
«Es tan pecador pues el que lo hace mal como el que ayuda al pecador tolerando sus ataques y faltas, su pecado»
No es verdad que vengamos a aprender. No es verdad que aprendamos nada si no es el mal. Si no es a perder lo mejor de nosotros mismos. Si no es a decrecer en lugar de crecer. La experiencia de este mundo no es sino desorden, incertidumbre, trabajo, opresión.
Miríadas de seres naciendo y muriendo para ejercer acciones de supervivencia en lucha o en competición con otros, y nada más. Y dicen que existe una ley del Karma: La venganza más siniestra ejercida en seres que no saben, que no se acuerdan.
Y los oprimidos se estremecen de placer pensando en que, un día, la venganza caerá sobre el malvado… Curiosa paradoja: Los buenos deseando perdición y castigo a los malos. Entonces… ¿Dónde están los buenos?… ¡La venganza es un pecado!…
Si aún tuvieran conocimiento de sus faltas, podrían, quizá, dolerse. Pero ¿de que han de dolerse los ignorantes. Criaturas poniendo la otra mejilla y permitiendo que otros ejerciten el pecado sobre ellos.
Es tan pecador pues el que lo hace mal como el que ayuda al pecador tolerando sus ataques y faltas. Tan inútil y pecador el agresor como la victima que lo permite. Quienes padecen opresión son tan culpables como el opresor, por aceptarlo.
Pecamos continuamente contra los otros y los otros nos atacan de igual forma. No hay ningún inocente, aunque todos seamos inocentes. ¿Qué juego es este?
No se trata solo de no pecar. También de no permitir que otros pequen a tu costa. No siempre se puede evitar; dígaselo a los miles de criaturas que, sin comerlo ni beberlo, se encuentran cada día con el depredador de turno. Esto mismo confirma el terrible juego donde la mayoría somos peones.
Yo te padezco. Tú me padeces. Nosotros nos padecemos. Vosotros os padecéis, Ellos se padecen… Casi nadie es mejor cuando se va que cuando llega limpio e inocente.
Entonces… ¿Qué es eso que dice la Nueva Era que tenemos que aprender?…
Luces robadas.

