De la Supervivencia, típicamente humana. Por Antonio Ramírez

Supervivencia, típicamente humana

“Imprescindible lectura en un momento, en el que la supervivencia política y personal nos deja algunos pasajes oscuros que causan estupor” 

Recordar y remover esta obra, del insigne maestro Miguel Delibes, es adentrarnos en la Castilla profunda, en los ademanes y características de los humanos por sobrevivir, incluso a costa de cambiar de identidad o adoptar otros principios. Es un episodio más de esa lucha entre el bien y el mal en el entorno rural y colmado de tradiciones que con tanta frecuencia, su protección, se convierte en un ardua tarea no exenta de múltiples dificultades y no menos egoísmo.

El autor, perfecto conocedor de la identidad castellana, nos recuerda como en la misma miseria puede vivir la grandeza y como el medio en el que se vive, geográfica y socialmente, puede determinar de manera decisiva el ser y el existir.

Un relato, premiado con justicia en los sesenta, de suma vigencia y que es un compendio de sentimientos y sensaciones humanas; de debilidades y fortalezas, algo de lo que la buena literatura se caracteriza. En un momento, en el que la supervivencia política y personal nos deja algunos pasajes oscuros que, más allá del entretenimiento, causan estupor , “Las ratas” sigue siendo una buena apuesta.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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