El relato del pesebre. Por Francisco Gómez Valencia

El entramado empresarial, sindical y gubernamental está a la orden de Bruselas y estos de China, su principal acreedor.

“No consiste en engañarse a sí mismo aceptando o no el relato que nos ofrece el Gobierno, sino aceptar de buena gana ser partícipe de la engañifa”

La política sirve para controlar el relato que surge entre la delgada línea que separa la mentira piadosa y la verdad a medias. Gestionar el fraude consiste en manipularnos gracias a la capacidad que tienen para acentuar nuestra bajeza moral. Partiendo de la base de que la verdad absoluta no existe o lo que es lo mismo todo es mentira, la grosera realidad que son capaces de hacernos vivir enalteciendo dilemas y sometiéndonos a su aceptación, nos envilece al permitirlo a marchas forzadas llegando a extremos tan soeces que es normal que no nos cuenten “la verdad”, nunca.

Una vez finiquitado el 2021 uno de esos dilemas, quizás el más importante a nivel político es divagar sobre lo bien o lo mal que nos/les han ido las cosas, y por este motivo como cada mes recapitulamos sobre el paro esta vez de diciembre y así por lo tanto cerramos sobre esta materia el año con alguna reflexión añadida para empezar el 2022.

Según el Gobierno en diciembre, de nuevo el paro ha descendido en 76.872 personas de las cuales el 90% han sido contratados temporalmente gracias en su mayoría a la campaña de Navidad. Lo curioso es que el 51% de las contrataciones se han realizado en Madrid (824.380) y Andalucía (14.607) lo cual demuestra que las condiciones de la reforma laboral de 2012 y las políticas fiscales aplicadas en esos territorios muy diferenciadas de las deseables por el Gobierno central, podrían dar la sensación que favorecen en mayor medida la creación de empleo aunque como es de recibo, todo es cuestionable según quien edite el relato.

El Gobierno cifra el número de parados a final de año en 3.105.905 efectuando de forma sibilina sus cuentas para de esta forma y pese a la monumental cifra, poder felicitarse públicamente por ello. Y no nos debe crear sorpresa pues como hemos visto el presidente si se compromete públicamente a algo y las cuentas no le salen, descuenta lo que sea necesario como en el caso de la luz restando sin contemplaciones la inflación. No obstante pese a esta manera tan original de sumar y restar se deja fuera a más de tres millones de clientes pero como él lo vale, se queda tan ancho. Aun así la realidad de los datos es tozuda pues los números no mienten y 2+2 siguen siendo cuatro por muchas vueltas que dé el perro sobre sí mismo para acostarse.

Los datos reales:

Paro registrado: 3.105.905 + Otros no ocupados: 215.007 + Personas con disposición limitada: 281.353 + Personas en cualquier tipo de ERTE: 122.672 + Autónomos en cese de actividad: 108.178. TOTAL paro / 2021 = 3.833.115 personas. Es decir; 57.700 personas más que las que estaban en paro en 2019

Al final, la estadística cuadra si se adultera la formula, es decir, el Gobierno ha escamoteado la friolera de 727.210 personas encasillando a los parados en categorías diferentes al total de registrados. No obstante, si nos atenemos a las cuentas oficiales, el paro en 2020 terminó con 3.182.267 por lo que si descontamos los de 2021 la diferencia a favor de los que engañan, sería tan solo de 74.381, sin embargo la inmensa mayoría de los medios dan por buena la cifra de 782.232.

Como es lógico la UE no acepta estos datos y si los de la EPA, sin embargo parece que en España de momento ganan los que necesitan creerse datos ciertos aunque manipulados para de esta forma, poder decir que hemos vuelto a niveles de 2005 y así subirse al carro de los que repartirán los fondos.

No obstante a nivel general podemos afirmar que la situación es realmente muy compleja porque aunque el rebote existe por la rebaja en las restricciones pese a muchos gobernantes, lo peor de todo es que siguen los ERTE por covid. Por otro lado el mercado laboral ha sido adulterado pues el 60% del empleo creado son funcionarios de las tres administraciones, por lo tanto son empleos no productivos.

Además hemos trabajado menos horas efectivas por el altísimo número de bajas laborales, y pese a que los niveles de crecimiento económico han estado entre el 3 y el 4%, superando al habitual 2% para crear empleo (es así porque nos habíamos parado literalmente), sin embargo los expertos defienden que en 2022 no llegaremos ni por asomo al 5% pese al rescate. De momento solo hemos recibido 19.000 millones de € de los Fondos Next Generation y aunque el Gobierno ha marcado las líneas estratégicas, el sector privado (salvo las multinacionales subvencionadas), de momento no son capaces de aportar el volumen necesario de proyectos viables para garantizar la llegada del total del montante ofrecido desde la UE, la cual semestralmente continuará abonando 10.000 M€, hasta agotar la partida a fondo perdido.

La inflación terminando el año al 6.7% ya afecta directamente a los salarios provocando la pérdida real de poder adquisitivo, es decir que si al lento crecimiento le sumamos la inflación, irremediablemente pasaremos a sufrir la tan temida estanflación salvo que el Gobierno se planteé bajadas de impuestos, cosa que no parece que vaya a pasar.

Como sucedió en tiempos de Zapatero parece que Sánchez no está dispuesto a aplicar políticas restrictivas, es más: el despilfarro parece una característica española con un déficit desbocado al 7%, con una deuda de 1,4 billones de € y al PIB al 122%. Pese a que organismos internacionales tan prestigiosos como la OCDE o el Fondo Monetario internacional dejan en entredicho las previsiones del Gobierno, este hace oídos sordos, y continúa su escapada hacia adelante como hemos comprobado con su pintoresca derogación “política” de la reforma laboral de 2012.

Sin duda acotar la temporalidad no implicará más contratos indefinidos (aunque sean discontinuos), sino que el efecto de repartir el poco que exista entre más aspirantes, implicara más miseria y dependencia necesaria sin duda para poder reinterpretar los datos de afiliación y empleo al trabajar más personas menos tiempo (tres meses máximo como temporal) Sin duda esto no generará mayor estabilidad sino que proporcionará el mejor escenario para que la economía sumergida vuelva a emerger en nuestro país a buen ritmo, al seguir destruyéndose pymes y autónomos, lo cual parece el macabro objetivo final.

Como decía al principio, no consiste solamente en engañarse a sí mismo aceptando o no la realidad que nos ofrece el Gobierno, sino aceptar de buena gana ser partícipe de la engañifa. Si se es gran empresa o multinacional para optar a recibir fondos, la dirección marcada por la Patronal es muy aceptable. Sorprendentemente parece que además de ganar dinero por su propia actividad, a los grandes empresarios y fondos de inversión también los agrada ser agente social por lo de formar parte del contrato social que controla el poder político. De hecho a veces parecen ir en la dirección contraria a la de su propio sino. Es lógico que sus CEOS estén convencidos de que cuantos menos y a la vez más grandes, mejor para sobrevivir como colaboradores principales del Gobierno, y aunque de momento son minoría en número de trabajadores contratados, van por el buen camino. A cambio, solo hay que escenificar el desacuerdo para una semana después, ceder.

Asistimos a lo denominado como “capitalismo comunista”… ahí queda eso.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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