La caída de Afganistán no nos va a salir gratis, pagaremos por ella. Por Gusarapo

 

La caída de Afganistán no nos va a salir gratis, pagaremos por ella
La caída de Afganistán no nos va a salir gratis, pagaremos por ella

“En unos días dejaremos de ver imágenes y nuestro horror se difuminará hasta hacerse invisible pero la caída de Afganistán no nos saldrá gratis, pagaremos por ella”

En 1980 se estrenó una película dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson y Shelley Duvall, El Resplandor. Hay una escena impactante e inolvidable para todos los que han visto esa película, Nicholson, en su papel de Jack Torrance, empuña un hacha y golpea la puerta de un baño en el que se encuentra aterrorizada la pobre Wendy, Shelley Duvall.

Cada golpe, cada temblor, cada jadeo, la mirada enloquecida de Nicholson cuando mete la cabeza por el hueco abierto en la madera de la hoja de la puerta fueron capaces de transmitirnos el miedo, la angustia, la desesperación.

Imaginemos por un momento que nos encontramos en cualquier localidad de Afganistán, pasando los días en nuestros trabajos y quehaceres, luchando por salir adelante, y que de repente nos enteramos de que los talibanes se dirigen hacia donde nos encontramos.
Qué hacer, a donde huir, qué coger.

De repente nuestro mundo se desmorona. No hay escape posible, estamos en el baño de aquel hotel y el hacha avanza imparable por el pasillo segando cabezas, desmembrado cuerpos, reventando pechos, liberando intestinos y vísceras sangrantes de la cavidad abdominal de cientos de compatriotas nuestros.

Si alguna vez han visto sacrificar a un cerdo, a un cordero, posiblemente puedan recordar el olor de la sangre, de las tripas, el zumbido de las moscas. Poco agradable, ¿Verdad?
Seguramente no recuerden el sonido que hace el cuchillo al abrir la carne, o la macheta al tronchar los huesos. El escape del aire contenido. Seguramente muchos afganos no hayan oído esos sonidos ni hayan olido esos olores, pero por desgracia para ellos en estos momentos lo están haciendo. Y lo peor de todo es que muchos de ellos van a ser los próximos sacrificados.

Hace un mes, los medios y las redes sociales se llenaron de vídeos y noticias relativas a las protestas callejeras de la población cubana. Los cubanos, hartos de sufrir la escasez de alimentos y medicamentos así como la falta de libertad a las que les sometía y hoy les sigue sometiendo el Gobierno cubano, se lanzaron a las calles.

El mundo entero giró la vista hacia la isla. Las gentes de diversos países gritaron consignas en apoyo de los cubanos y clamando por el fin del comunismo.

Fuimos testigos del inicio de las represiones y las detenciones. Fuimos testigos de como nuestro Gobierno y otros muchos que se autoproclaman defensores de la democracia, se encogieron de hombros y en un alarde sin par de cinismo, no hicieron absolutamente nada. Incluso llegaron a no condenar a la dictadura comunista cubana.

Hoy, un mes después, apenas se puede ver alguna referencia particular a lo que ocurre en Cuba. Ya no es noticia, ya no interesa. La gente es encarcelada y ejecutada y nos resbala, nos da igual, nos importa un bledo lo que le ocurra a aquella gente.

Ahora el foco es Afganistán, su capital Kabul. Miles de personas intentan escapar desesperadas. Es tanto el terror que sienten que se meten en los habitáculos de los trenes de aterrizaje de los aviones. Les hemos visto caer al vacío desde el cielo. ¿Se dan cuenta de lo desesperado que tiene que estar alguien para hacer algo así?

Lo mejor que les ocurrirá a muchos de ellos es que les descerrajen un tiro a quemarropa en la cabeza, al menos la muerte será rápida. A otros les degollarán, les sajarán el cuello, la aorta y la tráquea. Son verdaderos expertos en asesinar y hacer sufrir. Una agonía lenta se cierne sobre aquella pobre gente.

Matarán a hombres, mujeres y niños. Y los que queden vivirán en una cárcel sin rejas esperando una delación o un capricho que les conduzca al patíbulo.

Miles de funcionarios y ministros cobran generosos sueldos para evitar que sucedan cosas como lo que está pasando. Equipos de inteligencia, información y análisis que no han sido capaces de prever lo que iba a suceder.

Durante años se han dedicado a entrenar a tropas y a suministrar un armamento que tarde o temprano será utilizado aquí. Contra el fanatismo no caben medias tintas, o se corta por lo sano y se extermina o el exterminado eres tú.

En unos días dejaremos de ver imágenes y nuestro horror se difuminará hasta hacerse invisible. Otras noticias captarán nuestra atención y los afganos pasarán al olvido igual que los cubanos o que los miles de cristianos que están siendo asesinados en África por el gran delito de ser cristianos.

Lo que está ocurriendo no nos va a salir gratis, pagaremos por ello.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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