Conversaciones en el andamio: de las paranoias de la difunta doña Concha. Por Francisco Gómez Valencia

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Conversaciones en el andamio; de las paranoias de la difunta doña Concha.

“Doña Concha decía que estaba harta de todos nosotros y que el barrio era poco para ella, fíjate la tipa, quien se pensaría que era”

Mientras esquivo los restos inertes del pino milenario hecho pedacitos desde tiempos de Filomena aun sin recoger, y a menos de dos metros de la puerta del portal tuerzo a la derecha por la esquina de la peluquería cerrada por ser domingo del señor Satur, y escucho los alegres silbidos de mi querido vecino del 1ºA recientemente repuesto del Covid, bichito que le trajo por la calle de la amargura aunque como se suele decir, “bicho malo nunca muere” y este; es del aleti…

-Don Pepe que buena cara tiene con la racha que llevan, a tres puntitos que estamos, jajaja.

-Don Paco, que graciosillo vienes, partido a partido. Oye… ¿viste la que monto la Victoria Vera esa?

-Será Victoria abril…

-Abril o marzo, qué más da… está como una chota la pobre; ¿no?

-No sé, usted sabrá que pensaba más o menos igual hace un par de meses…

-Calla, calla… me recuerda a Doña Concha mi vecina de enfrente…

-¿Enfrente suyo… pero ahí no están los de las bicis?

-Siiii… te hablo de la que estaba antes de estos…

-Pufff la conocí pero muy poco porque se fue al poco de entrar nosotros a vivir aquí…

-Pues era igual: que si la rayaban la puerta, que si la cortaban las cuerdas del tendedero, que si la llamaban a la puerta o al telefonillo por las noches, que si esto, que si lo otro… ¿no te acuerdas?

-Vagamente. ¿Qué pasa que era muy paranoica la mujer?

-Paranoica no; que decía que la pasaban cosas y echaba la culpa a los demás siempre sin pruebas, era bastante maleducada y las liaba pardas en las reuniones…

-Que quiere que le diga… ¿y qué fue de ella?

-Se fue a vivir a la calle Toledo, muy cerca de La Latina…

-¿Y eso?

-Decía que estaba harta de todos nosotros y que el barrio era poco para ella, fíjate la tipa, quien se pensaría que era. Yo creo que no estaba bien, algo la fallaba…

-Hombre Don pepe, por pensar así no tiene por qué estar loca, igual algo de razón llevaba…

-No se chico, lo último que me contaron es que al poco de irse de aquí, se murió…

-¡Vaya por dios!

-Que fue a coger el ascensor, abrió la puerta y se cayó por el hueco. Que dicen que falló y no subió y la mujer no se dio ni cuenta y para abajo que fue…

-¡Upss! Pues igual algo de razón tenía…

-Igual…

-Esto de los negacionistas da para escribir un libro.

-Pues escríbelo, a ti que se te dan bien esas cosas…

-Un libro no pero igual… un artículo sí. No sé, a ver como lo titulo…

-Pues muy fácil chato; “Lo que todos pensamos y ninguno nos atrevemos a decir”.

-¡Vale¡ Y se lo dedico por haberme ayudado con el título…

-Jajajaja, pues venga; ¿necesitas una foto?

-Jajajaja… de momento no, si eso ya se la pido…

¡Vamos!

28 de febrero San Rufino.

***

FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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