En Kuffern, a la búsqueda de mis raíces. Por Rodolfo Arévalo

En Kuffern, a la búsqueda de mis raíces. Foto del autor

«Escribo en la actualidad una novela, que no tiene aún título y que será una especie de saga familiar desde su origen, en Kuffern»

Pues sí, he aprovechado este fin de semana pasado para ir con mi mujer a Viena, ciudad de la música donde las haya. Es una capital bonita, recoleta pero monumental, se nota que fue ciudad imperial. A ese país debo yo mi nombre de Rodolfo, Wolf en alemán, dado que mi bisabuela Verónica Smihdt Kantner, era originaria de allí y mi abuela se empeñó en que tanto su hijo, mi padre, como yo mismo portásemos el nombre del príncipe de la corona Rudolf.

Desde Viena aprovechamos para ir al pueblo del que era originaria mi tatarabuela, Kuffern, la madre de Verónica que, cuando ésta era pequeña tuvo que huir por la invasión Napoleónica para acabar en Grecia. Por circunstancias de la vida, desde allí pasaron a Alejandría en Egipto y más tarde acabaron en Tánger, ciudad en la que nació mi padre.

El resto de la historia es ya mi historia. Intrigado por lo que me contaba mi padre del país natal de mi tatarabuela, no he querido acabar mis días sin conocer ese país. Se que probablemente no vuelva a poder viajar allí, pero las imágenes que he traído conmigo me ayudarán a seguir con una novela que estoy escribiendo, que no tiene aún título y que será una especie de saga familiar desde el origen, en Kuffern. Este pueblo, en la actualidad parece el típico pueblo de fin de semana para muchos habitantes de Viena, pero los autóctonos de por allí viven del cultivo del maíz y del cultivo de la vid, es una zona vitivinícola. Me llamó la atención lo bien cuidadas que están las casitas que forman el pueblo, todas ellas pintadas en colores diversos puros, amarillo, verde, azul, rojo y otros. La iglesia que debe de ser aún la original que conoció mi tatarabuela, está pintada de blanco sobre piedra y tiene una curiosa cúpula, abombada y acabada en punta creo que de metal negro.

Estuve buscando la tumba de algún antepasado pues había lápidas junto al templo, pero no pude encontrar nada, al parecer hay otro cementerio en el pueblo al que por falta de tiempo no pudimos acudir. Me hizo ilusión, la verdad, conocer el terruño originario de mi familia paterna.

 

Venus de Willendorf

«Me llamó poderosamente la atención el nivel cultural y social del país, nivel que puede apreciarse en sus programas de televisión»

Por otra parte en Viena pude visitar el Museo de Historia Natural que es una auténtica maravilla. En el pude ver la Venus de Willendorf, que siempre había visto en los libros de historia del arte, es más impresionante verla en una urna de cristal, suspendida en el centro de su receptáculo. Merece la pena el viaje aunque solo sea para ver el Museo de Historia Natural. También es espectacular la decoración de San Estefan y la plaza de Ópera lugar en el que se encuentra el conservatorio. Desde luego, no puede uno pasar por aquel país sin probar su plato típico el Schnitzel Vienés, acompañado de su ensalada de patatas. Como postre un buen Strudel, que hay de muchos tipos o una tarta Sacher

La gente en general es amable, aunque siempre haya elementos discordantes, pero eso ocurre en todos los lugares. Me llamó poderosamente la atención el nivel cultural y social del país, nivel que puede apreciarse en sus programas de televisión. Incluso los programas para niños son exquisitos y el uso de guiñoles en alguno de ellos me hizo volver a la infancia en Francia. Ningún programa chabacano o fuera de tono en la televisión general.

Plaza de Ópera en Viena. Foto del autor

«A ese país debo yo mi nombre de Rodolfo, Wolf en alemán, dado que mi bisabuela Verónica Smihdt Kantner, era originaria de allí»

Se ve a muchos Vieneses por la calle portando instrumentos musicales, lo que revela, así como la afluencia de gente joven a librerías y conciertos de música clásica, un nivel de sensibilidad alto. En general se trata de gente amable en casi cualquier lugar y salvo alguna pequeña discusión con un agente de la hora, por no saber leer una prohibición en alemán, no hubo ningún particular que tener en cuenta. Pero ojo, el comportamiento, tanto en los pasos de cebra como en otros lugares es superior en el país, se nota un nivel de educación muy bueno. Me ha gustado lo que vi, incluso Billy Joel un músico adoptado por la ciudad, pues no es Austriaco, la valora muy positivamente.

Sí, he aprovechado este fin de semana pasado para ir con mi mujer a Viena, ciudad de la música donde las haya. Es una capital bonita, recoleta pero monumental, se nota que fue ciudad imperial. A ese país debo yo mi nombre de Rodolfo, Wolf en alemán, dado que mi bisabuela Verónica Smihdt Kantner, era originaria de allí y mi abuela se empeñó en que tanto su hijo, mi padre, como yo mismo portásemos el nombre del príncipe de la corona Rudolf.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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