Soneto de aniversario inolvidable: Tanto yo soy París y yo soy Niza. Pónganseles las cosas bien claritas

Tanto yo soy París y yo soy Niza, tanta es la comprensión al delincuente, tan grande es el terror de tanta gente, tan poco su valor, que ni cotiza. ¿Qué fuerza contra el mal se moviliza? ¿Qué puede hacer Uropa, ya impotente? ¿Donde se esconderá el hombre valiente ávido de ganar esta golpiza?

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El Ministro de Interior Zoido a Cataluña y los Mozos a Europol. Da vergüenza, mucha vergüenza

Por un momento un rayo de luz me pareció ver cuando escuché el anuncio del viaje del señor Zoido a Cataluña. Creí que iría con la Guardia Civil y la Policía Nacional a detener a los funcionarios separatistas.

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Te invito a difundir esta parábola del comedero para los pájaros. O continuaremos limpiando mierda

Me contaba un viejo amigo que hace tiempo compró un comedero para pájaros. Lo colgó en el porche del jardín y lo llenó de granos y semillas. Era un bonito comedero que resultaba un espectáculo para ver a los pajaritos tan de cerca…

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En la Europa cristiana cada nación luce con orgullo su propia cruz

Esta es Europa. Un continente cristiano donde cada nación luce con orgullo su propia cruz. Así debe seguir siendo. Por eso digo NO A LA INVASIÓN MUSULMANA como han dicho Hungría, Polonia y Chequia.Un continente cristiano donde cada nación luce con orgullo su propia cruz

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(Y III) Para la expansión islámica, Europa es ya una presa fácil y madura para la conquista

Lo que ahora estamos viviendo es continuación o reinicio, como lo queramos llamar, de un movimiento que nació en el siglo VII en las arenas de Arabia, el último capítulo de una historia que se inició con la andadura de un mercader árabe poco escrupuloso obligado a salir por piernas de su ciudad natal y buscar refugio en Medina. Recordemos que incluso en Arabia, hoy propiedad de una dinastía familiar medieval, hubo reyes cristianos, que por supuesto fueron masacrados.

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(II) La expansión islámica: La culpa no la tiene el marrano, sino quien le da de comer

Hemos de interiorizar que la verdadera esencia del problema reside fundamentalmente en nosotros mismos. “La culpa no la tiene el marrano, sino quien le da de comer“, dice el viejo dicho popular castellano en su llana expresión. Los musulmanes no son culpables de codiciar aquello que ven que se encuentra al alcance de sus manos, ellos juegan sus cartas, van lentamente cubriendo el vacío que se deja libre, el espacio que se les ofrece, aprovechan todas las ventajas que se les presentan desde nuestro sistema paternalista.

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