
«Y eso que no sabía de la existencia de un revólver oculto en el doble fondo del maletín, para tratar las patologías más graves»
El tren hacía parada en la estación de Teruel, en la parte baja de la vega del Turia. Como si de una película de John Ford se tratara, sólo un pasajero subió al vagón. Se trataba de Susana Lou Plou, joven vecina de Villaspesa, vestida a la última y cuyo único equipaje era un maletín de Louis Vuitton y un bolso de la misma marca que depositó en el altillo del habitáculo, sobre el asiento. Compartía Susana vecindad con otra señorita, Margarita Llanos Casado se llamaba, enfermera por más señas y que venía de Zaragoza. Enseguida congeniaron, pues eran de similar edad y -oh casualidad- ambas habían comprado el mismo modelo de maletín.
-Este lo adquirí en Poeta Querol, en la tienda oficial -confesó Susan.
-Pues el mío me lo regaló mi novio, aunque sospecho que es del top-manta de la calle Alfonso -se sinceró Margot.
-La verdad es que son indistinguibles, tía.
-Yo no los distingo, maña.
El tren que conducía a las dos nuevas amigas se iba acercando a tierras levantinas, tras sufrir un retraso por avería y otro por el paso (sin nivel y sin barrera) de un burro y de su dueño en el término municipal de La Puebla de Valverde.
-Yo voy a Carcaixent (antes Carcagente) -dijo Marga-, por una oferta de trabajo.
-Pues yo a Valencia, al piso de mi novio, que vive en la avenida del Marqués del Turia.
Al fin llegaron a la ciudad de ese Turia y como al cercanías de Carcagente (ahora Carcaixent) le faltaba una hora, fueron caminando a la estupenda y muy art déco cafetería del antiguo Cine Capitol, donde bebieron una fresca cerveza Turia. Que por aquí todo es “Turia”, como se ve. Después de profundizar en la amistad e intercambiar los teléfonos, una muchacha volvió a la estación y la otra, en taxi, a la casa de su novio.
Poco tardó la bella Susana en acudir al piso de su amado y encontró, tras las naturales efusiones cariñosas, encontró -digo- que había preparado una cena con velitas y champán y tenía a punto el vídeo para ver una peli de Howard Hawks. La chica entregó el maletín de Luisvi que tanta ilusión le iba a hacer a su amigo, al tiempo que Margaret llegaba, en un coche de caballos, desde la estación de Carcagente hasta la finca del duque de Tres Aguas, solterón entrado en años y que vivía con su criado y su doncella (más viejos que él) rodeado de naranjos. Se apeó Margarita, fue acompañada al interior del caserón, y en el sofá de la biblioteca se encontró con el duque, infectado por un enorme grano purulento que le hinchaba la nariz.

De manera rápida (al notar la angustia del aristócrata) puso su maletín delante de las narices de Tres Aguas mostrándole su contenido: dos copas cónicas para martini, un vaso mezclador, una cucharilla removedora, un cubilete medidor, un colador y una botellita de ginebra Bombay Sapphire, además de otra de vermú seco Noilly Prat. Ante semejante visión y la propia de Margarita, el duque notó mejoría y le pidió matrimonio a la sabia enfermera, que era Llanos y Casado.
Por su parte, en la avenida del Marqués del Turia, Susana cruzaba las manos y miraba con entusiasmo la cara de su chiquet, que abría el maletín de Vuitton en cuyo interior había una botella de povidona yodada, otra de agua oxigenada, unas tijeras, unas pinzas, vendas y esparadrapo, analgésicos, un termómetro, gasas y tiritas, suero fisiológico y unas jeringuillas con sus correspondientes agujas, además de penicilina, unos caramelos de menta y el recorte de un anuncio de periódico que así decía:
Se necesita sanitaria de sexo femenino (a ser posible soltera) para funciones de enfermería de la Casa de Tres Aguas. Excelentes remuneraciones. Camí de Sant Francesc, 43. Carcagente (Valencia). Teléfono 961 366 001.
Ni que decir tiene que el exquisito novio valenciano dejó esa misma tarde la relación sentimental con la ciudadana Lou Plou. Y eso que no sabía de la existencia de un revólver oculto en el doble fondo del maletín, para tratar las patologías más graves.

