
«De la importancia de los los personajes como Sánchez que hasta al más templado de los votantes conducen a abominar de la propia democracia»
Nunca creí demasiado en la política y sus políticos.
Afortunadamente, sin embargo, todos evolucionamos:
ahora, ya no creo en ella ni una mijita,
y no me inspira sino el mayor de los ascos.
De ahí que personajes como Sánchez
acaben cobrando tan capital importancia:
hasta al más templado de los votantes
conducen a abominar de la propia democracia
al ver cómo las ansias de poder más voraces
la pervierten y pudren con sus más pérfidas mañas.
Estos aprendices de monstruos aventajados
acaban por descubrir, no obstante, tarde o temprano,
que son quienes despiertan al ‘hombre rebelde’
que habita en el alma del común de los humanos.
Y aunque el fatal estropicio suelen pagar los inocentes,
también monstruos y monstruitos acaban pagándolo caro.
Es la ‘fatalidad secular’ del frágil y patético ser humano:
a lo largo de un siglo, mucho olvida y poco aprende;
pues acaba por hallar el modo, siempre,
de hundirse nuevamente en el barro;
como queriendo retornar una y otra vez, sin descanso,
al ínfimo limo del que realmente procede
y pese a haber nacido con ‘alas’ para salir de él volando.
¡Pobre y labilísima ‘mariposa humana’:
no halla forma de deshacerse,
pese a toda su hermosura aparente,
de la ‘larva’ mundanal en la que vive aprisionada!

