depende de su uso y del momento. La información es sesgada e interesada.

Cuando te paras a analizar la ruina de unos y el progreso de otros en base a esa información y a las leyes y normas que se aprueban y aplican sobre ella, comprendes que todo se hace para beneficio de unos pocos. Los mismos de siempre.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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