Al interés ideológico y partidista le llaman bien común. Por Gusarapo

Al interés ideológico y partidista le llaman bien común

“No se debería de poder legislar contra los intereses particulares en nombre de un mal llamado bien común que no es más que un interés ideológico y partidista”

 

Antes de entrar en materia, les diré que es viernes, que son las cuatro de la tarde, y que me encuentro sentado sobre el tronco carcomido de un sauce que arrancó una de las últimas crecidas del río. La tarde es muy calurosa y me he refugiado bajo la sombra de un grupo de chopos y un fresno. Han perdido muchas hojas pero todavía ofrecen buen cobijo ante el justiciero sol. Estoy rodeado de una algarabía de gorjeos y trinos.

Me hubiera pasado el resto de la tarde tan feliz, mirando el movimiento del agua, de no ser porque me ha sobrevolando un Milano Negro chillando a viva voz, como si estuviera increpándome por mi pereza.

Ayer, en el colegio, mi hijo tuvo eso que ahora llaman “control”. De cálculo mental. En mis tiempos se llamaba contestar a las preguntas del profesor en cualquier momento. Falló dos ejercicios. Tuvo una mala nota. Según él, porque si esa hubiera sido una mala nota en mi currículo de la EGB, hoy sería físico nuclear o astronauta ministrable, por lo menos.

El caso es que esta mañana íbamos caminando y conversando sobre el asunto y la materia, algo que llaman “combinadas” y que no es otra cosa que sumar, dividir, multiplicar y restar. Estábamos inmersos en el fragor de la batalla dialéctica, intentando convencerle de la necesidad de saber manejar la inteligencia, cuando pasamos junto a un edificio al que muchas veces me tocó acudir a visionar, consultar y solicitar ejemplares de mapas y planos. Delegación Provincial del Instituto Geográfico Nacional, rezaba en su día una placa en la puerta. Creo que era en el primero. Para cualquier asunto te exigían presentar un plano topográfico. Ahora se obtienen gratuitamente y en el momento por Internet. Antes no.

Mi hijo se quejaba en ese momento de lo innecesario que resulta hacer cálculos mentales habiendo calculadoras y otros instrumentos electrónicos que realizan las operaciones por nosotros y al instante, sin tener que esforzarnos lo más mínimo.

Dice mi hijo que el hermano de un amigo le ha dicho que sus padres, los de su amigo y su hermano, están que trinan porque a partir de ahora ya no hará falta estudiar, que les aprobarán sí o sí. Y sin embargo el hermano de su amigo está muy contento. Así que ¿Por qué tenemos que estudiar y hacer cálculo mental?

Yo soy de una época en la que en los estudios superiores no existían los medios de los que dispone cualquier estudiante medio de primaria de hoy. Los planos se realizaban a lápiz sobre papel blanco y se calcaban a tinta sobre papel vegetal.

Había que tener muy buen pulso y muchas mañas para salir victorioso del envite. Quienes tiraban las líneas de lápiz y tinta se llamaban delineantes. Alguno lo recordará. Pero ingenieros y arquitectos tuvieron que practicar por igual.
En aquellos tiempos en los que yo debería haber estudiado, pues no te aprobaban por la cara, pero no lo hice, la mayoría tenía interés por conocer.

Ayer me dijo una tuitera a quien sigo, que no es posible saber de todo, y es cierto, al menos para muchos, pero sí que es posible tener unas pequeñas nociones de bastantes cosas, y en el caso de desconocer lo relativo a una determinada cuestión, es fácil y posible informarse y satisfacer la curiosidad o las dudas.

Supongo que si yo fuera ilustre ministro del Gobierno, o Consejero de alguna Comunidad Autónoma, y desconociera algún asunto, recurriría a alguno o varios de mis bien pagados asesores, secretarios, subsecretarios, técnicos y demás personal a mi servicio. Y éstos, a su vez, consultaría a los técnicos y funcionarios de la oficina, servicio o institución pertinente.

En caso de ignorancia o desconocimiento de la realidad geográfica y de la distribución territorial y social, tal vez consultasen al Instituto Geográfico Nacional que mencioné antes, o al Catastro, al Instituto Nacional de Estadística… Qué sé yo.

Al INE le tengo muy poco cariño. Durante muchos años me mandaba un sobre de gran formato con un cuadernillo de hojas en su interior de obligada cumplimentación. Obligada porque si no lo entregabas en tiempo y forma, te sancionaban. Era una encuesta sobre las explotaciones agrarias. Tenías que informar de forma veraz sobre tu persona, tu familia, tus empleados, tus hectáreas, tus cultivos, tu maquinaria, el régimen de tenencia ( aparcería, propiedad, arrendamiento, otras ), superficies de pastos, arbolados, jornadas trabajadas… Como agradecimiento y compensación por el tiempo empleado, te regalaban un calendario.

Si un ministro quiere saber cómo se organizan y estructuran las explotaciones ganaderas, sólo tiene que preguntar. Aunque es más fácil y descansado, y sobre todo, más rentable políticamente, soltar a voz en grito lo que una parte del pueblo llano quiere oír. Después ya vendrán los técnicos competentes del funcionariado público a intentar encajar las piezas y a resolver las cuestiones, tarea ingrata y que muchas veces no tiene buena solución. No obstante, hay quien considera que treinta años tras una mesa le confiere la sabiduría, y ni mucho menos es así.

Ahora han prometido pagar parte del alquiler de la vivienda a jóvenes trabajadores. Según el Doctor, a todos los que no cobrasen más de una cantidad concreta. El montante a aplicar, según la ilustre Montero, es más que insuficiente.

Según la ilustre Rivera, cuando el lobo fuera especie protegida, se indemnizaría adecuadamente a los perjudicados por los daños causados, y resulta que desde hace días lo es y no hay reglamento normativo. Tal vez le han dicho a los lobos que se abstengan de atacar y comer.

Con ésta ya van tres propuestas leídas, y no hay nada definitivo pese a haberse aprobado la inclusión del Lobo entre las especies protegidas.

Qué divertido sería todo si no se tratase del pan de la gente. Imagínense que ustedes regentan una tienda de mascotas, que vuelven honradamente de su trabajo, y que de golpe y porrazo les arrebatan el cincuenta por ciento de sus ingresos en virtud de un idílico sueño de cuatro individuos. ¡Qué felicidad! ¡Qué graciosa es la broma! Y si nos vamos al asunto inmobiliario, Ja, Ja, Ja.

Te pasas la vida ahorrando para comprar uno o varios pisos que te permitan disfrutar de una jubilación tranquila. Los pagas con tu esfuerzo. O a lo mejor lo heredas de tu padre, o de tu tío, que también los sudaron de lo lindo, y pagas religiosamente tus impuestos, y ahora van y te dicen que te van a reventar a impuestos si no haces lo que a ellos les sale de donde quiera sea que les sale. Y eso siempre y cuando no te lo hayan ocupado, que esa es otra.

El caso es que yo hoy pretendía contarles un punto interesante del Proyecto de real decreto por el que se establecen las normas básicas de ordenación de las granjas bovinas, el de la distancia a respetar por las nuevas explotaciones que se quieran instalar y por las existentes que se quieran modificar o aumentar de capacidad, quinientos metros.

El ganado extensivo es el que se cría y vive en explotaciones extensivas. Al aire libre y en campo abierto, vamos. Las fincas que acogen el desarrollo de la actividad, pueden ser grandes o pequeñas. Estar juntas o separadas. En muchas zonas de España, son pequeñas y están separadas.

Puedes llegar a un municipio y encontrarte en menos de un kilómetro, con quince o veinte parcelas de otros tantos ganaderos y en las que pastan distintas especies o la misma.

Al decir “otros tantos ganaderos” puede que me haya excedido, porque no sé yo si hoy en día se seguirá dando el caso, cada vez somos menos.

Bien, lo normal es que cada ganadero tenga una instalación fija, ya sea cuadra, corral o nave, y luego parcelas diseminadas o agrupadas en función de sus circunstancias.

Normal es también, que haya ganado en muchas parcelas limítrofes con la única separación de la linde. En ocasiones, y esto se da mucho en mi provincia, las fincas ganaderas, en las que hay un caserío que concentra viviendas y edificaciones anejas como pajares, cuadras y tenadas, se han ido dividiendo entre los herederos, resultando que todos tienen en unos pocos metros sus instalaciones.

Pero esto, además, también sucede a veces con las explotaciones intensivas de cierto tiempo. Y te encuentras con granjas de vacuno de leche limítrofes.

Hay quien considera que de aplicarse a todas las explotaciones existentes en la actualidad, desaparecerían dos de cada tres. ¿Conocen esto los políticos? Creo que no.

¿Conocen el funcionamiento de las explotaciones extensivas e intensivas de su propia mano o por personas que están convenientemente informadas? Creo que tampoco.

¿Les importa lo más mínimo lo que le ocurra a la gente al aplicar sus ideas? La respuesta es obvia, un bledo.

Seguro que alguno de ellos ha visto alguna vez una vaca o un cerdo. Probablemente en alguna feria ganadera a la que han acudido a hacerse unas fotografías para que se les vea rodeados de gente del sector y así poder pedir el voto con cierta comodidad. Y seguro que ninguno de ellos tiene la menor idea de cómo se maneja una vaca o una cabra. Pero nos ponemos del lado de los ambientalistas y animalistas, y votos seguros.

Si quisieran informarse de la situación real, e in situ, podrían hacerlo fácilmente, pues disponen de bastante tiempo libre y disfrutan de vehículos gratuitos con conductor, chófer que se decía antes, por lo que podrían acercarse al campo y echar un vistazo con sus propios ojos si no quieren informarse a través del personal a su cargo.

Hablo de campo porque es lo mío, pero se puede poner como ejemplo una fábrica, una oficina, un taller, un almacén. Hoteles y restaurantes los conocen muy bien, no necesitan visitarlos para saber como son y como funcionan. Incluso hay quien entre ellos conoce bien los intríngulis de los establecimientos que se iluminan con luces rojas. Ojo, que lo hacen por mero interés y entrega, no vayan a acusarme de malintencionado.

Tendría que ser exigible la responsabilidad económica y moral de los daños causados por las declaraciones y actuaciones de los políticos.

No se debería de poder legislar contra los intereses particulares en nombre de un mal llamado bien común que en realidad no es más que un interés ideológico y partidista.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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