Análisis simplón sobre Sánchez y su convención. Por Francisco Gómez Valencia

Sánchez, Almunia, Zapatero y González a la sombra del químico inventor del denominado conglomerado Frankenstein…

«El nuevo Fénix de la socialdemocracia española ha reunido en su convención a los expresidentes socialistas del Gobierno para mayor gloria de sí mismo»

Eso de “muerto el perro se acabó la rabia” si les parece lo dejamos para otro día, u ocasión, pues la asamblea aclaratoria finalmente ha devenido en la segunda entronización del que surgió de la nocturnidad y de la alevosía con, la que en su día, fue expulsado de su cargo de secretario nacional, cuando al PSOE todavía le quedaba un poco de dignidad. Y digo un poco porque los por entonces barones apoyados por el expresidente González intentaron mantener “mieles sobre hojuelas” con la ex de todo lo que aquello representó, es decir, la hoy senadora por pena y cuota, Susana Díaz.

El nuevo “Fénix” de la socialdemocracia española ha reunido a los expresidentes socialistas del Gobierno para mayor gloria de sí mismo ajustando sus diferencias a golpe de redoble de tambor, pues los malos augurios asustan a la concurrencia con el paso firme de la denominada ultraderecha, a la cual se la ve venir con paso legionario y la luces largas, dando serios avisos de cambio.

Trescientos y pico folios en formato manifiesto son los que tienen la culpa de que hayan decidido hacer un “revival” volviendo a ciertos parámetros de los años sesenta, cuando la socialdemocracia abogaba por la defensa de derechos hoy incuestionables al ser de carácter fundamental. Sin embargo sabemos que el lobo se nos aparece escondido bajo la piel de cordero (psicosocialismo lo llama acertadamente el filósofo Gregorio Luri), refunfuñando al personal con las doctrinas de siempre, adoctrinando a “tutiplén”, es decir, empuñando la defensa a ultranza de algún colectivo desfavorecido al azar, como puede ser el de la prostitución, del cual todos conocemos que saben a raudales y por ello mismo se consideran capaces de abolir por decreto ley la profesión más antigua del mundo; veremos.

Los «socialdemócratas» se consideran a partir de su convención, capaces de abolir por decreto ley la profesión más antigua del mundo

Por otro lado y después del cachondeo con la mina de oro de ZP o las amistades peligrosas de González; el “odiador” de los totalitarios mientras se compraba chalets pared con pared con Hasán II, quedan opacadas las lindezas de los segundones pelotaris de los grandes alfeñiques a la sombra del nuevo faraón, el cual promete más justicia social reformando profundamente los asuntos de los tributos; y lo promete, dice que sin necesidad de freír a impuestos a la clase media (casi inexistente). En fin que alguien nos explique por favor como se hace eso.

Termina así otro delirio onanistico puño en alto al son de la Internacional cual brindis al sol.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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