
«¿Qué se puede esperar de un interlocutor que horas antes de sentarse a negociar, activa las fuerzas de disuasión nuclear? Pues eso»
‘El gran demócrata Putin’ enchirona, por miles,
a los pacifistas que se manifiestan por toda Rusia;
ellos no quieren ni oír hablar de bombas y de misiles
contra un país cuyos lazos de hermandad no rompieron nunca.
Cuentan que 2.000 científicos rusos piden el fin de la guerra:
«Rusia se ha condenado a la posición de país paria.»
Mientras el mundo se apresta a asegurar sus fronteras,
Putin se da prisa en ‘acondicionar’ los gulags de su venganza.
Y tal vez dirija justo hacia ellos en primerísimo lugar
algún misil nuclear cuyo botón tiene ya encendido;
que, al cabo, se trata de practicar y ver, en la realidad,
la escabechina humana que puede infligir al enemigo.
Pues aunque, El Mal, nada tiene en tan alta estima
como la preservación de la maldad que habita en su ser,
nadie olvide que hasta Hitler, otro monstruo genocida,
luego de desplegar en el mundo toda su furia asesina,
antes que darse por vencido, prefirió él mismo fenecer:
De haber tenido, como Putin, un gran arsenal nuclear,
ebrio de odio, de iracundia y de irrefrenable maldad,
mil veces le habría dado al ‘botón rojo’, sin dudar:
Lo mismo que, El Bien, por un bien mayor es capaz de inmolarse,
El mal, por un mal definitivo, a su propia extinción sabrá abrazarse.
Que lo tenga en cuenta quien, en ‘el mundo libre’, deba, prontamente, actuar.
Y que tenga bien presente, además, una verdad que a menudo cae en olvido:
El Mal no sirve ni a ‘izquierdas’ ni a ‘derechas’; sino A SÍ MISMO!
¡Cientos de millones de inocentes pagaron con su vida
el que El Mal pudiera, en la Historia, dicho aserto confirmar!
