
«A Tom Waits siempre le han perseguido los adjetivos más extremos, que han alimentado además su carisma de músico de culto»
Cuesta, sigue costando, enfrentarse a “Swordfishtrombones”, “Rain Dogs” y “Frank’s Wild Year”, la trilogía de oro, y a la vez más retorcida, de Tom Waits. Hay que hacer un gran esfuerzo para entrar en el mundo de oscuridades y perdedores del californiano, en ese mundo que él denomina de ‘emociones terribles‘ y en el que las canciones se alejan de los convencionalismos del pop, chirriando, punzando la piel del oyente a base de una rítmica tribal y escueta y de unos arreglos ásperos, complejos, inusuales. Esfuerzo que, por otra parte, exigen muchas otras músicas, y que al final recompensa. La música no es siempre un chupa-chups y si se tiene paciencia e interés, ante artistas difíciles se llegan a descubrir hermosos paisajes emocionales. «Matias Uribe Heraldo de Aragón«
Quizás su asociación a una obra de teatro y, después, a una película de culto como fue “Léolo” de Jean-Claude Leuzón en la que aparecía el tema “Cold Cold Ground” en su escena culminante le dotaban a priori de ese aire de obra menor o por lo menos, no del mismo calibre que las dos anteriores como las citadas “Swordfishtrombones”, “Rain Dogs”. Pero “Cold Cold Ground” es para mí el mejor tema de la trilogía, un tema que resume un dolor tan profundo, tan gigante, tan brutal, con ese ritmo desesperado de una garganta, el rasgueo de guitarra y esa maravilla de acordeón del gran guitarrista de Los Lobos, el gran David Hidalgo estrecho colaborador de Tom Waits a lo largo de los años.
“Frank’s Wild Year” supuso un punto de inflexión dentro de la producción musical de Waits, ya que la experimentación que impulsaría su carrera posterior cobra en este trabajo. A Tom Waits siempre le han perseguido los adjetivos más extremos, que han alimentado además su carisma de músico de culto.

