Conversaciones en el andamio: Los allegados de mi vecino Társilo. Por Francisco Gómez Valencia

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Conversaciones en el andamio: Los allegados de mi vecino Társilo

«Társilo es un gran ejemplo de lo que nos trae a todos por la calle de la amargura, que no es sino lo de los allegados que vamos a poder tener en casa para cenar en Nochebuena»

Ya saben que en estas casas de hoy en día se escucha todo tras las paredes de papel de fumar. De hecho yo tengo un vecino que no sé si es “persona humana”, un ser binario de esos que tienen aletas de pez como el que ha salido en la tele (este más bien se parece por las orejas con las que le ha dotado Dios) o simplemente un humano tipo reptil. Tipo sapo para más señas de esos repugnantes que parece que eructan a todas horas en “estéreo dolby surround”

En esa casa viven no sé cuántos pues se escuchan muchas voces diferentes, igual debe tener un karaoke y cómo anda tieso de pasta y además es esquizofrénico, trabaja más bien poco. De hecho creo que limpia en un hospital, y se queja de todo continuamente y cuando no lo hace al volverse cuerdo temporalmente por mediación sindical y por la medicación, insulta al gobierno de turno con poco conocimiento y sin causa la verdad sea dicha.

Bueno el caso es que es un gran ejemplo de lo que nos trae a todos por la calle de la amargura, que no es sino lo de los allegados que vamos a poder tener en casa para cenar en Nochebuena ¿Qué se pensaban que iba a hablar de los sanitarios? Pues no.

-Me han dado recuerdos para ti…

-Hola Társilo ¿Cómo lo llevas… quién?

-Javi el del 13 que ha sido padre la semana pasada, si hombre que trabaja por las noches no sé donde…

-Si, si ya sé, gracias hombre. Pues en un hospital como tú ¿Es que no te acuerdas que te intento colocar en el suyo hace dos años porque te pillaba más cerca, teníais parking gratis, máquina de café y sala de descanso? Bueno ¿Y tú como lo llevas?

-De baja, como siempre…

-Pues no pareces estar mal, eso es bueno ¿No? ¿No te interesaría el Hospital nuevo?

-Ya, bueno con esta gente se te quitan las ganas de todo.

-Si, te entiendo, pero no pierdas la esperanza ¿No dicen que eso último que se pierde? Pues eso… ¿Qué gente?

-Hombre pues la familia, que dice que con lo del covid que mejor que me quede en casa tranquilo por lo del toque de queda y eso, ya sabes, así que me quedaré en casa con los allegados que vienen a veces a verme…

-Ya. Pero si tú siempre estás solo, que se oye todo ¿No?

Silencio escénico. Su mirada perdida hacia la zona de los buzones sin retirar el dedo del botón del ascensor me parece preocupante…

-Pues eso…

Pánico escénico. Me subo zumbando para el tercero y sin esperarlo mientras le digo en voz alta sin mirar atrás y para cerrar la conversación de besugos…

-¡Vale tío! Veo que estás de vicio…

Puff, cada vez me da más “yuyu” este hombre…

¡Vamos!

18 de diciembre, día dela Virgen de la Esperanza (…ya queda menos para acabar con este 2020).

***

 

FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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