Sin ganaderos ni agricultores, no hay nada que comer. Por Luis Bully

Sin agricultores ni ganaderos no hay nada que comer
Sin agricultores ni ganaderos no hay nada que comer. Imagen de Ben Heine

«Señores, sin ovejas no hay corderos, sin terneras no hay filetes, sin verduras no hay sopas. Y sin ganaderos ni agricultores, no hay nada que comer»

Hace tres años, alguien con la cartera y varios colchones llenos de billetes morados, de esos de quinientos, y que acababa de comprar una preciosa finca ganadera, me dijo con una mueca de sorna: » Si un agricultor es capaz de ganar dinero, cómo no voy a ganarlo yo «.
En este país se sigue considerando a quienes trabajan y cultivan la tierra como destripaterrones incultos.

Cada cual puede pensar y por supuesto opinar lo que mejor le parezca, pero no puedo dejar de revelarme contra esa opinión. Cierto es que en el mundo rural todavía hay  personas  con un bajo nivel de alfabetización, pero al menos en mi zona son personas mayores, y que a pesar de sus limitaciones culturales y educativas, han sido capaces de subsistir en un mundo muy duro y agreste, pues una cosa es no saber leer o expresarse, y otra es ser tonto.

Hace tres semanas, caminando por senderos de una de las zonas más maravillosas de éste nuestro país, y yendo por delante de un pequeño grupo de excursionistas domingueros, amigos y familiares míos, que bueno es decirlo, que caminaban mucho más lento que yo, y teniendo la necesidad de encontrar un atajo – de acortar – que aliviase la caminata a los más pequeños, me encontré con dos paisanos de la zona.

Eran dos hombres. Uno pasaba los ochenta, el otro tendría diez años menos. Junto a ellos, un pequeño atajo – de rebaño pequeño, de «punta» de ganado – de ovejas cruzadas de la raza Awassi engullía hierba ávidamente.

Como es normal, tengo constancia de que en todos los oficios ocurre, aunque no a todos les suceda, mi vista recorrió cada uno de aquellos animales. Eran, como he dicho, ovejas cruzadas, y mantenían rasgos claramente distintivos de la raza original. Raza procedente de Israel, de lana larga y basta, piel de color marrón, orejas anchas, largas y caídas, colas cortas y gruesas con reserva de grasa, ubres muy grandes y mal formadas. Es una raza de ordeño muy productiva. A partir de ella – esto lo digo por curiosidad por si alguien tiene interés, aunque no lo creo – y de una raza lechera alemana, la Milschaf, se formó la raza Assaf, la más extendida y productiva en la actualidad.

Había un cordero de buen tamaño, de unos treinta kilos, Merino, que justo cuando llegué a donde estaba la pareja, mamaba de una de las ovejas. Ese cordero no era hijo de la oveja, se lo habían metido a la oveja para que lo criara.

Me dirigí a los dos hombres y les saludé. Rápidamente entablamos conversación. Yo no tengo problema para hablar con la gente que me encuentro en el campo, ellos tampoco lo tenían y además tenían muchas ganas de conversar.

El mayor llevaba cayada como bastón, eso es algo que se nota fácilmente, el joven llevaba cayada para trabajar. Cosa de la mugre que se origina con la grasa de la lana – lanolina -, el propio sudor, el polvo, y otros aditivos presentes en el ambiente y el oficio.

Para quien haya tenido la ocurrencia de pensar que somos guarros, diré que en los campos que recorremos a diario no hay grifos con agua corriente ni jabón. Hay polvo y barro, frío y calor.

Le dije al joven que si el cordero era para semental, me contestó preguntándome cómo lo había sabido. Mi aspecto no le hacía pensar que compartiéramos oficio. Conversamos un rato hasta que llegó el resto de la partida.

Es muy fácil opinar y dar lecciones.
Es muy fácil opinar y dar lecciones.

El caso es que aquel hombre, de unos setenta años, de aspecto trabajado y curtido a base de sol y caminatas interminables, no conocía el nombre de la raza de sus ovejas y apenas conocía el habla con corrección. Pero las ovejas estaban más gordas y mejores que las mías y llevaba toda su vida viviendo gracias a ellas.

Es muy fácil creerse mejor y más inteligente que los demás. Es muy fácil opinar y dar lecciones. Mucho más fácil es dictar órdenes y normas sin tener la menor idea de algo y sin preocuparse del daño que se hace a quienes viven de un oficio denostado y mancillado día a día.

Hay quien se cree que se puede legislar alegremente y que si pierdes lo que tienes como consecuencia de sus decisiones tienes que sonreír y aceptar de buen grado ese sacrificio por el «bien común», al fin y al cabo, otra cosa podrás hacer.

Pero peores son quienes aplauden esas leyes y normas, y se autoconvencen de que son razonables y acertadas.

Señores, sin ovejas no hay corderos, sin terneras no hay filetes, sin verduras no hay sopas. Y sin ganaderos ni agricultores, no hay nada que comer.

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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