
«Es por toda la relatividad y el principio de incertidumbre, de incluso de la propia existencia, por lo que no podemos mantener pensamientos inflexibles»
A veces me entran unas ganas locas de escribir las cosas que pienso, y otras, me da por callarme. Quizás esas ocasiones ocurren porque no creo estar en un país democrático y en libertad, tal es el grado de embrutecimiento de algunas personas, que creen que todo ha de medirse según su criterio y no comprenden que los humanos somos variopintos y con distintas opiniones y pareceres, además de que los estados de las cosas son cambiantes y de que nosotros mismos influimos en esos cambios, cuando interactuamos con ellos.
Lo que opine zutanito o menganita, puede parecerme mal o bien, pero no pondré en entredicho su libertad para decirlo, nunca sabré si ellos viven en un mundo con la tapa de la caja puesta o quitada. Podré estar a favor o en contra, creérmelo o no, pero jamás dudaré de que es algo que sienten y forma parte de su manera de ser y pensar.
Pero también sé que lo mismo que yo respeto eso, ellos deben respetar lo que opino yo. Debemos dar por sentado que el pensamiento, como decía Luis Eduardo Aute “no puede tomar asiento, el pensamiento es estar de paso, siempre de paso”. Es así y debe de serlo, porque si no la conclusión a la que se debería de llegar es a la de que los humanos son de piñón fijo, y no es así.
El que no puede hacer que sus ideas y pensamientos evolucionen, no podrá abandonar al animal que lo acompaña, el animal primate, el mono originario, de pensamiento francamente reducido y encajonado. Si algo grande tenemos los humanos es la capacidad de divergir desde nuestras propias ideas hacia otras nuevas o antiguas, pero rompiendo la estructura de nuestras neuronas en cada variación.
Las personas que tienen una ideología, política, religiosa o de cualquier tipo, de piñón fijo y única, más que humanos deberían ser considerados esclavos de su incapacidad para evolucionar mentalmente. La física puede que sea inmutable, y hasta esto es puesto en duda, cuando se habla del mundo cuántico. El propio origen del universo es una singularidad, una inestabilidad de una posibilidad hacia cero o uno. Podría no existir nada en nuestro universo físico, o ser todo diferente o directamente no ser, dependiendo de si como en la caja del gato de Erwin Schrödinger, la tapa esta cubriendo la realidad o no y solo si la abrimos sabremos si el gato, nuestra propia existencia, está vivo o muerto, en el caso del gato, o viva o muerta en el caso de nuestra existencia.
Como nosotros no podemos salir de nuestro propio universo, esa pregunta, cualquier pregunta acerca de la justificación de nosotros mismos estará sumida en el misterio y nunca podremos abrir la caja porque nuestra propia existencia y opinión depende de que la tapa de la caja que guarda la existencia y el pensamiento esté cerrada.
Nadie que viva en un mundo físico determinado, podrá nunca observarlo desde fuera, porque su existencia implica su universo físico del cual no puede salir ni desprenderse. Podemos elucubrar, muchas veces matemáticamente cómo serían esos diversos mundos imaginados, pero nunca podríamos estar en ellos si nuestra física como seres humanos no se modifica al efecto.
Podría compararlo con la tapa de la caja del gato, si la abrimos, no sabríamos si estamos vivos o muertos, porque el hecho de destapar ese misterio, acaba en las dos posibilidades de sí o no. Para cualquiera de los dos resultados obtendríamos consecuencias indeseadas y que no se corresponderían con ninguna realidad objetiva desde nuestro punto de vista de seres humanos vivos.
Es por toda esta relatividad de las cosas, incluso de la propia existencia, por lo que no podemos mantener pensamientos inflexibles y también es por lo que a veces me entran unas ganas locas de escribir las cosas que pienso, y otras, me da por callarme. Quizás esas ocasiones ocurren porque no creo estar en un país democrático y en libertad, tal es el grado de embrutecimiento de algunas personas, que creen que todo ha de medirse según su criterio y no comprenden que los humanos somos variopintos y con distintas opiniones y pareceres, todas ellas respetables, mientras no atenten contra la libertad y la libertad de expresión.
